Un momento de la zarzuela «La Revoltosa»
Un momento de la zarzuela «La Revoltosa» - JAVIER DEL REAL
ARTES & LETRAS

Zarzuela: entre todos la mataron

La huelga ante la fusión del Teatro REal y el de la Zarzuela provoca la suspensión de «La Revoltosa» en el Calderón de Valladolid, una obra en la línea renovadora necesaria para evitar el declive del género

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La zarzuela en Castilla y León cuenta con muchos seguidores, aficionados y asociados en agrupaciones líricas, y los teatros de la comunidad programan este género lírico. El Calderón incluía esta temporada La Revoltosa, una producción del teatro de la Zarzuela, que se ha cancelado. El motivo, la «situación que están provocando los paros parciales de los trabajadores técnicos del INAEM», que obligan a cancelar la representación en el teatro, asumiendo este el pago de los artistas y otros gastos derivados en el caso de suspensión.

Con buen criterio el Calderón ante la huelga intermitente anula la función de mayo de La Revoltosa, que afecta a numerosos aficionados. En la zarzuela de Chapí se daban tres alicientes: título incontestable del repertorio lírico español, revisión del libreto y escenificación contemporánea por parte de José Luis Arellano.

Se argumenta contra la pervivencia de la zarzuela su falta de actualidad o más peyorativamente que las composiciones han pasado a ser piezas museísticas con discutible valor para el espectador contemporáneo. Debajo de esta argumentación existe el complejo de inferioridad ante el patrimonio cultural español (literario o musical) de algunos pretendidos eruditos, que sí encuentran motivos para el orgullo ajeno en textos barrocos y de la Ilustración europea y en las óperas (todas), muchas descatalogadas del repertorio, e incluso en las operetas.

Este complejo subjetivo y sesgado, se alimenta con otras razones de mayor peso: una que los libretos y, en ocasiones, los temas, han perdido vigencia, cuestión bastante cierta, pero subsanable en la medida que los textos zarzuelísticos se sometan a un proceso de respetuosa contemporaneización, como se hace con el teatro clásico de cualquier cultura; el otro motivo, estriba en una pretendida baja calidad las partituras musicales. Cierto que no todas las zarzuelas merecen su escenificación por la calidad musical, pero del amplísimo repertorio, al menos, hay cerca de un centenar que reúnen cualidades musicales, aunque el Teatro de la Zarzuela de Madrid ha seleccionado poco en los cinco últimos años y ha contribuido a la crisis del género por la programación composiciones líricas museísticas, de escaso valor.

La comparación con la ópera es uno de los problemas de la zarzuela. No hay espacio para entrar en discusiones, pero sí para enumerar en breve, algunas de las aportaciones de la zarzuela: la incorporación de instrumentos musicales del folclore español; la inclusión de los ritmos tomados del folclore popular en composiciones de música culta y de una gran dimensión orquestal, así como de la danza popular; piezas modélicas en números corales, oberturas o preludios, así como en las romanzas. Y ya desde el siglo XIX, mayor aportación melódica y orquestal; un avance en el lenguaje musical con más color y variedad instrumental; y la presencia del bel canto hispano.

La evolución de la zarzuela en España desde el siglo XVII es como un Guadiana: esplendor y ocultamiento. Ahora, si no se remedia desde la sociedad civil, se va hacía un periodo oscuro: la decisión de fusión del Teatro Real y el de la Zarzuela, producirá un declive en cantidad y dedicación a la mejora de un género necesitado de estudio y una renovación en profundidad.

A esta medida se suma la incertidumbre de la programación por paros técnicos (confrontación político-sindical contra molinos de viento), porque ven peligrar los puestos de trabajo, aunque el Gobierno asegure que la malhadada fusión de escenarios no repercutirá en las plantillas. El panorama zarzuelístico no es alentador, porque parece que entre todos la mataron y ella sola se murió.