Trabajando en el yacimiento este verano
Trabajando en el yacimiento este verano - Pablo Aparicio

La Mancha, fuente inagotable de descubrimientos

El yacimiento de Cerro Bilanero este verano pone de manifiesto los tesoros ocultos de los antepasados castellano manchegos

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En las últimas décadas, La Mancha ha sido objeto de diferentes estudios arqueológicos dando lugar a múltiples e importantes hallazgos de la Edad de Bronce enterrados en torno a Daimiel. Los yacimientos son tan importantes que incluso se ha acuñado el término «Bronce Manchego» para designar lo que parece una época floreciente entre los 2200 a los 1300 a.C. Descubrimientos como La Encantada o Motilla de Azuer (donde se encontró el pozo más antiguo de la península, que data de unos 4.000 años antes de Cristo) han permitido descubrir cómo vivían nuestros antepasados en la llanura manchega, aunque, según los expertos, aún no se conoce todo el potencial arqueológico que permanece enterrado.

Sin ir más lejos, este verano el pueblo ciudadrealeño de Alhambra era testigo de otro singular hallazgo que recalca aún más la riqueza de la zona, con un extenso poblado conservado a la perfección, ya que posteriores culturas no lo utilizaron como asentamiento. Se trata del proyecto arqueológico de Cerro Bilanero, que este año vivía su primera excavación y que aún se recupera de la «resaca» de haber encontrado mucho más de lo que se esperaba a priori.

«Sí se tenía constancia de que podía haber algo allí, pero ni los arqueólogos que lo estudiaron ni los vecinos de Alhambra se esperaban tanto», explica Alfonso Monsalve, director del proyecto e impulsor junto a otros jóvenes de la campaña de crowdfounding que ha permitido, sin ayudas públicas de ningún tipo, empezar a arañar la superficie del yacimiento de Cerro Bilanero.

Grandes dimensiones

«Por ahora los primeros resultados lo que están mostrando es que se ha localizado un yacimiento de grandes dimensiones, aunque pensamos que aún hay otro más grande que este», asegura Monsalve, quien informa de que las particularidades más llamativas del descubrimiento son su estructura interna, en torno a lo que parece ser una gran torre, y su buena conservación: «No es tan fácil de encontrar en estos momentos yacimientos así porque hay ocupaciones posteriores, normalmente de la Época Ibérica o Medieval o incluso por el expolio arqueólogico».

Tras recibir los permisos pertinentes, el equipo comenzó una campaña en la que se vendieron camisetas, se colocaron huchas, se pidió micromecenazgo… Y así reunieron los 3.500 euros que permitieron, de forma muy austera, empezar con las excavaciones. Participaron durante el verano unas 18 personas de las que una decena eran voluntarios universitarios, que «sacrifican» su verano al sol para desenterrar los misterios ocultos de la historia con la única recompensa de tener cubierta la comida. Sin embargo, Monsalve advierte: «en la actualidad existe una nueva moda en la arqueología española, que es que los voluntarios paguen por hacer prácticas. Nosotros opinamos que no se debe cobrar a nadie por realizar su aprendizaje».

Poco a poco se fue descubriendo mucho más de lo que se pensaba; en las tres catas que se abrieron (zonas de excavación) se encontraron lienzos de muralla que parecen extenderse metros y metros, estructuras de almacenamiento, unidades constructivas y una gran cantidad de material con muy buen estado de conservación. Unos hallazgos que según el director de la excavación se pueden comparar con lo encontrado en el yacimiento de Motilla del Azuer, declarado Bien de Interés Cultural en 2013. «Aunque este yacimiento es bastante más grande, unos 50 metros más de diámetro. Comparten ciertos paralelismos como pueden ser su estructuración interna o los materiales, que también comparte con el Castillejo del Bonete, que tampoco se encuentra lejos».

Y tras el trabajo de verano, toca el de laboratorio en invierno. «Ahora el trabajo es estudiar todos esos materiales, el registro arqueológico y estudiar las estructuras geológicas que hemos podido documentar», explica Monsalve.

Recaudar fondos

Paralelamente, la intención es intentar recaudar más fondos para que el próximo verano puedan seguir descubriendo más terreno. «Tenemos un poco bastante de incertidumbre. Pero las cosas se ganan esforzándose y buscando financiación. Somos unos optimistas», dice con una risa amarga. De su mano ponen todo lo que pueden para dar a conocer el hallazgo y de momento ya llevan alrededor de una decena de charlas en universidades, centros culturales e incluso bares. «Yo espero que la noticia les vaya llegando a las administraciones y que valoren lo que se ha encontrado. Si nos ayudaran, facilitaría mucho el trabajo».

Para el futuro algo más lejano buscan poder abrirlo al público «y que la localidad de Alhambra no solo tenga una economía basada en el sector primario y que pueda explotar el turismo». Un pequeño pueblo que les ha abierto los brazos de par en par, al contrario que las grandes administraciones.