SOCIEDAD

Una costurera palentina al servicio de la Reina de Inglaterra

Teresa Pacios, ahora jubilada, trabajó 22 años para Isabel II

Teresa Pacios, condecorada por la Reina de Inglaterra
Teresa Pacios, condecorada por la Reina de Inglaterra - ABC

Como ocurre con muchos jóvenes españoles, Teresa Pacios salió de Palencia y llegó a Londres con poco más de 20 años dispuesta a trabajar, pero, en su caso, sin saber ni una palabra de inglés. ¿Quién le iba a decir a ella que, con el tiempo, llegaría a ser una asidua al Palacio de Buckingham y que terminaría probando vestidos a la mismísima Isabel II? Durante 22 años ha probado y confeccionado trajes para la Monarca inglesa a las órdenes del diseñador alemán Karl-Ludding Rehse, que viste a la Reina desde 1990. Tal es el afecto que que tiene Su Majestad por la costurera, que el pasado mes de febrero decidió otorgarle la Royal Victorian Medal, como reconocimiento a sus servicios.

Fue quien hoy es su marido el que hizo que esta costurera se trasladase a la capital de Reino Unido. «Íbamos para dos años y ya llevamos 50 allí», comenta. Él tenía allí parte de su familia y Teresa le siguió, disponiéndose a buscar un empleo en lo que mejor sabía hacer: coser. Aprendió el oficio en una sastrería del centro de Palencia y hasta Londres llevó su conocimiento sobre los tejidos, los arreglos de costura y la confección. Esa habilidad fue la que le permitió encontrar su primer trabajo en una sastrería por la que pasaban rostros conocidos de la sociedad británica.

Con Lady Di

A partir de ahí, no dejaron de abrirse puertas para Teresa. Su siguiente destino fue otro taller de costura, en el que se topó con la que sería una de las figuras más populares y queridas de Reino Unido: Lady Di. «Trabajé para ella cuando aún estaba soltera», recuerda la costurera, que no pasa un verano sin regresar unos días a su tierra. Después, dio el gran salto para trabajar junto a Karl-Ludding Rehse, uno de los cuatro modistos que suelen vestir a la veterana Monarca. Su nuevo jefe decidió que fuera ella quien se desplazara hasta palacio para probar los trajes a la Reina. «¿Yo? No estoy preparada y ni siquiera sé hablar inglés», fue su reacción.

Pero fue su sencillez la que la trasladó directamente al vestidor de Isabel II. «Luego supe que durante los primeros días decía: «No entiendo nada a Teresa, pero es muy dulce». Aún recuerda cómo fue su primer día en Buckingham: «Llegué con los nervios de punta». No todos los días se prueba vestidos a una reina. Se relajó en cuanto pudo comprobar que, lejos de la imagen de mujer seria, «es agradable, muy simpática, una buena mujer», asegura.

Acabó acostumbrándose a Buckingham -tuvo que firmar un documento en el que se comprometía a no dar a conocer nada de lo que ocurría en palacio- y a ver a distintos miembros de la Familia Real. «Siempre que nos necesitaba, íbamos para allá», relata. No sólo ha acudido a la residencia habitual de la Reina, sino que también se ha trasladado a Escocia o a Windsor cuando se le ha requerido.

Siempre fiel a su estilo, a Isabel II le gusta ser original, «pero no le gustan las cosas raras», tampoco los estampados. A juego con el vestido, suele llevar habitualmente un abrigo y casi nunca falta un sombrero. «Sabe lo que quiere», pero también se deja aconsejar. Rara vez elige estampados, sino que prefiere lucir tonos pastel o colores llamativos, y mantiene normalmente el mismo corte en sus trajes porque «le sienta muy bien», asegura Teresa sobre el look de Isabel II, que se ha convertido ya en un sello personal. Ya jubilada, aún sigue trabajando en ocasiones para la Monarca: «Solo cuando acude a Ascot, le hago alguna cosita».

De piedra se quedó la costurera cuando a su casa llegó la comunicación de que Su Majestad quería entregarle una condecoración como agradecimiento a los servicios prestados. «No sabía si ir o no», explica. Finalmente, se decidió y acudió a Buckingham para recoger su premio acompañada de su marido, su hijo y su jefe, Karl-Ludding Rehse, también reconocido el año anterior.

«¿Cuántos años llevas trabajando para mí, Teresa?», le preguntó Isabel II cuando le entregó la medalla. «Veintidós», le contestó, a lo que la Reina replicó «seguro que acabarán siendo más». Quería mantenerla cerca e incluso llegaron a ofrecerla seguir trabajando cerca de palacio. «Yo ya no puedo y además tengo una nieta a la que me gusta mucho cuidar», asegura. La palentina, que también estuvo invitada a la fiesta del 80 cumpleaños de Isabel II, recogió su premio orgullosa, con una chaqueta beige y un vestido negro, elaborados por ella misma, ¿quién mejor que alguien capaz de vestir a una reina?

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