Joan Carles Valero - Letras Expectativas

Domesticar lo salvaje Joan Carles Valero

En el sector primario, donde se extraen y transforman los recursos naturales con escasa o nula manipulación, también se investiga y desarrollan innovadoras actividades económicas

La innovación no se limita a digitalizar y robotizar la producción de bienes y servicios. En el sector primario, donde se extraen y transforman los recursos naturales con escasa o nula manipulación, también se investiga y desarrollan innovadoras actividades económicas que emocionan al tiempo que refuerzan los valores tradicionales del amor a la tierra y el mar.

Las familias Balfegó y Cusiné son paradigmas de la innovación en el sector primario catalán. Manuel y Pere Vicent Ballfegó integran la quinta generación de una saga de pescadores. Pioneros en granjas marinas y acuicultura, han convertido L’Ametlla de Mar en la capital mundial del atún rojo del Mediterráneo. También han innovado al crear un destino turístico de naturaleza sin parangón, con un catamarán para visitar en mar abierto las piscinas de crianza de atunes y poder nadar entre estos grandes peces que son capturados mediante el arte del cerco para transferirlos, vivos, a esas jaulas de dimensiones superiores a dos campos de fútbol.

Japón es el principal destino de sus exportaciones, pero Balfegó también suministra atún rojo a los mejores restaurantes del país. Ahora la familia ha vuelto a innovar con la apertura de Tunateca, un espacio gastronómico en Barcelona consagrado al atún. Un ágape a base de este preciado manjar, que es como el cerdo del mar, porque se aprovecha todo, supone un lujo al alcance de todos los bolsillos. Las degustaciones se completan con catas, clases de cocina o ronqueo para difundir la cultura sobre este producto.

Tomás Cusiné fue el primer catalán que emprendió, hace 20 años, la viticultura de montaña con la bodega Cérvoles, en la comarca Les Garrigues y con DO Costers del Segre, una zona colindante a la sierra de La Llena, frontera con El Priorat y La Conca de Barberà. Tras 32 vendimias que arrancaron en Castell del Remei, finca de su familia, ha regresado a Cérvoles para relanzar unos caldos «boutique» de viñas situadas entre los 700 y 800 metros de altitud en unos terrenos que también fueron pioneros en la introducción de variedades de origen francés. Además, dinamizó el enoturismo como presidente de la ruta del vino de Lleida-Costers del Segre, y con su regreso a Cérvoles completa un grupo vinícola integrado por las bodegas Tomás Cusiné, Castell del Remei y Cara Nord. Todo gracias a unas uvas salvajes que, junto a su simpática esposa, Mireia González, logran domesticar.

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