Ignacio Miranda - Por mi vereda

Una ermita en la linde

«Monteagudo de las Vicarías, un pueblo de poco más de doscientas almas, posee una ermita situada entre dos provincias»

Ignacio Miranda
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Parece que siempre hemos tenido una querencia natural más acusada hacia la raya de Portugal, desde Sanabria al Rebollar pasando por Aliste y las Arribes, que hacia el límite con Aragón desde el flanco soriano, más descubierto, a pesar de la barbacana en tierra castellana que cantara Antonio Machado. Allí, en la linde entre reinos de antaño y comunidades autónomas actuales, se halla Monteagudo de las Vicarías, un pueblo de poco más de doscientas almas que posee una ermita situada entre dos provincias. De la cabecera a la pila bautismal, pertenece al término zaragozano de Pozuel de Ariza. Desde ese punto hasta los pies, a Soria. Por eso los allí bautizados podían escoger ser aragoneses o castellanos.

Dedicada a la Virgen de la Torre, fue construida en ese paraje durante el siglo XIV y reedificada dos centurias después, por acuerdo del Tratado de Almazán, que puso fin a los años belicosos de la Guerra de los Pedros. Recientemente, el Gobierno de Aragón y la Diputación de Zaragoza han acometido la restauración del modesto templo en toda su planta. Que no es plan mejorar la cubierta y retejar solo en la vertiente baturra. Que después del justo triunfo de Sigena ante el mamoneo catalán, los dirigentes aragoneses se han venido arriba. Ahora está prevista una segunda fase y cabe esperar que, por equidad y decoro, participe en las obras nuestro Ejecutivo regional.

Monteagudo y Pozuel atesoran siglos de estrecha relación, de vecindad cordial. Ahora los habitantes del segundo son atendidos en el centro de salud de Arcos de Jalón gracias al concierto sanitario. Incluso antaño compartieron estación ferroviaria en la línea Valladolid-Ariza, ese corredor transversal básico para la España interior que cerró Felipe González a mediados de los ochenta, en su agresión brutal a los servicios públicos, y luego prometió reabrir José María Aznar si alcanzaba el poder. ¡Lástima de memoria!

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