Antonio Illán Illán

«Triunfo de amor»: una exquisitez de Nao d’amores

Excelente el trabajo de Ana Zamora y todo su equipo. Logran ofrecernos la exquisitez de un «bocatto di cardinale» teatral

Antonio Illán Illán
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Título: Triunfo de Amor. Autor: Sobre textos y música de Juan del Enzina. Compañía: Nao d’amores. Dirección y dramaturgia: Ana Zamora. Arreglos y dirección musical: Alicia Lázaro. Intérpretes: Sergio Adillo, Javier Caramiñana, Eva Jornet, Irene Serrano, Rodrigo Muñoz e Isabel Zamora. Asesor de Verso: Vicente Fuentes. Coreografía: Javier García Ávila. Espacio escénico: David Faraco. Vestuario: Deborah Macías. Iluminación: Miguel Ángel Camacho y Pedro Yagüe. Escenario: Teatro de Rojas.

Nao d'amores mantiene una trayectoria de más de quince años de investigación teatral para ofrecer textos esenciales del inicio del teatro español. Esto lo hace con rigor historicista, respetando incluso el lenguaje de esa época en la que aún no se había asentado la fonología y la fonética castellana que hoy conocemos. Su espectáculo, a partir de escritos y músicas de Juan del Enzina, que han titulado Triunfo de Amor, parte del poema homónimo del autor, obra de su juventud, e incluye diversos textos dramáticos y músicas de madurez, de su segunda etapa creativa, aquella que integra las grandes églogas ya teñidas de influencia italiana de corte profano y humanista, entre las que destaco a vuela pluma: Égloga de Plácida y Vitoriano, Égloga de Cristino y Febea.

En la Égloga de Plácida y Vitoriano, interesantísima por lo que supone el triunfo de nuevos valores renacentistas y humanistas, vemos representado el suicidio de Plácida por amor y a Victoriano, que, en una escena verdaderamente pagana, logra resucitarla rezando a la diosa Venus). La «Égloga de Cristino y Febea» aún va más lejos, pues el pastor Cristino se hace ermitaño; Cupido le envía a la ninfa Febea para tentarle, cosa que consigue plenamente la gentil criatura; y ahí vemos cómo la justificación racionalista y naturalista del fracaso religioso de Cristino no precisa comentario alguno, cuando dicen: «…mas nunca son ermitaños / sino viejos de cien años,/ personas que son prescritas, / que no sienten poderío / ni amorío, / ni les viene cachondez». El ascetismo y religiosidad medieval se hunde estrepitosamente ante el embate del vendaval erótico y vital humano. Esto ya es puro Renacimiento. Esto ya es modernidad. Esto es ya el Juan del Enzina que ha viajado mucho, especialmente a Roma.

Excelente el trabajo de Ana Zamora y todo su equipo. Logran ofrecernos la exquisitez de un bocatto di cardinale teatral en el conjunto de su propuesta, desde la maravilla del lenguaje de época con sus fonemas bien pronunciados; la precisión y claridad en la dicción del verso; lo ajustado de la expresión corporal, de los gestos y movimientos que sirven para complementar en su justo equilibrio lo que se dice, el contenido, y no para distorsionarlo; la habilidad para mezclar los elementos líricos y musicales con los estrictamente dramáticos; y la contextualización de lo bucólico con una idea de los campesinos que se sienten felices en su vida humilde, que nos llevaría a plantearnos alguna cuestión ideológica (cuasi de origen converso) sobre la igualdad de todos los nacidos.

La dramaturgia de Ana Zamora, con la magnífica aportación de Alicia Lázaro en lo musical, sin renunciar a nada de lo histórico, aporta una frescura creativa que tiene tanto que ver en la idea como en la puesta en práctica de la misma, es decir, en la representación. Todo está a la altura. El resultado es el éxito de la cultura, sin que se entienda la cultura como algo para las élites, sino para el conocimiento y el goce general, cada uno con su saber y entender. Es un verdadero arte (que lleva detrás mucho trabajo) el hacer sencillo y accesible lo complejo, e, incluso, divertido, y Nao d’amores lo consigue.

La escenografía funcional, con el añadido de unas gradas en el escenario que incorpora a unas personas del público (8 en total), conforma un espacio suficiente para que los muy dinámicos actores cuenten/representen, canten y bailen las distintas historias que encadenan, en las que se integra con total protagonismo la música en directo del propio autor y los instrumentos de época (el rigor en el sentido de lo histórico también aquí puede verse). Todos hacen bien su trabajo y dibujan a la perfección sus papeles, con gracia, con entusiasmo y con la evidente voluntad, saber y profesionalidad de haber diseñado cada uno de los matices gestuales o de los registros lingüísticos.

Triunfo de Amor de Nao d’amores es un espectáculo que encanta, entretiene, enseña y divierte. El aplauso largo que reciben al finalizar es la merecida recompensa y el agradecimiento de un público que devuelve con cálidas palmas parte de las emociones que ha sentido.

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