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Restaurante Robin Hood Toledo La solidaridad se sirve en la mesa

Robin Hood es un restaurante de la ONG Mensajeros de la Paz que en Toledo da de cenar a las personas más vulnerables

Usuarios esperando a que se sirva la cena en el restaurante Robin Hood
Usuarios esperando a que se sirva la cena en el restaurante Robin Hood - Ana Pérez Herrera

Faltan cinco minutos para que el reloj de la estación de autobuses marque las siete de la tarde. Entre el devenir de viajeros cargados de equipaje, Cuqui entra apresurada en el restaurante Robin Hood, ubicado en un lateral de las instalaciones. Alba, su hermana mayor, le sigue. Es la hora de la cena. Hoy de menú hay lentejas, un plato nada apetecible para esta pequeña de ocho años.

Su premura se debe a las ganas por abrazar a su nueva amiga, Lola. Esta empresaria jubilada de 65 años es una de los seis voluntarios que prestan su colaboración desinteresada para Mensajeros de La Paz, ONG fundada por el padre Ángel y con sede en Toledo desde 2014. Uno de los servicios más novedosos de esta fundación es la puesta en marcha de un nuevo servicio de restaurantes de la cadena Robin Hood (hay dos en Madrid), cuyo objetivo es ofrecer cenas gratis para las personas en riesgo de exclusión social.

Pero Lola juega con ventaja. Ella, además de estar como voluntaria en el restaurante, también ayuda a Rosa Trujillo, responsable de Mensajeros de La Paz en Toledo, en el ropero y en el reparto mensual de alimentos. «Ellos (se refiere a los usuarios de estos servicios) solo quieren que les dediques un poco de cariño y de tiempo, sobretodo que los escuches. Les tienes que hacer ver que no tienen que pasar vergüenza por ir a recoger comida o por venir a cenar al restaurante, vergüenza es matar o robar. El resto son circunstancias», afirma Lola. Como ella, el resto de sus compañeros en estas tareas también prestan su apoyo moral al resto de necesitados.

El local, concesión administrativa del Ayuntamiento por el que el dueño paga un alquiler, funciona como un restaurante al uso hasta que llega el atardecer: con sus desayunos y menús a precio de mercado para el público en general. Sin embargo, por la noche cede su espacio para que las personas más necesitadas puedan cenar el mismo menú que se sirvió en la comida.

Uno de los camareros que trabaja en el restaurante Robin Hood
Uno de los camareros que trabaja en el restaurante Robin Hood- Ana Pérez Herrera

El menú de las cenas, que se sirve de siete a ocho de la tarde, está compuesto de dos platos (hoy tocaba lentejas, de primero, y estofado, de segundo más postre). Son menús cerrados, aunque también se tiene en cuenta las peticiones especiales de alérgicos o dietas especiales según la cultura. Con la caja que se hace por el día, se financian las cenas gratuitas. «La gente es muy solidaria, apunta Rafael Martín, el gerente de la empresa de catering Servicios Hosteleros Marín. «Incluso algunos vienen a comer y dejan pagada una cena», añade.

Rafael mantiene una estrecha relación con el padre Ángel. «Cuando el padre Ángel me contó la idea, me pareció brillante. Nosotros ponemos los alimentos, los profesionales (tanto en el servicio de cocina como el de servicio) y el local. El grupo de voluntarios se encarga del trabajo psicológico. Es una cadena que funciona a la perfección», dice.

Tarjeta mensual

En el mes y medio que lleva en funcionamiento este nuevo servicio en la ciudad, ya son «una gran familia» de 30 personas, la mayor parte de ellos remitidos por los Servicios Sociales del Ayuntamiento, aunque también hay algunos casos de personas interesadas por el servicio que han decidido apuntarse. «Todo el proceso está perfectamente controlado. La ONG les facilita una tarjeta mensual y los voluntarios les van tachando los días que van a cenar. Si al mes siguiente sigue existiendo la necesidad, se les proporciona otra nueva», explica Rosa.

Necesidad que en el caso de Hassam existe desde hace siete meses, el tiempo que lleva sin percibir ningún tipo de prestación por desempleo. «Mi pareja y yo comemos gracias a esta iniciativa; si no fuera por ello, no tendríamos nada caliente que llevarnos a la boca», afirma.

Pero no solo cenan, ya que si sobra comida, los voluntarios echan raciones en tuppers para que los usuarios puedan comer al día siguiente.

Sin embargo, la mayor preocupación de Hassam es encontrar un trabajo «sea donde sea», al igual que en el caso de Pilar, de 58 años y desempleada de larga duración, que solo pide «encontrar un empleo». «No estoy aquí por gusto, yo solo quiero un trabajo; pero cuando voy a los sitios a llevar mi currículum, me dicen que soy muy mayor», se lamenta.

Quizá tenga suerte en una empresa de la que Rafael es el propietario y donde «ya hemos colocado a algunas personas». «Estamos planificando un programa para hacer una bolsa de empleo y dar la posibilidad de encontrar un trabajo digno a la gente que quiera», cuenta. «¿Encontraremos trabajo con esto?», preguntan Hassam y Pilar de forma insistente, tras atender a ABC con una amabilidad exquisita. A lo mejor firman un contrato antes de lo que esperan.

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