Medio Ambiente

Los embalses podrían acabar el verano a menos del 20% por la sequía y los riegos

Los mínimos de resguardo garantizan unos 600 hectómetros cúbicos de los 2.877 de capacidad en la cuenca del Duero

El embalse de Porma, en León, está a la mitad de su capacidad
El embalse de Porma, en León, está a la mitad de su capacidad - Alfonso Martínez

Con mucha sed están la mayor parte de los pantanos de la cuenca del Duero, que desde hace casi un año llevan aguardando que las nubes y el deshielo de la nieve de las montañas colme las necesidades de unos vasos que apenas llegan a la mitad de su capacidad. De media, se encuentran al 53,9 por ciento, lo que en números absolutos supone que almacenan 1.551,1 hectómetros cúbicos de líquido de los 2.877,5 posibles. Una escasez de reservas que se hace palpable al echar un vistazo a gran parte de los pantanos y los cauces de muchos ríos, que discurren menos caudalosos de los habitual.

Y las cifras ratifican la impresión. Al cambiar de estación están 30 puntos por debajo de la media de los últimos diez años (83,3%), lo que en guarismos redondos supone que afrontan el verano con 846 hectómetros cúbicos menos que la media del decenio. Unas reservas escasas de cara al periodo habitualmente más seco del año y en el que las demandas se incrementan, sobre todo por el riego, el gran consumidor, pues el uso agrario se «bebe» nueve de cada diez litros. Las necesidades de los cultivos se incrementan ahora sustancialmente por el ciclo vegetativo en el que se encuentran y porque desde el cielo apenas cae agua.

Es la época en la que en mayor medida caen las reservas. Tanto que, de media en el último decenio, los embalses de la cuenca del Duero acabaron el estío con unos 1.200 hectómetros cúbicos menos de con los que lo iniciaron. Si este año se siguiera esa tendencia, apenas quedaría líquido en los pantanos para recibir al otoño. Bajarían los niveles hasta los 300 hectómetros cúbicos, el equivalente a tener únicamente agua en el embalse leonés de Barrios de Luna.

Pero ya desde comienzos de abril, la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) adoptó medidas para controlar el gasto de agua durante la campaña de regadíos en aquellas tierras que se hidratan de ríos y embalses de la cuenca. Con la prioridad de garantizar el abastecimiento y sin perjuicio de que se puedan modificar los acuerdos en función de la evolución del estío, los mínimos están acordados con los propios regantes, que también se encargan de vigilar. Están fijados en algo menos de 500 hectómetros cúbicos en los embalses de la cuenca al terminar la actual estación, y rozarían los 600 de agua almacenada si se tienen en cuenta los tres zamoranos del Tera (Cernadilla, Valparaíso y Nuestra Señora de Agavanzal), de carácter privado y destinados a producción energética y regadío y también sometidos a regulación. Unas cifras que suponen que pueden acabar con menos del 20% de su capacidad.

Con los mínimos de resguardo garantizados, de apurarse hasta esos límites, todo el agua de la cuenca del Duero podría almacenarse, y sin llenar su vaso, en el pantano leonés de Riaño, que, con 651 hectómetros cúbicos de capacidad, es el más grande de Castilla y León. Y eso sin llegar a usar tanto agua como en anteriores campaña. De aquí al final de verano, sólo se podrán consumir unos 1.000 hectómetros cúbicos, unos 200 menos que la media del último decenio.

Disminución «sustancial»

Un uso regulado y controlado para gestionar adecuadamente las escasas reservas que hay. En las tres primeras semanas de junio han bajado los recursos en casi 154 hectómetros cúbicos. Fruto del consumo y sin perder de vista la evaporación en estos días de elevadas temperaturas, han menguado en 7,5 al día, 7.500 millones de litros de agua, el equivalente a tres piscinas olímpicas.

Para garantizar que no se agoten, la CHD ha establecido esos mínimos que reconoce que en algunos sistemas suponen una disminución «sustancialmente» inferior a la fijada el año pasado -el resguardo rozó los 1.000 hectómetros cúbicos frente a los menos de 600 de éste-, que fue generoso en lluvias hasta mayo. De hecho, algunos embalses están viviendo de las rentas de entonces y han evitado unas restricciones mayores. Es el caso, por ejemplo, del Alto Duero y el embalse de Cuerda del Pozo (Soria), donde la campaña es «escasa, pero realizable», lo mismo que en el sistema burgalés del Arlanza.

Las mayores dificultades están en el Carrión, un sistema de por sí «totalmente deficitario» y en el que los pantanos de Camporredondo y Compuerto ya están por debajo del 40% de su capacidad. Su situación es «crítica». «Deficitaria» y muy o extremadamente problemática en el Órbigo y el Tuerto, donde las concesiones de agua se han reducido de forma importante a nivel de otros años de sequía. También hay subcuencas con estados mejores e incluso de «normalidad», como la salmantina del Tormes y el Águeda y la abulense del Adaja, en el que el mínimo de reserva es mayor después de un 2016 muy escaso.

En general, los embalses estaría en niveles similares a otros años de sequía. Fue en 1995, otro año de escasas precipitaciones, cuando en octubre -entonces con algún embalse menos operativo- octubre tuvo de media 540,2. También 2002 fue difícil, y septiembre acumuló de promedio 635,2 hectómetros cúbicos. En 2005 y 2006 se quedaron en torno a los 800. Y aún más próximo en fechas, 2012, rácano en agua, en el que los embalses llegaron con 642,9 hectómetros y hasta diciembre no arrancaron la recuperación.

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