«Una persona homófoba entendería muchas cosas con 'La voz hermana'»

El actor Alejandro Dorado representa, en Toledo este sábado, su monólogo sobre una mujer transexual

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«¡Guapa, guapa, guapa!», gritaron a Natalia cuando terminó su representación de La voz hermana en Ciudad Real hace unos días. Natalia es, en realidad, Alejandro Dorado (Toledo, 1983). Compaginó la carrera de Administración y Dirección de Empresas con sus estudios de interpretación en el Teatro Nuevo Alcalá y en las escuelas Corazza y Work in Progress, en Madrid. Ha tenido como profesores a Joaquín Notario, Marta Álvarez, Fernando Sansegundo, Darío Facal, Denis Rafter o Secun de la Rosa. Ahora concilia su amor por las tablas con su trabajo como técnico financiero. El sábado 16 de junio (20:00) encarnará a Natalia en La voz hermana sobre el escenario del Matadero Lab de Toledo (paseo de Recaredo, s/n), con entrada libre hasta completar el aforo.

Estoy dudando: no sé si ir a su obra o irme a cenar con mi mujer. Convénzame.

La voz hermana es una historia de vida en primera persona, donde Natalia, la protagonista, nos cuenta los impedimentos que tiene que sortear una mujer transexual. Teniendo en cuenta que no hay muchas obras de teatro que traten sobre este tema, la propuesta resulta atrayente, sobre todo para el público que no conoce qué significa ser transgénero/transexual. Además, la función empieza a las ocho de la tarde. Por tanto, puede ir a ver la obra con su mujer y después ir a cenar.

¿Por qué el autor de la obra, Pablo Vilaboy, la tituló «La voz hermana»?

A lo largo de toda la función veremos que las relaciones familiares marcan la vida de Natalia. Ella decide contar a su hermana que, en vez de Luisito, siempre ha sido Natalia. Así, el título puede venir de esa conversación pendiente con su hermana. Pero el monólogo es tan rico en matices que nos hace reflexionar sobre una doble vida por parte de la protagonista, donde esa voz interna, esa «voz hermana», le permitía dar un verdadero sentido a su identidad, su sexo, su ser.

¿Hay muchas Natalias alrededor de nosotros pero no nos damos cuenta?

Es posible; desgraciadamente, por miedo al rechazo. La situación de las personas trans es poco o nada visible y, por tanto, menos normalizada/aceptada por la sociedad. Queda mucho por hacer.

Para preparar su personaje, usted ha bebido de muchos pozos. ¿Qué puede pasar por la cabeza de una persona que trata de salir del hoyo de la transexualidad?

Además de las indicaciones del director, decidí acudir a la Fundación Daniela en Madrid, donde tratan la situación de personas transexuales. Allí conocí a psicólogos y trabajadores sociales, que me presentaron chicas que se estaban reasignando. Ellas me contaron el duro proceso médico que tienen que seguir, con lo que el apoyo familiar es fundamental. El rechazo que sufren se produce en situaciones cotidianas tan simples como en un aeropuerto o en un banco, cuando se les cuestiona al decir su nombre porque en su DNI aparece otro distinto que no se ajusta a su identidad. Esto, en el mejor de los casos. Las situaciones de desprecio y agresiones a este colectivo son muy graves, como el ejemplo del autobús tránsfobo que estuvo circulando por la capital el año pasado. De ahí la necesidad de avanzar hacia la normalización.

Por su experiencia, ¿dolor, soledad y angustia están en el vocabulario de un transexual?

Sí, absolutamente. Incomprensión, impotencia ante la necesidad de ser uno mismo y que no te lo permiten. Es una situación donde una persona trans no puede disimular. Por eso La voz hermana es una obra necesaria si puede abrir mentes y conciencias.

Después de ver su obra, ¿se han atrevido a preguntarle si es transexual?

Me lo han preguntado en alguna ocasión: «Disculpa, no quiero molestarte, pero ¿tú eres transexual?». Al principio, mi reacción era de sorpresa, pero hace poco me lo han vuelto a preguntar y me siento muy orgulloso, porque eso significa que la construcción del personaje está bien planteada y que a la gente le llega el mensaje.

¿Recomendaría «La voz hermana» a una persona homófoba?

Por supuesto. Creo que entendería muchas cosas, como, por ejemplo, que nadie es quien para juzgar en este tipo de cuestiones tan delicadas y donde se puede hacer un daño tan grande. La voz hermana no solo habla de transexualidad. También habla de la paradoja de sentirse atrapado/a aún no siendo trans; esa que nos afecta a todos/as en mayor o menor medida y que, a veces, podemos camuflar. Desgraciadamente, una persona trans no puede ni debe.