Artes&Letras/Teatro

«La hija del aire», la obra más ambiciosa de Calderón

La Compañía Nacional de Teatro de México estrena la versión de «La hija del aire» realizada por el profesor de la Escuela de Arte Dramático López Antuñano y dirigida por el madrileño Ignacio García

Érika de la Llave como Semíramis en «La hija del aire», de la Compañía Nacional de México
Érika de la Llave como Semíramis en «La hija del aire», de la Compañía Nacional de México

«La hija del aire es la obra más ambiciosa de Calderón. En ella están todos los temas del autor, los existenciales, el destino, el libre albedrío... y los asuntos de la esfera pública que tanto le preocupan: el poder usado de mala manera, el capricho personal antepuesto al deber del gobernante, la esfera privada que invade lo público, el deber influenciado por la pasión o por el deseo...». José Gabriel López Antuñano, profesor de Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, columnista de ABC y colaborador de estas páginas, es el autor de una versión de ese texto que acaba de estrenar en México la Compañía Nacional de Teatro de ese país bajo la dirección de Ignacio García.

El Festival Centro Histórico de México DF acogió los dos primeros pases, los días 15 y 16 de abril. Desde el 20 de este mes hasta el 16 de julio hará temporada en el Teatro Julio Jiménez Rueda, con más de cincuenta funciones programadas. Y el próximo año también puede entrar en repertorio; incluso los posteriores, «en función del tirón popular».

La fase inicial del trabajo de López Antuñano exigió un notable esfuerzo de síntesis para adaptar a una duración convencional la extensa obra del autor del Siglo de Oro. Los casi 7.000 versos que contienen sus dos partes han sido reducidos a unos 2.700. La preparación del texto, consensuada con el director, tuvo dieciocho versiones. Un largo proceso hasta aquilatar la tragedia calderoniana de la reina Semíramis.

No acabó ahí la labor del autor de la versión. Antes del estreno, hizo otros dos viajes a México junto al director madrileño. El primero, para diseccionar el texto con los actores de la Compañía Nacional durante diez días. Posteriormente tuvo una segunda fase de trabajo de mesa, durante dos semanas de ensayos. Y entre medias, aún hubo un contacto casi permanente con los actores, ya a distancia, para intercambiar opiniones, impresiones, sugerencias.

«La fase de estudio nos permitió desentrañar el sentido del texto y de cada figura retórica»

«Me ha servido mucho respecto a otros montajes, porque la fase de estudio nos permitió desentrañar el sentido del texto y de cada figura retórica. Me servía también para escuchar e ir moldeando un poco la versión, ver partes que sobraban y otras que estaban poco explicadas», señala López Antuñano.

Se trataba, en palabras de Ignacio García, de «extraer todo el contenido semántico y poético del texto, exprimir las ideas calderonianas en toda su profundidad, pero haciendo el verso claro y cristalino, valorando la oralidad por encima de la rigidez formal, y ensalzando la elocuencia, la capacidad de transmitir conceptos y emociones de una manera precisa, por encima de todo».

En España los ensayos rondan los 45 días, mientras que la compañía mexicana ha preparado el montaje durante tres meses y medio.

Una invitación de la Compañía Nacional de Teatro de México, hace casi dos años, está en el origen de esta adaptación. El director, Ignacio García, quiso remarcar uno de los aspectos presentes en la tragedia de Calderón: «las diferentes formas del poder, que cuando no tienden al bien común se convierten en tiranías», un asunto al que López Antuñano dio prioridad al enfrentarse al texto.

Ahí entran en juego «las distintas formas del poder: el tirano (Nino), el despótico (la madre) y el populista (Ninias)», lo que permite conectar con el presente. «No hay una actualización en la ambientación, es el imaginario del público el que lo lleva a la actualidad», aclara el profesor de Dramaturgia. La vigencia de los clásicos se cumple una vez más.

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