Hilario Barrero - OPINIÓN

Una generación orgullo de España

«Mientras espero el avión de regreso a Nueva York leo que el ganador del Cavia de este año es Gregorio Marañón»

Hilario Barrero
Actualizado:

Parte de mi educación sentimental se la debo al ABC, que era el periódico que se leía en casa. Llegaba alrededor de la una o una y media y lo traía el señor Juan. Está muy grabado en el archivo de mi memoria el tono de su voz «cantando», al mediodía y al anochecer, los títulos de los periódicos: «Abeceeeeee, Pueeeblo, Yaaa, Madrid, El Alcázar, Informaciones con la lista...». Al oírlo, mi hermano mayor y yo nos disputábamos quién de los dos bajaría a recoger el periódico que el repartidor ponía debajo de la puerta.

Yo leía con devoción la «tercera página», sobre todo las literarias: Pemán, Azorín, Fernández Flórez, los artículos ilustrados de González Ruano, la última página donde, por un tiempo, publicaron poesía, -a veces la de Juan Antonio Villacañas-, y cuando llegaba el Corpus, Franco visitaba Toledo o el cardenal Pla i Deniel publicaba una pastoral (de cómo los niños y las mujeres debían ir vestidos a la iglesia...), o las crónicas de Luis Moreno Nieto. Mi hermano leía los deportes y el chiste de Mingote, mi padre los corresponsales desde Roma, Nueva York, Londres..., los artículos de fondo y, mientras se fumaba un habano y llenaba la casa de un olor a mares y tierra húmeda, terminaba a pluma el crucigrama de Ocón de Oro. Lo que a mí me parecía una maravilla.

Una vez al año el periódico se vestía de gala publicando crónicas, fotos, entrevistas con los galardonados y los artículos premiados con el Cavia y el Luca de Tena. Era uno de los ejemplares que guardaba junto con los del domingo. Envidiaba a los ganadores y casi me aprendía de memoria los textos.

En una ocasión vi a Salvador Dalí que se dirigía a visitar el Entierro del conde de Orgaz, acompañado por dos atléticas y esculturales «mujeres». Busqué un ejemplar de ABC dedicado a Lorca, con unas impresionantes ilustraciones del pintor, bajé corriendo, esperé a que saliera, le pedí que me firmara uno de los dibujos y lo hizo. El periódico, desgraciadamente, se perdió cuando nos mudamos de «la casa de Santo Tomé».

El otro día, en la sala de descanso de Iberia, mientras esperaba el avión de regreso a Nueva York, ojeé la prensa y, sin pensarlo, cogí el ABC. Dio la casualidad de que era mi ejemplar favorito, el que hablaba de los premios. Mi alegría fue mayor cuando leo que el ganador del Cavia de este año es Gregorio Marañón. Recordé cuando le fue concedido el premio a su padre y las palabras que este dijo cuando lo recibió: «Este premio me llena de entrañable emoción y me une más, si cabe, al ABC y a la familia Luca de Tena, unión familiar de tres generaciones, casi un siglo». La tradición continúa. Un apellido histórico dando brillo al premio y un nombre ligado para siempre a la historia del periodismo.

Como admirador del doctor Marañón, que estuvo presente en un periodo de mi juventud, como lector de ABC y, sobre todo, como toledano, mi enhorabuena. Aunque la afición ciclista tiene tiempo de recordar a uno del gremio, esperemos que la ciudad de Toledo, tan cicatera y ruin a la hora de abrazar a sus ilustres y notables defensores, no tarde en señalar al reciente Cavia con el homenaje que se merece por el premio, el regalo del Cigarral y su constante amor a Toledo.

POR HILARIO BARREROPOR HILARIO BARRERO