Petroglifo «Pedra da Serpe», en el municipio de Valga (Pontevedra)
Petroglifo «Pedra da Serpe», en el municipio de Valga (Pontevedra) - José Ignacio Carmona

José Ignacio Carmona: «Un mejor conocimiento de la muerte ayuda a valorar más la vida»

El investigador y escritor toledano da las claves en su último libro, «El más allá aquí y ahora»

ToledoActualizado:

«La muerte es lo que da sentido y dimensión a la propia vida». Esta frase tan categórica le sirve al investigador y escritor toledano José Ignacio Carmona para hablar de la actitud que defiende para encarar el viaje al más allá. Ahora, todas sus ideas sobre este tema, basándose en los últimos avances científicos, los ha plasmado en su último libro, «El más allá aquí y ahora» (Ediciones Luciérnaga).

—Por el título del libro, supongo que cree usted en el más allá.

—El título es ya una declaración de intenciones, ya que cuando hablo del «más allá aquí y ahora» no hablo de muertos ni de espíritus que sobreviven. Hablo de los avances que está presentando la ciencia en atención a cosas que etiquetamos provisionalmente como extraordinarias, por desconocimiento, pero que pueden tener una respuesta incluso desde el punto de vista científico. Siempre teniendo en cuenta que las hipótesis son atajos para salvar las apariencias. Así expongo muchos ensayos científicos y médicos que darían respuesta a muchos fenómenos paranormales, explico por dónde van los estudios en relación a la conciencia y las creencias sobre el alma y el espíritu.

—¿Es fácil vencer el miedo a la muerte?

—La muerte es lo que da sentido y dimensión a la propia vida. Perder el miedo a la muerte es entender que hay que tratar la eternidad en el momento presente. De hecho, hay técnicas en otras culturas, como el yoga, que tienen una incidencia sobre el organismo y ofrecen experiencias que se aproximan a lo que nos describen los místicos, incluso en Occidente. En definitiva, un mejor conocimiento de la muerte puede ayudar a valorar aún más la vida.

—Cada cultura tiene una actitud diferente frente a la muerte. Pero, ¿cree que la sociedad occidental es la que más se preocupa ante la muerte?

—Como dijo Alan Watts: «La vida no es un problema a resolver, sino una realidad experiencial». Nuestro pensamiento neurótico occidental rechaza la idea de la muerte y lo ve como un punto final, pero hay que pensar en la vida como un círculo que recorres y que nunca se acaba.

Conclusiones

—Usted que conoce tanto sobre este tema por sus investigaciones, ¿qué conclusiones extrae?

—Primero, lo que está acreditando la nueva ciencia es que la conciencia plena e infinita puede estar presente en todas partes en una dimensión que no está ligada ni al tiempo ni al espacio. De hecho, hay un debate abierto y constante en la «Royal Society» de Londres que señala la posibilidad de que el cerebro sea incluso un sistema mecánico-cuántico. Desde esta visión holística extraemos dos conclusiones: en primer lugar, que lo que entendemos por espíritu no deja ser una cosa sucedánea de la cultura para que la gente piense que algo de nosotros sobrevive y, por otro lado, no hablar tanto de espíritus sino más del sistema nervioso humano tan sofisticado.

—¿Cree que la ciencia puede dar respuesta a determinadas cuestiones donde no llega la fe o la creencia religiosa y a la inversa?

—Hay que tomar la ciencia como un lenguaje y, por supuesto, no agota toda la verdad, sino que es un atajo. Mientras que la creencia religiosa no es más que eso, una creencia. Ambas se complementan, aunque sean lenguajes diferentes, para describir distintas realidades.

—¿Por qué la muerte es la base de todas las religiones y creencias?

—Porque esta idea forma parte de la angustia vital que rodea al ser humano, es decir, el deseo de perpetuidad, no aceptar que hay algo que se le escapa a su nivel de comprensión y querer racionalizar algo a lo que no llega nuestra mente. Sin embargo, las culturas orientales, como los budistas, nos explican que hay otro tipo de ciencia con conciencia y nos enseñan el «buen morir».

El investigador toledano, durante una de sus pruebas de psicofonías
El investigador toledano, durante una de sus pruebas de psicofonías- José Ignacio Carmona

—Usted conoce bien el mundo de las psicofonías. ¿Sirven para el conocimiento del más allá?

—Cuando se habla de psicofonías, hay que tener ciertas prevenciones. Yo comencé a interesarme por ello para llamar la atención sobre el fenómeno de la dinámica de la conciencia. De hecho, quiero subrayar que yo fui el único español que participó en el único proyecto científico internacional sobre psicofonías, celebrado en Vigo y patrocinado por el «Saybrook School and Research Center» de Estados Unidos bajo la dirección de los célebres investigadores Stanley Krippner y Anabela Cardoso. Los resultados se plasmaron en la publicación de un estudio en la prestigiosa revista científica americana «NeuroQuantology», una de las más acreditadas en el campo de la neurología y la física cuántica.

—De todas las psicofonías que ha grabado, ¿cuál destacaría?

—Hay una psicofonía que siempre he dicho que es la base de todas las demás y que fue grabada en la iglesia de Santa María de Melque, situada dentro del municipio toledano de San Martín de Montalbán. Cuando yo pregunté «¿quién sois?» la voz me respondió «persona». Esto es interesantísimo porque la palabra persona proviene del latín y significa aquello a través de lo cual pasa el sonido y se refiere a las máquinas que utilizaban los actores en el teatro clásico, como bocas megafónicas para aumentar el sonido al aire libre, es decir, una especie de máscara, el papel que representamos o una imagen de nosotros mismos.

—Y por lo que se refiere a las experiencias cercanas a la muerte (ECM), ¿conoce algún caso cercano?

—Conozco un caso particular de alguien de Toledo que me dijo que vivió, en primera persona, esta experiencia del túnel. Para explicar esto ya no vale la explicación que daba la ciencia, que decía que era un mecanismo de defensa del organismo ante una situación de estrés, ya que hay investigaciones que demuestran que las ECM son acontecimientos genuinos, por lo que son muy diferentes a las alucinaciones causadas por convulsiones, despersonalizaciones, etcétera.