Joan Carles Valero - Letras expectativas

Navidades (im)perfectas

Las encuestas electorales anuncian una Navidad normal, es decir, tan caótica en lo político como en lo familiar

Joan Carles Valero
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Muchos españoles, que lo somos por el simple hecho de haber nacido en Cataluña, esperamos que estas Navidades sean imperfectamente perfectas. La expresión la tomo prestada del eslogan de la campaña televisiva de Lidl, donde la cadena de origen alemán aboga por una celebración tradicional, libre de estridencias y de ostentaciones. La expresión me va como anillo al dedo para manifestar mi deseo de que tras el 21-D la sociedad catalana vuelva a la imperfección de un país de diferentes que comparten un espacio de convivencia que aleje cualquier síntoma de odio y nos facilite avanzar juntos. Como ocurre en las familias.

Las encuestas electorales anuncian una Navidad normal, es decir, tan caótica en lo político como en lo familiar, lejos de la artificiosidad, arrogancia y forzada perfección que nos vendían los independentistas con sus mentiras de la Arcadia feliz. Yo prefiero para Cataluña el guirigay que viven las familias que celebramos estas fiestas en una imperfección entrañable que, en el caso de Lidl, se extiende a las ubicaciones de restaurantes «pop-up» improvisados en lugares tan aparentemente poco adecuados como un hangar del puerto barcelonés, donde esta semana el joven chef David García, ganador del concurso Top Chef, hará disfrutar de una experiencia gourmet al alcance de todos los bolsillos, merced a la gama de productos Deluxe que, a pesar de reflejar en el nombre su categoría, son muy asequibles.

Hace una década que Lidl apuesta por democratizar la gastronomía gourmet a partir de ofrecer la máxima calidad e innovación al precio más económico del mercado, con 400 referencias en ese segmento, de las que más de la mitad (230) son producidas en nuestro país por proveedores españoles y que se exporta a 26 países europeos a través de las 10.000 tiendas de esta cadena, que coloca nuestros mejores alimentos en las mesas navideñas del Viejo Continente.

Las tendencias electorales dibujan la imperfección de una sociedad plural, donde la fuerza de la realidad ha quitado la venda de los ojos independentistas, enfrentados a la constatación de que todo lo pregonado era literalmente falso. Confío que Iceta no caiga seducido por los cantos de los Comuns y evite pactar o «autorizar» con su abstención un Govern con los de Domènech y ERC al son del mambo de la CUP. Tanto en política, como en las familias, la infidelidad es la peor traición. Solo la (im)perfección constitucional nos garantizará que las Navidades venideras sean normales.

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