El grupo de jóvenes que está formándose como mediadores para el programa Epsylon de Aclad Valladolid
El grupo de jóvenes que está formándose como mediadores para el programa Epsylon de Aclad Valladolid - F. HERAS
SALUD Y SOCIEDAD

Ocio responsable: formación de jóvenes «sin»

Los programas desarrollados por Aclad centran sus acciones en la prevención y reducción de daños derivados del consumo de sustancias psicoactivas

VALLADOLIDActualizado:

Cuando las cosas se hablan de tú a tú parece que la comunicación puede ser más fluida y los mensajes tener una mayor repercusión en el receptor. Bajo ese concepto nace la iniciativa de la Asociación de Ayuda al Drogodependiente (Aclad) para formar a jóvenes como mediadores en sus programas de prevención del consumo de sustancias psicoactivas. «Ya en el año 2000 iniciamos el programa eXeO donde grupos de profesionales nos trasladábamos hasta festivales y discotecas para hablar del consumo de sustancias adictivas», explica Elena Enjuto, educadora social y coordinadora de programas en la sede de Aclad en Valladolid. «En el año 2007 se inician otras acciones en Valladolid y Burgos, que pasan a consolidarse como el programa Epsylon en el año 2015». Estas dos iniciativas tratan de acercar información «real, veraz y objetiva acerca de las sustancias psicoactivas y de los efectos de su consumo, sin dar lecciones ni imponer ideas», asegura Elena.

La financiación de ambos programas es pública. La iniciativa eXeO lo hace a través de la Junta de Castilla y León y del Ayuntamiento de Valladolid y Epsylon gracias a la Diputación de Valladolid, el Ayuntamiento de Valladolid, Diputación de Palencia y Ayuntamiento de Burgos. La población a la que se dirige cada acción presenta características particulares, «que obligan a tener que adaptar la intervención a sus necesidades». Mientras Epsylon se dirige a población mucho más joven (entre 13 y 21 años) que se inicia en el consumo de alcohol y cannabis principalmente, eXeO se centra en población adulta que acude a macro festivales o recintos de concentración masiva donde se consumen sustancias psicoactivas.

A lo largo de todo el mes de abril, desde Aclad Valladolid se ha estado desarrollando el II Curso de Mediadores en el que ha participado una quincena de jóvenes. Durante 20 horas han recibido formación teórica en prevención de drogodependencias y sobre prevención de VIH y enfermedades de transmisión sexual, «para que actúen como transmisores de información, actitudes y valores preventivos», explica la coordinadora, «y durante las primeras intervenciones estarán acompañados por profesionales o mediadores juveniles que lleven al menos dos años participando en el programa».

Las salidas de carácter básico consisten en informar a los jóvenes que se encuentran en las zonas de ocio sobre los efectos del consumo de alcohol y cannabis, así como información sobre actividades alternativas de ocio juvenil. María Valle es una de las mediadoras que participó en la primera edición, «que conozco cuando hago prácticas aquí en Aclad». Con sus 22 años el «botellón» es una forma de diversión de su época, y por ello afirma que «la presión social es un desencadenante en muchos de los casos del consumo de alcohol». También expone que personalmente nunca tuvo formación o información en su centro educativo (en Olmedo) «ni sobre drogas ni sexualidad».

Efectos reales

María relata cómo ha vivido situaciones en su entorno, «de personas que han llegado a perder el control debido al consumo». Ahora después de la formación ha pasado a ser una de esas jóvenes «sin» que acceden a la bolsa de empleo de la entidad, y que se acerca a las citas de ocio para hablar claro y sin presiones de cuáles son los efectos reales del alcohol y otras sustancias. Uno de los objetivos que se persigue con este tipo de programas es «desmitificar falsas creencias y hablar sobre VIH, porque creo que los más jóvenes apenas sabemos nada acerca de esta enfermedad y las formas de contagio», destaca esta vallisoletana.

En sus incursiones como mediadora relata que las frases más típicas que los jóvenes emplean van desde «yo controlo, hasta que el cannabis es natural, o hacer vomitar a un amigo que está borracho como mejor método para que se le pase».

También existe la creencia entre este sector de población de que por consumir sólo el fin de semana no se puede llegar a una adicción; una idea muy arraigada que desde estos grupos de prevención se trata de desterrar, «porque como siempre decimos aquí: del consumo al abuso y a la dependencia hay pasos muy cortos», explica Elena Enjuto.

Algunos de los quince nuevos participantes en esta segunda edición de formación de mediadores de Aclad relatan su propia percepción y experiencia en el ocio relacionado con el consumo.

Lola San José (21 años), estudiante de Integración Social, considera que «prohibir no es lo mismo que la prevenir, y este es posiblemente uno de los problemas entre los jóvenes y su forma de relacionarse con el alcohol; lo hacen por llevar la contraria a sus padres o a los adultos». Cecilia García Calero es hija de trabajadora social además de estudiante en la misma carrera, y dice sentir la necesidad de ayudar a otros personas de su edad, aunque reconoce que hablar con ellos es complicado «porque suelen creer que van a controlar en todo momento lo que están consumiendo».

Patricia Navarro y Andrea González, por su parte, destacan que la condición de ser mujer se percibe y se vive como una situación diferenciadora «porque los mismos padres te advierten y te limitan la hora de regreso, con las compañías que tienes, porque creen que corres más peligro». Critican estas jóvenes «que se sigue diciendo a la mujer que debe protegerse en vez de educar a los hombres o a la sociedad para que no violen o no abusen de nosotras».

Francisco Rodríguez es el único varón que participa en la formación. Educador no formal, asegura estar formándose «para trasladar estos conocimientos con los niños con los que suelo trabajar». Añade este joven de 26 años que «desgraciadamente vivimos en una sociedad machista», pero diferenciando ese concepto en lo que afecta a los propios hombres, «porque es algo que también genera presión social entre los varones que deben beber para demostrar lo hombres que son».