Antonio Zárate - OPINIÓN

El parque temático «Le Puy Du Fou», ¿oportunidad para Toledo?

«Sí haría falta un debate sobre el mismo y estudios previos que llevaran a definir cuál podría ser la ubicación más idónea»

Antonio Zárate
Actualizado:

Desde que el grupo empresarial «Le Puy du Fou» y el presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha dieran a conocer en febrero de 2017 el proyecto de creación de un parque temático de contenidos históricos en Toledo, sus noticias no dejan de aparecer como eslogan publicitario de gestión basado en la creación de más de 4.000 mil puestos de trabajo, 1,3 millones de visitantes al año, 15.000 diarios, con una inversión inicial de 197 millones de €. Desde luego, las cifras, no sabemos con qué fundamento, no pueden resultar más deslumbrantes para cualquier observador y obviamente para los responsables de la gestión pública. En la información facilitada se ha precisado incluso la localización del futuro parque, en la finca Zurraquín, cerca de Guadamur, en el borde del escarpe de falla que separa la plataforma de los Montes de Toledo del fondo del valle del Tajo, el espacio de mayor calidad medioambiental del municipio toledano.

En principio, el proyecto no puede resultar más atractivo desde el punto de vista económico, pero sin rechazar nada, un análisis riguroso del mismo, basado en las dinámicas espaciales y sociales, y en el respeto a los valores patrimoniales y medioambientales llevaría a exigir máxima transparencia y participación ciudadana en todo lo relacionado con él, empezando por conocer los informes que llevan a confiar en su viabilidad y a decidir la elección de su emplazamiento, si es que existen esos informes y estudios previos que garanticen la conservación de valores patrimoniales, medioambientales y paisajísticos, que son de todos. Provoca por lo tanto inquietud la apresurada y reciente aprobación por el Ayuntamiento del informe favorable a la declaración de interés regional del proyecto, sin debate público, y la urgencia con la que el Gobierno de Castilla-La Mancha se ha comprometido a aprobar el parque como Proyecto de Interés Regional, conforme a lo dispuesto en el Decreto 248/2004, de 14 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento de Planeamiento de la Ley 2/1998, de 4 de junio, de Ordenación del Territorio y de la Actividad Urbanística.

Llevado por este entusiasmo, el Ayuntamiento se ha manifestado también dispuesto a desarrollar un Plan Especial para la zona, de acuerdo con el artículo 76 de la normativa antes señalada, pero sin que tampoco se conozca estudio previo que justifique esa decisión y que resuelva problemas de impacto medioambiental, entre otros los de aprovisionamiento de agua, depuración de aguas residuales y vertidos, problemas que no son menores, sobre todo si se cumplieran las expectativas de 15.000 visitantes al día. En ese sentido, sorprende también la facilidad con la que se pasa de declaraciones de consumo de agua de 550.000 m3 al año a 100.000 m3, y todavía más que el Ayuntamiento se muestre dispuesto a atender cualquier demanda de agua a la vez que manifiesta, justificadamente, su alarma ante la reducción del caudal del Tajo y su contaminación.

En este contexto, en el que sólo se conocen estimaciones de empleo y del número de visitantes, tampoco parece tenerse en cuenta que la ubicación del parque no tiene nada que ver con la de Francia, en el municipio de Les Epesses, de menos de 3.000 habitantes, en la región de Países del Loira, con abundantes precipitaciones y disponibilidad de agua en todo momento, con un clima templado, alejado de los rigores térmicos invernales y estivales de Toledo. El «Puy du Fou» francés se encuentra en el centro de una zona muy turística, con las localidades más importantes a unos 100 km de distancia: Angers, Nantes, La Rochelle y Poitiers, y en un espacio de baja densidad demográfica, lo que minimiza las molestias para los residentes, lo contrario de lo que puede suceder en una ciudad de 83.336 habitantes como Toledo. Evidentemente, esa distinta realidad geográfica hará reflexionar sobre las expectativas de generación de riqueza y, por supuesto, sobre las estrategias de funcionamiento. Por otra parte, la tramitación del parque de Toledo como Proyecto de Singular Interés Regional obligará a la elaboración de los documentos contemplados en el artículo 16 del Decreto 248/2004, de 14 de septiembre, ya citado, entre ellos el estudio de Impacto medioambiental, informes geotécnicos, estudio justificativo de viabilidad económico-financiera, etc., pero para entonces lo fundamental ya estará hecho, la elección de la ubicación y el cambio de calificación de usos del suelo. A la ciudadanía se le habrá hurtado la participación en un proyecto que, de llevarse a efecto, debería ser de todos. A partir de su aprobación oficial, la intervención se reducirá a la contemplada por la legislación y que, en caso de conflicto de intereses, podría abocar a situaciones como las que dieron al traste con el proyecto residencial «Vega Baja» en 2006 o con el POM de 2007, siempre con consecuencias económicas y costes para las administraciones públicas, por lo tanto para todos los contribuyentes.

En este proyecto, como en todo lo referente a ordenación del territorio de Toledo, sigue sorprendiendo cómo se ignora la escala metropolitana y se opta por la municipal, en un espacio de protección medioambiental y en contacto con las urbanizaciones de Montesión, San Bernardo y los Cigarrales, a diferencia de cualquier otro parque temático, lejos de zonas urbanas. Además, tampoco se ven referencias al Convenio Europeo del Paisaje, de obligado cumplimiento en España desde el 1 de marzo de 2008. Una vez más, el paisaje, como bien patrimonial y colectivo, podría ser el primer valor afectado. De igual modo, no se conocen alusiones a los impactos sonoros y lumínicos derivados de sus espectáculos nocturnos, uno de los principales atractivos del parque proyectado. Se volvería así a provocar un impacto medioambiental sobre zonas urbanas próximas y sobre un entorno de calidad ya dañado, aparte de en su fauna y flora, por los malos olores y la polución del aire que provoca el vertedero «El Aceituno« en una ubicación inapropiada, al no haberse tenido en cuenta valores ecológicos y que los vientos dominantes soplan de componente oeste, por eso sobre la ciudad. Por cierto, que esos malos olores podrían resultar insoportables para un parque de ocio que se construirá a escasa distancia de la dehesa del Aceituno.

En conclusión, sin rechazar posibles ventajas y desde luego el proyecto, siempre que se lleve a cabo desde criterios de sostenibilidad, sí haría falta un debate sobre el mismo y estudios previos que llevaran a definir cuál podría ser la ubicación más idónea. La propia provincia, cerca de Toledo, podría ofrecer ubicaciones más adecuadas, más propicias a la distribución de riqueza y empleo, y menos conflictivas desde enfoques medioambientales y paisajísticos. Y todo ello siempre que no se agraven problemas de escasez de agua y de evacuación de residuos, sin ocasionar perjuicios medioambientales sobreañadidos a los que ya existen.

POR ANTONIO ZÁRATE (Geógrafo)