Antonio Illán Illán

Morboria divierte con un «Lindo don Diego» muy lindo

El espectáculo, que aún se podría acortar un cuarto de hora y no pasaba nada, ha satisfecho al público en el teatro de Rojas, donde se volverá a representar este sábado

Antonio Illán Illán
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Título: El lindo don Diego. Autor: Agustín Moreto. Compañía: Morboria. Adaptación y dirección: Eva del Palacio. Intérpretes: Fernando Aguado, Eva del Palacio, Virginia Sánchez, Ana Belén Serrano, Vicente Aguado, Diego Morales, Jorge Corrales, Trajano del Palacio, Eduardo Tovar, Alejandra Lorente. Diseño escenografía: Miguel Brayda y Eva del Palacio. Dirección musical: Miguel Barón. Vestuario: Ana del Palacio, Fernando Aguado, Eva del Palacio. Iluminación: Guillermo Erice. Producción: MORBORIA S.L. Escenario: Teatro de Rojas (Toledo).

Morboria es una compañía y es un estilo de hacer teatro. Siempre colorista, movidito, pachanguero, con unos figurines que tienen protagonismo por sí mismos, música en directo, una actuación coral y con el objetivo de divertir. Al texto clásico lo peinan bien, aunque le dejan la sustancia.

El lindo don Diego que hemos visto en el coso toledano les ha quedado muy lindo en lo aparencial, aunque los enredos de la obra a veces se liaban demasiado y el verso no siempre se entendía bien. Pero ha sido muy divertido, incluso cuando la creación de Moreto se trufa con palabras evidentes de Lope y cuando la bailarina se marca una muy plástica pieza con música de Granados.

El teatro de Moreto, considerado de tono menor en comparación con los granes del Barroco, sigue la escuela de Lope de Vega y da para lo que da. Ofrece una sorprendente escasez de teología y exageraciones, y presta muy poco interés al tema tradicional del honor; sin embargo, sí muestra una suave ironía e ingenuidad y un optimismo sencillo en sus comedias de salón, como es el caso de El lindo don Diego, comedia representada por primera vez en 1657.

El eje sobre el que van a girar los enredos es el del presuntuoso, vanidoso y estúpido provinciano don Diego, que va a Madrid a casarse con su prima, al que la propia vanidad le traiciona y muerde los anzuelos que le lanzan. Los enredos de amores y los equívocos alcanzan a más parejas; al final la madeja se desenrolla, la razón triunfa y termina cada oveja con su pareja, excepto, claro está, el necio y lindo don Diego. El tema de la necedad satisfecha de sí misma ya lo había tratado teatralmente antes Guillem de Castro, pero en Moreto esta imagen alcanza unos matices cómicos y burlescos que se han hecho proverbiales. Hay que añadir por su importancia la espontaneidad del diálogo, articulado en un discurso métrico fluido, y la compostura de la expresión.

A las virtudes de la comedia se agarra perfectamente Morboria, que acentúa lo burlesco y lo vital, en un juego escénico que ofrece buenos resultados para el espectador.

Morboria es un equipo, casi familiar, de ya larga trayectoria, en el que Eva del Palacio, con su experiencia acumulada, dirige, adapta la obra, crea la coreografía, diseña la escenografía y el vestuario y da vida a un personaje, y todo esto lo realiza con mucha dignidad.

La propuesta escénica de este Lindo don Diego ha sido la de contextualizar la acción en el cabaret, lo que ha ofrecido perspectivas interesantes que se salen de lo propiamente clásico, para introducir danzas, bailes, coreografía y músicas que van, entre otras, de lo aflamencado, al tango o a Granados. Creo que ha sido un acierto aligerar el ovillo de Moreto y ofrecer un ambiente más cercano y a la vez más liviano, más movido y más entretenido. A esta estética años veinte se le han unido algunos toques chaplinianos que han venido muy bien en la recreación de la historia. Es evidente el aporte y protagonismo del impecable y variado vestuario, así como de la diversidad de la música del piano en directo, que de alguna manera acentuaba las acciones que tenían lugar en la escena, o el baile interpretado con mucha profesionalidad y con una estupenda estética.

Todo lo dicho es importante en una representación, pero la verdad teatral está en la interpretación que lleva a cabo el elenco de actores y actrices. En Morboria no es escaso este elenco, para los tiempos que corren; once en total, si incluimos al pianista. Son once y aún deben doblar papeles para dar vida a una veintena de personajes. Muy bueno el trabajo coral de todos y cada uno, acentuando la estética Morboria, que trata de hacer flexible lo rígido y que quede bien acentuado lo cómico-burlesco. Sin embargo habría que singularizar a Fernando Aguado, que ha dibujado un don Diego muy preciso en sus “lindezas”; significar también la buena interpretación de la muy equilibrada Eva del Palacio en el papel de Mosquita, y de Eduardo Tovar, que ha derrochado simpatía con su interpretación de Codorniz.

Con Morboria hay diversión asegurada y con este lindo don Diego una lectura de Moreto entretenida y muy bien complementada con elementos dramatúrgicos ajenos al texto. En su conjunto, el espectáculo, que aún se podría acortar un cuarto de hora y no pasaba nada, ha satisfecho al público, que lo ha premiado con cálidos aplausos al fin de la representación.

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