Pablo Fernández, junto a Pablo Iglesias, en uno de los multitudinarios actos de campaña en diciembre de 2015
Pablo Fernández, junto a Pablo Iglesias, en uno de los multitudinarios actos de campaña en diciembre de 2015 - ICAL
POLÍTICA

Podemos pierde base muscular

El número de inscritos que participa en las votaciones pasa de 13.000 a 7.000 en un año

VALLADOLIDActualizado:

Pese a unas encuestas que no invitan al optimismo -tampoco en Castilla y León-, Podemos ha empezado a volcarse en las elecciones autonómicas y municipales de 2019 con más tiempo, ambición y experiencia que en su estreno en los comicios de 2011. Pero también con unas bases más desmovilizadas que en sus intensos comienzos. A nivel nacional, además de cuestiones como las siglas, las confluencias y el objetivo claro de aumentar su presencia en los municipios -en 2011 no se presentaron en solitario-, la formación se encuentra inmersa en un proceso de depuración de su propio censo que quiere evitar, entre otros aspectos, que esa menor actividad de sus «seguidores» pueda dañar la imagen de un partido que tiene la participación ciudadana como uno de sus principios rectores.

En el caso de Castilla y León se vive una situación similar. La «ola» que supuso la llegada de un nuevo partido con ideas rompederas en un contexto de crisis y corrupción, convenció a miles de ciudadanos de la Comunidad de dar el paso para formar parte de la nueva familia «morada». En apenas unos meses, más de 10.000 ciudadanos de la Comunidad se habían registrado en la plataforma web de Podemos para poder participar tanto en las decisiones puntuales como en la elección de cargos y la configuración de los estatutos. Así, en abril de 2016 ya eran 16.760 los inscritos totales en la región. De ellos, casi 7.000 se pronunciaron sobre el apoyo (o no) al acuerdo del PSOE y Ciudadanos para la formación de un gobierno que desbancara al PP y a Mariano Rajoy. Fue la votación más masiva en Castilla y León, pero ya entonces los que dieron al botón del «sí» o del «no» suponían menos de la mitad del total de inscritos.

903 militantes

Desde entonces, la situación ha ido a menos. Aunque los «apuntados» han seguido aumentando -a cuentagotas y con la explicación de que los «inactivos» tampoco se «borran» del registro- hasta llegar a los actuales 19.714 personas, las consultas posteriores han tenido una respuesta menor con porcentajes del voto respecto al censo inferior en algunos casos al 20%. Esta situación provocó en parte que Podemos se inventara los inscritos activos. Pasaron a tener esta distinción los que hubieran participado en alguna votación durante el último año. Así se consigue una imagen más real de la movilización de las bases y, por ende, que los porcentajes que se ofrecían de cara a la opinión pública no fueran tan bajos. Sin embargo, esta modificación también ha supuesto que en el caso de Castilla y León hace menos de un año hubiera 13.000 inscritos activos, mientras que en la última votación -sobre las siglas- la cifra bajara hasta los 6.970 actuales. Además, hay una figura de nueva creación. Es la del militante. Son los que van a participar de forma directa en la organización de los procesos electorales del próximo año. El primer dato oficial del partido en la región lo cifra en 903.

Al respecto, el líder de Podemos en la Comunidad, Pablo Fernández, parte de la «premisa» de que «lo importante es que todas las decisiones trascendentales las toman los inscritos y eso nos enorgullece». Dicho esto, reconoció que la evolución de los activos «no es lo ideal», pero lo justificó en que «estamos pidiéndoles opiniones constantemente y eso puede llegar a cansarles». En todo caso, considera que una participación de entre 3.000 y 4.000 castellano y leoneses en cada consulta «es muy positiva». Aunque le gustaría que fuera «más gente», no es «una cifra desdeñable y ya la querrían otros partidos». Fernández también reconoce que «a mi pesar» las cuestiones autonómicas -su propia elecciones como secretario general de Podemos- tienen «menos tirón» que las nacionales y los votantes disminuyen.