Isidro Moreno, en la imagen junto a una de las obras que se expondrán, se encarga también de su conservación durante la muestra
Isidro Moreno, en la imagen junto a una de las obras que se expondrán, se encarga también de su conservación durante la muestra - FOTOS: F. HERAS
Cultura

En el «laboratorio» de Las Edades del Hombre

A falta de un mes para la que la Reina Sofía inaugure en Cuéllar una nueva exposición de la Fundación, en los talleres trabajan a contrarreloj para la puesta a punto de las obras

ValladolidActualizado:

Reversibilidad, estabilidad y discernibilidad. Son los principios que rigen los trabajos de restauración en los talleres de la Fundación Las Edades del Hombre, con sede en el Monasterio de Santa María de Valbuena (Valladolid), y que sus especialistas repiten casi como un mantra. ¿Qué significan?, «Básicamente, que la obra en la que estés trabajando no evolucione a nada y que todo lo que pongas se pueda eliminar en un momento dado», aclara la restauradora Silvia Lorenzo, jefa de los talleres de la Fundación.

Junto a Silvia, otros cuatro expertos en restauración forman la plantilla habitual de los talleres. Desde hace cinco meses trabajan en la puesta a punto de las piezas que formarán parte de la próxima exposición, «Reconciliare», que albergarán las iglesias de San Andrés, San Martín y San Esteban de Cuéllar (Segovia).

En los talleres se encuentran ahora una veintena de obras, «menos que otros años», en consonancia con el tamaño de la muestra, que reunirá un centenar de piezas: «Hay obras en las que se trata de una simple puesta a punto, pero otras sí que necesitan de una intervención durante más tiempo».

Detalle del retoque en la mano de un San Alfonso que alberga la Catedral de Segovia
Detalle del retoque en la mano de un San Alfonso que alberga la Catedral de Segovia

En esta ocasión, el 30 por ciento de las piezas que se verán en Cuéllar será previamente rehabilitada. «Desde el año 1988, de las más de 4.800 obras exhibidas, más del 40% ha sido restaurada», señalan fuentes de la Fundación.

En tal empeño se encuentra estos días Pilar Bombín, otra de las especialistas de esta institución, con un Moisés (s. XIX), cuya autoría corresponde a Manuel Bahamonde y Baltasar Fernández y que viajará a la localidad segoviana desde la Iglesia de Santa María de Dueñas (Palencia). Mientras limpia con extremo cuidado los ropajes del profeta detalla que su intervención en esta talla ha sido, fundamentalmente, la recuperación del dorado original en manos, cara, cabello y barba, además de la reposición de algún dedo: «Estas figuras del Rococó tan sumamente doradas se pensaba que eran macizas, así que quienes se encargaban del cuidado de las iglesias solían recurrir para su limpieza directamente a un trapo con agua. Luego se daban cuenta del destrozo ocasionado y lo intentaban suplir con purpurina». Además, Pilar tendrá que devolver a su posición original los ornamentos que acompañan a la talla, las tablas de la ley y el báculo, para lo cual se ha fijado en una escultura muy similar de la Catedral de Palencia.

Aunque cada vez se encuentran menos «ecce homos» en las obras intervenidas todavía, sostiene Silvia Lorenzo, «es frecuente hallar mucho repinte», ya que «antiguamente se entendía así la restauración», justifica. Suprimir estos añadidos de pintura es el proceso que les lleva más tiempo. Entre las intervenciones más completas que se están realizando de cara a esta muestra, Lorenzo destaca la de un Dios Padre procedente de la Iglesia de San Julián de Toro (Zamora).

Silvia Bombín trabaja en un Moisés procedente de la Iglesia de San María de Dueñas
Silvia Bombín trabaja en un Moisés procedente de la Iglesia de San María de Dueñas

Aunque cada obra «es un mundo» y ha llevado «una vida muy distinta», el proceso de intervención que se sigue es similar: «Se empieza por una limpieza general y luego la pieza te dice qué necesita con más urgencia». Si todo está parecido, arrancarán la restauración desde el soporte y el sentado de la pintura. «De forma previa, se ha hecho una labor de documentación y análisis para ver qué podemos salvar y qué vamos a aportar». Si pueden, los restauradores tenderán a prescindir de química.

Nunca saben el tiempo que les llevará una intervención. «A veces nos encontramos con sorpresas, piezas cuyos materiales constitutivos han perdido todas sus cualidades físicas», apunta Isidoro Moreno, otro de los expertos.

Todo dependerá de su calidad

De la calidad del material original dependerá, en gran parte, su estado. «Cuanto mayor es, mejor se restaura y suele responder muy bien en su intervención», añade la jefa de los talleres.

Acostumbrados a trabajar con piezas más antiguas (siglos XVI, XVII y XVIII), el proceso se suele complicar si la obra es contemporánea. «Cuando se meten materiales industriales, pinturas de tubo... Es más complejo porque la limpieza no responde igual», añade Francisco Boldo, otro de los especialistas, mientras está enfrascado en la recuperación de un San Alfonso de finales del siglo XIX de la Catedral de Segovia: «A pesar de ser relativamente moderna en su tallado han seguido los cánones de un modelo antiguo», por lo que no le está dando demasiado trabajo. «También influye que habitualmente esté en una catedral, más vigilada».

¿Y el hecho de que esté o no a la vista? -algunas de las obras expuestas proceden de conventos y monasterios- «No tiene que ver; puede estar igual de cuidada o igual de olvidada», apunta Lorenzo.

Yeso "La adúltera», de Ramón Núñez, al que eliminarán los repintes de la mujer
Yeso "La adúltera», de Ramón Núñez, al que eliminarán los repintes de la mujer

Hasta Valbuena de Duero este año ha llegado fundamentalmente escultura y «algún mueble», como un bargueño del siglo XVII de la Catedral de Toro (Zamora). De su rehabilitación se encargó Silvia Bombín y se basó, fundamentalmente, en eliminar una capa de cera y dar realce a la madera original, el nogal. Esta especialista también se desplazó a Burgos para trabajar en un sarcófago de madera del siglo XIV que alberga el Museo del Retablo, una pieza «muy interesante» y de las pocas de temática no religiosa que se exhibirán en Cuéllar -está dedicada a un noble de la familia Sánchez Rojas-. Se optó por restaurarla en su «residencia» habitual por su delicadeza.

«Vigilancia constante»

El trabajo de estos especialistas no terminará una vez que se inaugure la muestra. Además de involucrarse en encargos de la Diputación de Valladolid y de otras diócesis -dicen que también aquí comienzan a notar la recuperación económica-, se encargan de la conservación de las obras «in situ» en la exposición. «La vigilancia debe ser constante. Hay que controlar los índices de humedad, temperatura... Algunas no se han movido en siglos de su espacio y en cuanto las trasladamos varían». Al frente de esta tarea se encuentra Isidro Moreno, aunque será a partir del próximo 24 de abril, cuando la Reina Sofia inaugure la muestra. Hasta entonces todavía les queda trabajo por delante en los talleres.