Una trepidante novela de cine que pasa por Toledo

Gilda en los Andes, de Fernando Marañón

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Fernando Marañón tiene nombre de explorador o conquistador de territorios inexplorados. Y además de ser viajero vocacional, en cierto modo lo es. Escritor de casta, evoca y desvela esos ámbitos entre lo vivido y lo soñado, entre la realidad y el deseo, que suceden en una sala cuando se apagan las luces y un haz de luz parpadeante se abre paso hasta una pantalla grande.

Recientemente, ha presentado en Toledo su Gilda en los Andes, el más reciente de sus libros. En la capital regional tiene raíces familiares, en el mismo Toledo y en el muy cinematográfico lugar de Chueca, asociado a rodajes tan emblemáticos de nuestro cine como el Pascual Duarte de Ricardo Franco y El extraño viaje de Fernando Fernán Gómez. Pero es que, además, Toledo, a través de bellos y expresivos párrafos, aparece junto con Los Yébenes en la acción de la novela, con una relevancia notable en el conjunto de su intensa trama.

No vamos a destripar un libro que garantiza (damos fe) buen entretenimiento para un mes largo. Se podría leer en menos tiempo, quizá en media docena de sentadas. Pero es de esos libros que uno desea dilatar, porque dilatarlo es intensificar aquello que Roland Barthes llamaba «el placer del texto». Como hemos anticipado, la novela se estructura en torno a un doble viaje, con dos polos y nunca mejor dicho: el Norte y el Sur. El Sur es Cádiz con una fantástica Filmoteca inventada por el autor; el Norte, el Polo Norte, la ciudad noruega de Tromso y un festival internacional de cine que se celebra en invierno, en plena noche polar.

Antonio Lázaro, escritor
Antonio Lázaro, escritor

Sobre una trama de espionaje ciertamente singular, el viaje por tierra, mar y aire abduce sin tregua al baqueteado lector. Pero es que, además, se trata de un metaviaje ya que el cine, un sinfín de títulos tanto de cine internacional como español, se entreteje e imbrica constantemente en el relato, siendo uno con él. La amistad y el amor son ejes y leit motiv de avance para la acción. Pero también las oscuras acechanzas del poder, tanto de todopoderosos servicios secretos como de instancias más próximas (las administraciones municipal y autonómica). En cuanto al amor, hay un clásico raccord entre un desamor que aún planea sobre el protagonista y el advenimiento de una pasión nórdica que lo conecta con sus raíces incluso familiares. Amor que se resuelve con una espectacular escena erótica, elegantemente resuelta por este maestro del género (recordemos que Marañón fue finalista de los legendarios premios de novela La sonrisa vertical).

En cuanto a lo que es el cine español propiamente dicho, las querencias de Marañón (hacia los vértices Buñuel y Berlanga de la mítica triple B) quedan claras y se sirve del entrañable personaje del tío Pepe, veterano actor gaditano instalado en Madrid, para recorrer en un deslumbrante paseíllo la historia de nuestro cine en la segunda mitad del siglo XX, desde la era Bronston y las andanzas de Orson y de Ava por ese Madrid donde el Chicote y el Coq estaban (y siguen estando) «espalda contra espalda como un matrimonio que ha dejado de hacer el amor». Precisamente, en torno a esta temática parece que va a girar el siguiente proyecto del autor, donde al macguffin de Gilda/Rita Hayworth lo remplaza el no menos glamuroso de la gran Ava, enamorada de esa España de nocherío, chulos y buenos caldos a la que engrandeció con su sensual melena.

A Los Yébenes, preciosa villa entre los montes de Toledo y la Mancha, se traslada la acción después de pasar por Toledo, en una conexión de la trama con una emblemática película que habría recogido secuencias de un viaje a España de Rossellini y su joven secretario Truffaut, un viaje que, al parecer, existió pero que reinventa (para solaz de todos) Fernando Marañón en su novela. Por cierto, que hace no tanto funcionaba en Los Yébenes un singular cine-pub, donde podías ver la película cómodamente repantingado con una copa. Un cine disfrutado por el novelista y también por el que suscribe.

Sobre el porqué del título, eso de Gilda en los Andes, (Córdoba. Benenice,2017) no me da la gana de contárselo a ustedes, mis amables lectores. Prefiero fomentar su intriga y que pidan a su librero de guardia un ejemplar de la novela. Que me aspen si no acaban agradeciéndomelo.