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ENTREVISTA

«Toledo no es una ciudad sino un sentimiento; parte de lo que soy»

Entrevista con el misionero toledano Luis Pérez, nombrado Hijo Predilecto de Toledo

El misionero toledano Luis Pérez Hernández
El misionero toledano Luis Pérez Hernández - O. HUERTAS

Ser misionero javeriano, haber vivido en uno de los más peligrosos escenarios del planeta, convivir con niños soldado, ser secuestrado por la guerrilla, o subsistir entre enfermos de ébola en Sierra Leona. En eso, y mucho más, se resume la vida del toledano Luis Pérez Hernández, de 63 años, aunque él es un hombre tranquilo, uno más entre los africanos con los que comparte su vida hace ya tantos años, y junto a los que ayer, cuando ABC le telefoneó, comía arroz con cabra: «Hoy toca cabra, sí», dice, sentado a 35 grados de temperatura en la ciudad de Makeni. Finalizada la época de lluvias, ahora sopla el «harmattan» en Sierra Leona, un viento suave que fluye hacia el sur desde el desierto del Sahara y que «refresca un poquito, no se está mal».

—Hace unos días, el Ayuntamiento le nombró Hijo Predilecto. ¿Qué es para usted Toledo?

—Para mí Toledo no es solo una ciudad, es un sentimiento, es parte de lo que soy, como familia, como forma de ser. Me ha hecho mucha ilusión porque para mí siempre ha sido un honor ser toledano y tengo siempre a Toledo metido en el corazón.

—¿Vendrá a Toledo el 23 de enero, San Ildefonso, a recoger el premio?

—No sé si iré, aunque más bien va a ser que no. Aunque yo no tenga que pagar el viaje, viendo la situación en la que vivimos...estoy más convencido de no ir que de ir. La señora Tolón, la alcaldesa, comprenderá que si me han concedido el premio por estar aquí, debo seguir aquí. Me han escrito pidiéndome que vaya pero entenderán que si no voy no es porque no quiera, sino porque uno tiene que tener en cuenta otros valores.

—Al menos estará contento porque la situación del ébola ha mejorado sensiblemente en Sierra Leona.

—Sí, por supuesto. El 7 de noviembre el presidente declaró el país libre de ébola, y puede decirse que la epidemia ha pasado. Pero el virus no es estable y hace unos meses murió una mujer, pareja de un superviviente del ébola por una relación sexual, y también un niño, hijo de una madre lactanta también superviviente. Al margen de eso, la población está más relajada, aunque el presidente, en su discurso del levantamiento del estado de emergencia, insistió en que había que seguir con las medidas de precaución, las medidas higiénicas, el enterramiento de los muertos...

—El nivel de pobreza seguirá alto.

El ébola ha sido un palo grande para la economía; todas las compañías internacionales se marcharon, y se espera como agua de mayo que vuelvan porque aquí es poca la gente que tiene un salario. Salvo los policías, los médicos, los maestros, los funcionarios públicos…la mayoría se arregla como puede, malamente. El sistema sanitario ha quedado prácticamente deshecho, han muerto de ébola decenas de médicos y enfermeras de Sierra Leona. Tenemos cerca de casa un hospital de campaña abandonado, no hay nadie, y hay ambulancias por todas partes que ya nadie usa: no hay dinero para los conductores.

—¿Qué necesita su misión?

—Sería necesario que se reinciara la vida normal a nivel sanitario; a nivel escolar ya se reiniciaron las clases. Necesitamos apoyo en medios y personal, aunque esto es muy dífícil porque se pueden mandar medicinas, pero no médicos, solo los voluntarios, Cruz Roja Española y otras ONG extranjeras.

—¿Qué podemos hacer los toledanos desde aquí?

—Ayudar si pueden a través de la Delegación de Misiones, todo será bien acogido porque el descenso en el bienestar social, que ya era escaso aquí, ha dado un bajón enorme. Lo importante es apoyar a estas organizaciones, o a la Iglesia. Aunque aquí está el concepto de familia extendida, esa solidaridad que existe entre la pobreza, entre los pobres, que a veces no sabes ni cómo es posible, y que a mí me recuerda a Jesús en la multiplicación de los panes y los peces.

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