Katinka Faragó, fotografiada en la Filmoteca
Katinka Faragó, fotografiada en la Filmoteca - EFE

«Bergman me dijo "todo irá bien". Y así fue durante 30 años»

Katinka Faragó, colaboradora del director sueco durante más de treinta años, presenta en la Filmoteca la retrospectiva «Sinfonía Bergman»

BARCELONAActualizado:

Con apenas 17 años, Katinka Faragó ya había pasado dos veranos trabajando como script en un estudio, pero lo mejor aún estaba por llegar. Ese verano, justo al acabar el instituto, Faragó entró a trabajar con Ingmar Bergmanen la producción de «Sueños» y, durante tres décadas, se convirtió en una suerte de mano derecha del realizador sueco. «Tenía mucho miedo, estaba muy nerviosa. Bergman me dijo: "todo irá bien". Y así fue durante 30 años», ha explicado Faragó este miércoles en Barcelona, ciudad a la que ha viajado para inaugurar el ciclo «Sinfonía Bergman» de la Filmoteca de Cataluña.

Una inmersión en la filmografía del director de «El séptimo sello»,«Fanny y Alexander» o «Gritos y susurros» que, con motivo del centenario de su nacimiento, revisará gran parte del trabajo de Bergman y sus idas y venidas entre a ficción, el documental y la televisión. Y nadie mejor que Faragó, involucrada en los rodajes de los títulos más representativos de Bergman y productora de «Fanny y Alexander» o «Sonata de otoño» para introducir al espectador en el universo psicológico y metafísico de un director que supo retratar como pocos las relaciones de pareja, los dilemas existenciales, la muerte y la incomunicación.

«Me siento una privilegiada por haber trabajado con Bergman. Era muy especial. El nunca pensó ni dijo que fuera el mejor. Era muy humilde con su trabajo», ha explicado Faragó, para quien una de las grandes virtudes del director sueco era generar confianza en los actores.«Un actor ante la cámara está desnudo, y los actores confiaban en él, se sentían seguros, se entregaban. Era una cuestión de confianza, no de discursos ni charlas. En el estudio nunca se hablaba de arte. Él siempre decía que el arte se hacía escribiendo, y en el se hacía el trabajo».

Sobre su relación con las mujeres, Faragó ha apuntado que Bergman «era una persona muy respetuosa». «Nunca nos sentimos mal o acosadas por él ni por nadie», ha subrayado. También ha querido destacar el papel que las mujeres jugaban en sus producciones, con películas como «Sonata de otoño», en la que «la cantidad de mujeres con papeles de peso dentro de la maquinaria del rodaje ascendía a siete u ocho, y estamos hablando de una producción de finales de los años 70».