Antonio Piedra - No somos nadie

Ya os vale Antonio Piedra

«Los políticos constitucionalistas hacen malabarismos con la unidad frente a un golpismo que ellos, precisamente, han fortalecido hasta la impunidad»

Traumático regreso de vacaciones. La España democrática se fue playeando hace tres meses allí donde pudo, y los españoles, con el permiso de los okupas, han vuelto a casa con la misma mosca tras de la oreja que tenía De Gaulle ante tanto inconsciente en ejercicio: «que la política es una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los políticos». ¿Qué diría el padre de la grandeur francesa al ver a estos políticos españoles -sobre todo tras las recientes jornadas terroristas y golpistas de Barcelona- tan seguros de sus teorías políticas que parecen un tratado de sexología en fascículos?

Los que nos hemos quedamos en Castilla y León por diversas razones, hemos visto en directo cómo nos han quemado el paisaje porque terroristas pirómanos la han cogido con el turismo, como los golpistas catalanes, y prenden fuego a la naturaleza, al desarrollo, al tránsito libre de personas, y a todo cuanto se mueva. Qué le vamos a hacer, tendrá que ser así mientras las leyes no digan lo contrario o se apliquen como normativa inapelable del estado de derecho. Y lo más grave: una vez más hemos comprobado cómo el terrorismo yihadista masacra -esta vez en Barcelona y con todas las alertas al rojo vivo y perfectamente definidas- porque el separatismo trincón y golpista no está para estos juegos de salón. ¿Qué le vamos a hacer si los políticos, que hacen las leyes, llevan años jugando al póker con un hilo de seda?

Pues poco o nada. En estos momentos, tras las jornadas bananeras del separatismo catalán -ensartadas con ardor chavista por el Parlament durante el jueves y viernes pasado a media noche-, los políticos constitucionalistas hacen malabarismos con la unidad frente a un golpismo que ellos, precisamente, han fortalecido hasta la impunidad con hechos, con risitas cómplices, y con asignaciones multimillonarias hasta situar a los sediciosos por encima del bien y del mal, de las leyes, de la Constitución, de la libertad, de la democracia, y de la propia Nación. Ni siquiera en estos momentos dramáticos -PP, PSOE y Ciudadanos-, han sido capaces de hacerse una foto sin pisar callos. De Podemos no se espera nada. Son observadores caníbales pensionados por la teocracia iraní y del chavismo redentor.

Menos mal que nos queda Rajoy con la firmeza del colonche -bebida embriagante mejicana a base de tuna y azúcar- repitiendo ahora lo mismo que dijo en el referéndum del 9N de 2013: «Este referéndum no se va a celebrar». Guau. Muertos de miedo, la reacción independentista ha respondido con más referéndum y con una ley de desconexión para una charlotada. Así que el ciudadano, ante tanta cobardía y arrojo financiados, perplejo hasta las trancas, piensa lo mismo que De Gaulle y comulga con Groucho Marx: no quiere sentarse con estos políticos ni a cenar si antes no firman ante notario quién pagará la factura. Lógico. Ya os vale, guapos.

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