Antonio Piedra - No somos nadie

Mastuerzos

«Aquí hasta los etarras tienen carreras cum laude al amparo de universidades que perdieron el oremus del alma mater»

Antonio Piedra
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En Valladolid, con un empate técnico en la primera votación, se elige rector de la Universidad en un ambiente poco halagüeño. El máster de la señora Cifuentes desborda todos los cauces: los secos y los sonoros, los de aquí y los de allá. Así, como si un máster de chichinabo -de aquí lo de mastuerzo- fuera más importante que el bombardeo conjunto de Trump, Macrón y May en Siria. No sólo se ha roto la proporcionalidad académica y la política, sino que inaugura una batalla cruenta: la de la titulación universitaria. Sobre esta colina en disputa lloverán cañonazos de uno y otro lado. En los inicios de la contienda Cifuentes será el perfecto chivo expiatorio.

Cuestión peliaguda. Las líneas de la ética y de la moralidad se mueven hacia otro lado. Las crisis profundas -PP y PSOE hundidos, los podemitas en su deriva totalitaria, y los independentistas cada día más supremacistas sin fronteras- propician que esto ocurra con celeridad increíble. Los accidentes son una magnífica excusa para mejorar el estado de las carreteras. ¿Cuántos casos habrá como el de la señora Cifuentes? Incontables. Aquí hasta los etarras tienen carreras cum laude al amparo de universidades que perdieron el oremus del alma mater. De acuerdo: que revienten todos los casos mastuerzos y curriculares, aunque la verdad sea tan preocupante e incendiaria como decía Tito Livio: tanto que, si arranca, ya no hay quien la apague.

Ya no caben las medias tintas. Tampoco el embudo que en tiempos de hambre se lleva por delante sólo a los que roban una gallina. A Cifuentes le ha tocado la china de una permisividad social que, históricamente, ha impuesto una doble vara de medir: Hitler era un horror y Stalin un padrecito. Como si ambos no fueran igual de criminales. La misma vara que hoy se aplica en democracia: todo lo del PP es espantoso, y lo de la izquierda bondadoso. Idéntica tasa se aplica mediáticamente: 24 horas para hundir a Cifuentes, unos segundos para el saqueo de los eres. Ni la ley, ni el moral, ni la ética, ni la estética pueden ser diferentes según el caso.

Es obvio que la señora Cifuentes tiene que dimitir. Pero no es menos cierto que su movida ha colocado el listón tan alto que ya no vale rebajarlo. No es tolerable. En la era de internet y del WhatsApp instantáneos no vale que existan dos temas en discusión pero sin tocar el mío. Por ejemplo, que en Valencia la Gürtel del PP sea punible y la del PSOE y de Compromís impunes, aun teniendo el mismo juez instructor. O somos flexibles con la corrupción o inflexibles. Lo demás lleva al infantilismo de Jaimito: mamá, ¿para quién es ese bocadillo? Para ti. A lo que responde el jeta: ¿pero tan pequeño? Pues eso, que hagan de los mastuerzos y de las titulaciones una causa general sin excepciones porque esto parece la paranoia de un funeral con dos clases de mentiras: la de los demás y nada de la mía.

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