Constancio Chacón Velasco, este martes delante del Museo del Ejército, en Toledo
Constancio Chacón Velasco, este martes delante del Museo del Ejército, en Toledo - Ana Pérez Herrera

La larga sombra de «Castrolas»

Un descendiente del bandolero de Villarrubia de los Ojos logra que el Consistorio cancele la presentación de una novela sobre el forajido el día después de cumplirse 136 años de su muerte

ToledoActualizado:

«Ayer se cumplieron 136 años de la muerte de Castrolas...». Con estas palabras, que llevaba escritas en un papel, Constancio Chacón Velasco (Villafranca de los Caballeros, 1963) iba a introducir la presentación de su novela Castrolas, el bandolero de los Montes de Toledo (Entrelíneas Editores) en una sala contigua a la biblioteca pública municipal «Francisco Gómez-Porro» de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), población donde el forajido Isidoro Suárez Navarro nació el 5 de abril de 1851.

La cita iba a ser el 29 de septiembre, a las 20.30 horas, en ese pueblo manchego de 10.200 habitantes. Sin embargo, cinco horas y media antes de que el acto comenzase, el autor recibió una llamada telefónica de Víctor, el responsable de la biblioteca, para comunicarle que la presentación quedaba cancelada.

La explicación que el bibliotecario dio a Constancio fue que el abogado de un descendiente de Castrolas (en Villarrubia de los Ojos y en los pueblos cercanos se pronuncia sin la ‘s’) se había personado en la casa del concejal de Cultura del Ayuntamiento con un encargo: conminarle a suspender la presentación del libro, bajo la advertencia de interponer una demanda, en caso de que se celebrase, por una presunta intromisión en la intimidad y el honor de familiares del bandolero.

Escarnio público

«Por prudencia», la alcaldesa, Encarnación Medina (PP), accedió a las pretensiones del descendiente de Castrolas (un tataranieto, según el escritor), con lo que Chacón Velasco, militar de profesión, se quedó en casa compuesto y sin poder dar pinceladas de su novela sobre Isidoro Suárez Navarro, apodado Castrolas por el nombre de su padre (Castor).

El célebre bandido, cuya vida queda retratada en la novela, murió el 28 de septiembre de 1881 y su cadáver fue expuesto, con las orejas cortadas, en la verja del templo del Cristo de Urda como escarnio público.

«En cuarenta años como editor, es la primera vez que me ocurre esto» (Carmelo Segura, editor de la novela)

Isidoro sufrió «muchas vicisitudes» desde pequeño y fue uno de tantos que malvivieron en esa sociedad rural y pobre, según el escritor. Unas «desgraciadas circunstancias, originadas en parte por su mala cabeza», lo llevaron a echarse al monte y a ser perseguido por la Justicia, por la Guardia Civil y por algunos de su misma calaña.

Castrolas fue un hombre «de carne y hueso que se ganó tal fama de ‘malo’ en la comarca de La Mancha que, incluso años después de su muerte, sus actos siguen apareciendo en las conversaciones de las gentes de nuestros pueblos», asegura Chacón Velasco. «Pero nadie es tan malo o tan bueno, y justo es esto lo que he intentado reflejar en la narración: no solos sus fechorías, sino también su vida y sentimientos», aclara.

Con todo, el autor sigue contrariado, casi un mes y medio después, con la decisión de la alcaldesa de Villarrubia de los Ojos. «Yo entiendo lo de la demanda como una amenaza sin fundamento», opina el autor, quien también ha recibido la llamada de otros familiares de Castrolas interesados en conocer la vida de su antepasado. «Desconozco el miedo que todavía hay a este personaje o a un descendiente de cuarta o quinta generación en Villarrubia. Pero nadie puede negar que Castrolas está en la oscura historia de estos pueblos manchegos y él ya murió hace 136 años», recalca.

«Desconozco el miedo que todavía hay a este personaje o a un descendiente de cuarta o quinta generación» (Constancio Chacón Velasco, autor)

«En cuarenta años como editor, es la primera vez que me ocurre esto», lamenta Carmelo Segura, editor de la novela, premiada en el I Certamen Corcel Negro, de Entrelíneas Editores. «Se trata de un atropello al sentido común y un claro ataque a la libertad de expresión», añade. Segura afirma que «el relato está basado en hechos verídicos e históricos, todos ellos contrastados y, por tanto, no incurre en delito alguno».

El editor llegó a localizar al abogado del descendiente del bandolero, que le colgó el teléfono cuando aquel le afeó que hubieran suspendido la presentación. A la semana siguiente, Segura habló por teléfono con la alcaldesa, quien le contestó que accedieron al deseo del tataranieto del forajido «por prudencia». «Estamos en un Estado democrático y en un Estado de derecho. Esto no ocurre ni con las decenas de libros que se publican sobre Franco. ¡Ni Franco se atrevía a secuestrar una novela!», exclama el editor.

A la espera de explicaciones

Castrolas, el bandolero de los Montes de Toledo fue presentada el 6 de octubre «sin ningún problema», remarca su autor, en la Casa de la Cultura de Villafranca de los Caballeros, situada a 32 kilómetros de Villarrubia de los Ojos. El 18 de noviembre, Chacón estará en el vecino pueblo de Madridejos para dar a conocer su novela.

De momento, la alcaldesa de Villarrubia de los Ojos no le ha llamado para darle explicaciones. «Después de un mes y medio, esta señora no ha hablado conmigo», afirma el autor.

ABC no pudo contactar ayer con la edil, mientras que Víctor, el bibliotecario de Villarrubia, asegura que el equipo de Gobierno «estaba intentado retomar» la presentación del libro de un bandolero que fue odiado y temido en toda la comarca de La Mancha.