Cristina Macía, durante la entrevista con ABC.es
Cristina Macía, durante la entrevista con ABC.es - F. HERAS
CULTURA

Cristina Macía: «Los amigos me preguntan todo el rato qué va a pasar en Juego de Tronos»

La traductora al español de la saga de fama mundial «Canción de Hielo y Fuego» ha viajado este fin de semana a Valladolid para participar en la CylCon 2015

VALLADOLIDActualizado:

A este lado del Muro, esa gigantesca construcción que separa Poniente de los Reinos Salvajes, la traductora al castellano de la saga completa de «Canción de Hielo y Fuego» de George R. R. Martin, Cristina Macía, comparte con ABC.es algunos secretos de una de las personas más envidiadas en este país. Por su manos, y sus ojos, han pasado, entre otras, «Juego de Tronos»,«Choque de Reyes» o «Tormenta de Espadas», todas ellas partes del boom literario a nivel mundial, antes de que cualquier mortal los hubiera leído en el idioma de Cervantes. Esta dicharachera, y «friki» reconocida, asegura que cuando la novela de fantasía llegó a nuestro país ninguna de las grandes editoriales se lanzó a por ella. «Era una estupendisima obra que solo nos interesaba a los cuatro de siempre», lamenta, y recuerda como Alejo Cuervo, creador de la Editorial Gigamesh, le pidió que «le echara un vistazo». «Yo ya había dejado de traducir porque no me salía rentable, pero me la dejó y me la leí esa noche. Al día siguiente ya quería traducirla», sostiene.

Cristina, que estará este sábado y domingo en la CylCon 2015 en la Feria de Muestras de Valladolid, defiende que la responsabilidad de llevar «Juego de Tronos» al castellano fue la misma que si se tratase de una obra que «fueran a leer cuatro gatos». Consciente de la situación privilegiada que ocupa entre la legión de fans que viven ansiosos a la espera de la siguiente novela del autor estadounidense, algo que asegura llevar «fantásticamente», reconoce que sus amigos le «preguntan todo el rato por qué va a pasar» en la saga. Cuestionada sobre si ha tenido acceso a alguna parte de la siguiente novela de la historia de los Siete Reinos de Poniente, «Vientos de invierno», lamenta que «George Martin no la ha terminado todavía».

La traductora, que tarda una media de seis o siete meses en traducir cada una de las novelas de «Canción de Hielo y Fuego», cifra en 2.000 el número de palabras diarias que es capaz de traducir. «No voy más rápido porque eso no sale bien», señala, y sonríe al recordar que «pese a llevar páginas y páginas hechas», todavía se le atragantan las escenas de batallas porque «se me olvidan las partes de la armadura».

Además se confiesa una enamorada de la literatura de George R. R. Martin frente a los que le achacan una pasión desmedida por los giros narrativos. «A que lector no le gusta que le sorprendan a cada paso, eso es carísimo», defiende. Sobre el ingente éxito cosechado por las batallas entre los Stark y los Lannister, las tenebrosas hordas que llegan desde el otro lado del Muro, o de la suerte de la Madre de Dragones, Cristina Macía es contundente y resalta que se trata de una novela «buenísima». «Están muy bien escritas y Martin le ha sabido dar un tratamiento adulto y dosificar la emoción porque conoce lo que quieren los lectores», mantiene.

«Los traductores tenemos que ser invisibles»

Sobre su papel como intermediaria entre la versión original y la traducida, reconoce que «al traducir siempre se pierde algo de frescura», y confiesa que ella «prefiere la versión en el idioma original». «Somos el mal menor porque la gente no puede saber todos los idiomas. Yo necesito un traductor de chino porque no conozco la lengua, pero si pudiera lo leería en chino original», argumenta. Al mismo tiempo cree que los traductores «tienen que ser invisibles» para el lector porque sino «algo está fallando» en la transcripción.

La experiencia ha llevado a Cristina Macía a conocer los entresijos de la labor de traducir al castellano. «Lo más importante y difícil es saber lo que quiere decir el autor, aunque muchas veces no sea lo que ha escrito», afirma, y reconoce que el género de ciencia ficción es el que más le cuesta porque «enseguida me disperso buscando información».