Antonio Illán Illán

Cisneros: austeridad personal y sentido ético del Estado

El claustro de la catedral de Toledo acogió la obra «Cisneros. La línea de tiza» para recordar al cardenal en el V centenario de su muerte

Antonio Illán Illán
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Título: Cisneros. La línea de tiza. Autor: José Luis de Blas. Compañía: Euroscena. Espacio y dirección: Roberto Quintana. Intérpretes: Roberto Quintana, Eugenio Giménez y Chiqui García (músico). Vestuario: Cornejo. Iluminación: Jesús Perales. Producción: Salvador Collado.

El claustro de la catedral de Toledo ha acogido uno de los actos con los que se recuerda al cardenal Cisneros en el V centenario de su muerte, una obra de teatro, en esencia casi un monólogo, que ha dado cumplida cuenta de lo interesante que es esta figura histórica, esencialmente en lo que tiene de estadista que sabe mirar por el bien común y por el interés del Estado y que es capaz denunciar las corrupciones de su tiempo, que, salvados cinco siglos, vienen a ser muy parecidas a las de hoy, que no son otras que las de utilizar el poder para acumular riquezas, prebendas y beneficios. También se pone de manifiesto su franciscana visión de la Iglesia, que le alejaba de todo boato y buscaba un modelo de vida austero.

José Luis de Blas ha compuesto un texto en el que Cisneros, regente de España, ensaya el relato de una especie de memorial al rey Carlos I, venido de Flandes rodeado de su corte flamenca. Sale a su encuentro, es citado en varias ocasiones, pero el encuentro no llega a producirse. Es en ese mes de espera en Roa (Burgos) en el que el octogenario Cisneros, ante los sucesivos retrasos de la entrevista con el rey y viéndose con una salud asaz quebradiza, decide que un bufón interprete el papel de Carlos I, con el objeto de preparar el encuentro con el verdadero monarca.

Eugenio Giménez, como el bufón
Eugenio Giménez, como el bufón

Roberto Quintana como director ha dispuesto que el texto, en el fondo un monólogo, se aligere con esa presencia del bufón, que, además, acompañado del músico, en ocasiones canta. Y el mismo Quintana, como intérprete, da vida muy atinadamente al Cisneros anciano pero con alto sentido de Estado y con una personalidad con la firmeza que ofrecen los argumentos que defiende, que no son otros que los que acumula su experiencia, su historia y su defensa. La presencia del bufón y músico (Eugenio Giménez) en la dramaturgia adquiere también un juego simbólico, pues unas veces se representa a sí mismo y otras a otros personajes y, de alguna manera, también es un trasunto del público. Este juego teatral sirve para romper la linealidad y para amenizar un texto que mezcla aspectos biográficos con otros de la historia de España del momento y con los consejos que el viejo cardenal regente quiere ofrecer al joven rey que desconoce qué es y cómo es la España que pisa.

La dramaturgia, los figurines, la música de época y hasta el marco del claustro catedralicio con la capilla de San Blas como fondo de escenario han añadido detalles al texto y nos ha permitido conocer más en profundad al personaje del cardenal: el lado humano, sus valores religiosos y el hombre político. Luego detalles como el de la línea de tiza, que nos evocan a Brech y su círculo, son otros elementos para hacernos pensar que no estamos solo ante una narración teatralizada, sino que hay mucho más en juego en la representación.

Excelente idea de Euroscena la de recordar a Cisneros en su V centenario con una pieza teatral que llega muy bien a la gente, que es fácilmente asimilable y que pone de manifiesto que esta figura señera habría que haberla celebrado mucho más, pues ofrece conocimiento de la historia y valores éticos que hoy son tan necesarios.

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