El nuevo presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección, Carlos Moro
El nuevo presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección, Carlos Moro - ABC
Empresas

Carlos Moro: «Tenemos un déficit de comunicaciones extraordinario»

El nuevo presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección cree que el problema se agrava en el medio rural

ValladolidActualizado:

El máximo mandatario de bodegas Matarromera, Carlos Moro, fue nombrado presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección, un cargo que «agradece» y que lo toma como «un servicio a la Comunidad».

¿Cómo ha recibido el nombramiento de presidente de la APD?

En primer lugar, agradecer a todos los consejeros de la APD que han pensado en mí para desarrollar esta función con la actitud y el interés que ellos pensaban. Me lo tomo como un servicio a la sociedad civil.

¿Ya tiene la hoja de ruta marcada?

Ideas no nos faltan. Hay muchas tareas que hacer, y ahora con el cambio de equipo directivo cambia todo el consejo y tenemos que nombrarlos en los próximos días, tratando de mezclar continuidad y renovación. A partir de ahí estableceremos el plan estratégico, los objetivos, cursos, etcétera. Y sobre todo ahondar en la incorporación de más directivos de Castilla y León en esta labor de mejora permanente. Queremos centrar mucho la actividad en el eje León-Salamanca, porque es un año perfecto debido al V centenario de la Universidad de Salamanca y el año gastronómico de León, sin olvidar las acciones concretas que queremos llevar a cabo en Ávila, Soria, Zamora y Palencia.

¿Estas acciones tienen que ver con que la APD actualmente no tiene la misma presencia en todas las provincias?

La APD tiene 160 empresas en Castilla y León, que es la que más tiene respecto a cualquier otra asociación empresarial de ámbito civil, por tanto hay firmas muy significativas, pero creo que las compañías deberían acceder más a las confecciones modernas de empresa. Aquí sabemos que hay 380 cursos al año, a los que pueden asistir los socios y consejeros, pero aparte de eso podemos hablar y reflexionar sobre los temas que nos ocupan a los directivos para cómo mejorar esta tierra. Y en eso hay aspectos que necesitamos, sobre todo para llevar bien nuestra labor. Lo primero de todo, infraestructuras telemáticas, ya que en Castilla y León tenemos un déficit de comunicaciones extraordinario, y es un retraso que nos condena a un coste palmario. En el medio rural se agrava especialmente. Y esto lo vamos a reivindicar. No puede ser que en los pueblos cueste 20 veces más el acceso a internet y tengas la misma cantidad negativa de anchura de banda.

¿Entonces una empresa que no esté digitalizada está abocada a desaparecer?

No a desaparecer, pero si a competir en desventaja. Si hay emprendedores que sacan adelante un proyecto en un garaje de Estados Unidos, ¿por qué no vamos a poder hacerlo en una casa de pueblo en esta Comunidad? Y me refiero a firmas de orden tecnológico, no de otras índoles. Creación de software, páginas web, juegos, redes sociales... de mil temas. ¿cómo vamos a competir si no podemos ni en tiempo ni en forma? Por tanto ese es un primer objetivo. Y el segundo es trabajar en infraestructuras de transporte en dos vertientes: de carreteras inacabadas desde hace muchos años y el traslado en sí. Un trabajador en Madrid puede moverse con un euro escaso en el transporte público. Aquí no. En el ámbito rural, en los que los trabajadores tienen que hacer 20, 40 o 60 kilómetros es un coste añadido para la compañía o para el propio empleado. Si hay presupuesto para otros temas más lúdicos y menos importantes, tiene que haber para este problema.

¿El turismo es un valor en alza o todavía le falta un empujón?

En ese sentido también reivindicamos infraestructuras para la mejora del turismo. El tren y los autobuses del vino están a la orden del día en cualquier país desarrollado. Y no nos equivoquemos, tenemos que ser objetivos y autocríticos. Hemos hecho mucho en la Comunidad, hay que valorar el esfuerzo hecho por todos, pero no es suficiente. Tenemos unos vinos estupendos, unas bodegas maravillosas, gente con ganas de hacer cosas, pero hacen falta infraestructuras. Y a partir del vino va todo lo demás, porque es un producto vehicular para hacer turismo integral.

¿Es el sector alimentario, que a usted le toca de cerca, el que más futuro tiene de la comunidad?

Yo confío muchísimo en él y soy un amante de este sector desde hace muchos años. Y siempre he visto el potencial de futuro que tiene. Considero que lo sigue teniendo y hay que ponerlo en valor. Y la única manera es hacerlo con personas y empresas. Agricultores que se decidan a transformar sus productos, a buscar nuevos campos, pequeñas industrias… y todo ligado al turismo, como he dicho antes, consiguiendo llegar a mayoristas, grandes grupos, operadores, etcétera, y se llegue a un turismo de calidad. Hemos preparado bodegas e instalaciones para que estén ocupadas, y no pasa todos los días, al igual que los museos. Hay que poner autopistas de conexión comercial. Y por supuesto tener empleados formados y que puedan formarse en estas materias.

¿Ahora el objetivo primordial de una compañía es internacionalizarse para crecer?

Por supuesto. Antes no era posible hacerlo de forma fácil, hoy día es más sencillo conseguirlo, sobre todo por los medios que tenemos, que facilitan mucho esta labor, junto a una aceptable función logística. Y, exactamente, es una de las buenas maneras para que una empresa crezca.