Joan Corbera - TRIBUNA ABIERTA

La Europa romántica

El ganador de Eurovisión osó decir: "La música no son fuegos artificiales”

Joan Corbera
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El festival de Eurovisión ha sido contradictorio este año. La edición más visual, colorista y videoclipera ha premiado una balada, pura nostalgia, cuyo escenario natural es un parisino club de jazz o un local de fados lisboeta. Una sugerente mezcla de fado ligero y bossa nova.

El tipo que ha vencido --Salvador Sobral, portugués de 27 años— tampoco cuadraba en el escaparate. No es guapo ni vestía bien –con un traje desaliñado pasado de talla. Parecía un personaje actualizado del Greco. Un joven pintado al óleo, una pincelada mate entre jóvenes brillantes, purpurina y lucecitas. También así se puede vencer, contrastando.

Al verlo actuar en directo me pareció alelado. Aún no sabía yo que padece un grave problema de corazón, que aconseja –eso dicen las crónicas-- no excitarse demasiado. Y me extrañó su reacción al resultar ganador. No interpretó una sorpresa exagerada, como suelen hacer las mises y los eurovisivos cuando les proclaman: “Pero cómo es posible. ¿Yo? ¿Yo?”. Esa modestia falsa.

Cuando subió al escenario para cantar el bis me pareció sublime. Compartió la canción con su hermana, un homenaje a la autora de 'Amar Pelos Dois'. Ella, sin haber calentado la voz, no lo hizo mal; al menos sus gallos no tenían espolones, como otros. Fue entrañable.

Eurovisión está pensado, claro, para los 200 millones de espectadores. La voz es una pieza más y cobran importancia los recursos visuales, por encima incluso de la coreografías. Fue prodigiosa la cámara cenital que permitía enfoques nunca vistos en un espectáculo televisivo. Pero Eurovisión había perdido su esencia.

Con el ganador, este año se ha recuperado lo que alguna vez fue Eurovisión: un festival de la canción popular europea, donde cada país se distinguía con sus aportaciones en un rico puzle de culturas de Europa.

Esta victoria rompe otros tópicos: que los países culturalmente afines se votan entre ellos, que los latinos lo tenemos crudo y que los gustos de los expertos no coinciden con los del público. En esta ocasión coincidieron los dos formatos:pentagrama y SMS. También se rompió con el pensamiento dominante: el pop y el inglés imperativo.

Me gustó lo que dijo Sobral antes de cantar su bis: “La música no son fuegos artificiales, la música es sentimiento y tiene que decir algo”. Definición antieurovisiva. Si lo hubiera dicho antes del festival, lo habrían fulminado los organizadores. Pero debería ser el estribillo de cualquier compositor.

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