Fernando Conde - Al pairo

La inmensa manada

«El modelo educativo actual está haciendo aguas en todo lo que tiene que ver con la formación en valores»

Fernando Conde
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Cuando allá por 2006 el Gobierno de Zapatero aprobó la implantación de esa asignatura llamada Educación para la ciudadanía, que muchos interpretaron como una alternativa a la de religión, algunos sospechamos que lo que se pretendía era sustituir una doctrina por otra. Y en el fondo así era. El odio de una parte de la izquierda española hacia todo lo clerical había encontrado una excusa perfecta en esas recomendaciones del Consejo de Europa que abogaban por fomentar a través de la educación los valores democráticos, la tolerancia, el respeto, la justicia, etc. Sin embargo, al introducirlo como una alternativa a la asignatura de religión, alegando que de algún sitio había que cortar para empalmar, se estaba admitiendo implícitamente que a través de la instrucción religiosa se transmitían también contenidos que servían para la formación social, para adquirir modelos de conducta y como traslación de valores. El año pasado la polémica asignatura pasó a mejor a vida (lo que no quiere decir que no pueda ser rescatada en el futuro), y habría que analizar si efectivamente han contribuido de algún modo al fomento de los nobles valores que perseguían aquellas recomendaciones europeas.

El verano pasado la noticia de que un grupo de chavales sevillanos, que se autodenominaban como «La manada», había agredido sexualmente a una joven de dieciocho años durante los San Fermines, con un modus operandi que efectivamente corroboraba una actuación más propia de una manada de lobos que de una cuadrilla de amigos, conmocionó a España. Sobre todo, porque cualquier padre con una hija en esa edad se cuestionaba algo evidente: podría haber sido mi hija. Esta semana, tres jugadores de la Arandina, han sido detenidos por una acción similar perpetrada supuestamente, en este caso y para mayor escarnio, contra una joven de quince años. Y ante esto, seguro que habrá quien diga que hechos así han podido suceder en el pasado y, tal vez, hayan quedado impunes porque las circunstancias sociales eran otras, las víctimas sentían menor amparo jurídico o porque era más difícil denunciar con pruebas los hechos (la doble cara de la tecnología total al alcance de todos).

Quizá, quién sabe. Pero lo cierto es que este modelo de conducta o el hecho de que una cuarta parte de los jóvenes no vean con malos ojos el maltrato físico y/o psicológico hacia sus semejantes, además de poner los pelos de punta, nos indica que algo está funcionando mal, muy mal, en la educación y formación de las nuevas generaciones. El modelo educativo actual está haciendo aguas en todo lo que tiene que ver con la formación en valores, en cuestiones morales, humanas y humanísticas. Urge una reflexión seria sobre qué tipo de sociedad estamos creando, antes de que nos convirtamos en una inmensa manada.

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