TOLEDO

¿Qué se oculta bajo la Custodia de Arfe?

El gran público desconoce cómo se mueve la gran protagonista del Corpus toledano por las calles de la ciudad

ToledoActualizado:

Así ocurre desde tiempo inmemorial, pero el gran público desconoce lo que se oculta bajo la gran obra de orfebrería realizada por Enrique de Arfe para levantar su famosa Custodia, la que siglo tras siglo, año tras año, recorre las calles de Toledo todos los jueves del Corpus Christi. Como en el famoso cuadro del Grecio «El entierro del Conde de Orgaz», hay dos mundos, uno celestial, otro terrenal, en torno a la Custodia. Arriba, el ornato esculpido a mayor gloria del Cristo Sacramentado al que cobija, las preciosas flores que inundan la carroza sobre la que desfila acompañada de las autoridades eclesiásiticas y civiles, los sacerdotes, los cánticos para ensalzar el cuerpo de Cristo, los cadetes de la Academia de Infantería con rostro solemne y las fervorosas salvas de aplausos provenientes del público apiñado en las calles.

La custodia de Arfe bajo los toldos
La custodia de Arfe bajo los toldos

Y, abajo, bulle otro mundo. Ocultos dentro del catafalco construido al efecto, una cuadrilla de hombres permanecen ajenos a la mirada general. Durante dos horas, tiempo que dura la procesión desde su salida por la Puerta Llana hasta su retorno al tempo primado, estos trabajadores se ganan el jornal de ese día, unos 120 euros, realizando un duro desempeño, el de empujar la carroza por el recorrido procesional mientras que un obrero de la catedral, vestido con traje negro de paño, nivela la Custodia en las pendientes, en las famosas cuestas de Toledo.

Durante esas dos horas ocultos en el interior del catafalco, —que acarrea un freno hidráulico en su interior para sujetar la Custodia en las cuestas— estos hombres tienen que andar encorvados debido a la escasa altura de la carroza y soportando los rigores meteorológicos de estas fechas, que alivian con unas botellas de agua mineral que les entregan las monjas de la catedral y sin poder satisfaccer su deseo de orinar en todo el recorrido.

Para pasar inadvertidos mientras penetran en la carroza minutos antes de dar comienzo la procesión, una columna humana se sitúa ante la Custodia en la Sacristía de la catedral, momento en que los seis hombres, ataviados con chaqueta de chandal, pantalones cortos y zapatillas de deporte, ocupan sus posiciones, muy juntos, casi rozándose, dentro del agujero. «La gente se cree que la Custodia la llevan los curas o los seminaristas empujando; como tiene ruedas, pero no». Asi lo explica a ABC uno de estos seis hombres, Antonio Pargas, de 54 años, trabajador del servicio de limpieza municipal y que lleva diez años realizando este cometido. Desde hace cinco, le acompaña su hijo, de 28 años. «Antiguamente, la tradición era que fueran bomberos los que llevaban la carroza, y alguno continúa ahora. El jueves saldremos un bombero, otro bombero jubilado del Ayuntamiento de Toledo, otro joven del Consorcio de Extinción de Incendios, el nieto de otro bombero, mi hijo y yo».

Antonio explica que a él le toca ocupar la parte delantera de la carroza, donde debe sortear uno de los palos que la atraviesan y el giro de las ruedas de madera sobre uno de sus pies en todo el trayecto. A veces, bromean con los seises sacando un dedo por uno de los agujeros superiores, por entre las flores, y tocando las manos a los pequeños pajecillos. Creyentes o no, ese día saben que llevan «algo importante arriba» y alguno se emociona: «Es impresionante cuando salimos de las catedral o entramos en Zocodover».