Elisa Beltrán, en la sala de exposiciones del Teatro Zorrilla
Elisa Beltrán, en la sala de exposiciones del Teatro Zorrilla - F. HERAS
Cultura

Una chica de Valladolid

La pintora Elisa Beltrán destaca en los premios Argaya con sus ilustraciones de la ciudad dedicadas a Antonio Gala

ValladolidActualizado:

Elisa Beltrán de Heredia es pintora y de Valladolid. Tiene veinticinco años y hace otras cosas, aparte de pintar, para ganarse la vida. Es decoradora de interiores, pide becas, gana premios y así. Para dedicarse a la pintura exclusivamente durante el curso 2017 estuvo becada por la Fundación Antonio Gala, en Córdoba. Nueve meses. Y de su obra dijo Gala que «pinta con el corazón». Pero después de salir de la fundación, que es un monasterio para artistas donde el tiempo se pasa y se posa sobre las obras, la vida… A una de sus colecciones la tituló precisamente «Y después qué», como clara referencia a la incertidumbre de la vida del artista. Pero parece que «después» la vida sigue. Sus cuadros han viajado a exposiciones al otro lado del océano Atlántico, a Mónaco y próximamente hasta el Instituto Cervantes de Nueva Delhi. «Siempre está ahí el miedo. Terminas una exposición o vendes un cuadro y dices: «bien, he vendido un cuadro... Pero y después qué. «Al final las cosas van saliendo, no hay que tener prisa. Hay que disfrutar y ya irán saliendo...». El «después» se va sembrando a base de trabajo y esfuerzo y, como en estos páramos, se cosecha cuando toca y no antes, ni después.

Desde estos páramos hay un paisaje cuajado de palomares que, poco a poco, van volviendo a la tierra. Palomares coronados de tejas «que siglos han puesto plata». Palomares rendidos al progreso y al éxodo de todo un modelo de vida. Palomares que hoy son sólo pedazos de adobe que quedan sobre los campos. Pero hay pintores que todavía siguen mirando a Castilla, poniéndole colores y pintándola ilusiones y un futuro.

Elisa Beltrán ganó en 2016 el primer premio del certamen Argaya de ilustración que convoca la Diputación de Valladolid con su serie «Trazos de poesía». Cambió su pintura abstracta por una mirada revisionista y fedataria de los elementos comunes del mundo rural de por aquí. «Yo quería dejar constancia de esos elementos que siempre te puedes encontrar por aquí. Un castillo, una iglesia, un campo amarillo, el cielo azul… La última ilustración era en blanco y negro, quería pintar precisamente la niebla. Era un viaje destacando lo más significativo de la provincia», explica reposadamante la artista. En 2017 ha quedado segunda, esta vez con una serie de acuarelas sobre los edificios más significativos de Valladolid.

Las becas y los premios son iniciativas necesarias para desarrollar labores artísticas a falta de mecenas. «Yo en mi discurso de agradecimiento quise destacar la importancia de estos premios y de muchas becas para poder seguir pintando», señala pintora. Porque a veces los políticos también intuyen que las artes, la pintura, son un oficio «cotidiano y decisivo: / mientras alumbre el sol…».

«Le gustaba la ciudad»

En nueve meses que duraba la beca de la fundación se consolida una obra, unos conocimientos. Pero sobre todo se trazan afectos y amistades. «Con Antonio Gala me encariñé mucho. Él siempre me llamaba «la chica de Valladolid», nunca me llamaba por mi nombre. Siempre era «la de Valladolid». Y él hablaba de la ciudad, la conocía, le gustaba», explica Elisa Beltrán. De aquella amistad nació esta nueva serie de acuarelas que han ganado el segundo galardón de del certamen de Ilustración Argaya. «La serie se llama ‘¡Mira Valladolid!’ Y está dedicada a Antonio Gala. Como él ya no va a volver a Valladolid estas acuarelas pretendía ser una forma de contarle cómo está la ciudad ahora, de que volviera a recorrer sus calles, de mostrarle sus edificios...».

Correspondencia entre artistas desde esta tierra ancha de palomares. «Es curioso porque mirando mis dibujos y mis cuadros de cuando era pequeña, que los sigue teniendo mi hermana en su habitación, me he dado cuenta que también pintaba palomares. No tienen nada que ver con los que pinto ahora, pero Castilla se ve que siempre ha estado ahí», discurre Beltrán. Y precisamente ahí se queda la tierra chica. Ahora se va a trabajar a Bilbao de lo suyo, de lo otro suyo. La gravedad de Bilbao para atraer artistas... Antonio de la Peña, pintor y palentino de Becerril de Campos, hace años que se fue a pintar sobre la ría y a pintar también desde la distancia mieses y estíos con cielos «rosa-Valladolid». Para pintar esta tierra quizá haga falta alejarse un poco de una Castilla que sigue siendo igual, pero que quizá ya no sea la misma que escribió el poeta: «Esta es mi Castilla, hermano, / de pristino y limpio cielo / la de los hombres de tierra / que nunca emprendieron vuelo...».

Hay en la pintura de Elisa Beltrán, más que un vuelo, un revuelo de colores. Sus cuadros, pese a ser abstractos, tienen la intención de un paisaje. Tal vez de un paisaje sentimental y propio. «Esta es mi Castilla, hermano».