Sitiadores del Alcázar en la Plaza de Zocodover (Colección V.Doherty)
Sitiadores del Alcázar en la Plaza de Zocodover (Colección V.Doherty)
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

La saña de Toledo en guerra

Madrid de corte a checa, de Agustín de Foxá: a 80 años de su escritura

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En el II año triunfal, 1937, y en Salamanca, posiblemente en el café Novelty, firmaba Agustín de Foxá su novela protagonizada por un Madrid histórico, realista, pero siempre brindado a la ficción, y por el madrileño José Félix, alter ego del novelista, contradictorio y pasional como él.

Jaime Siles escribe que Agustín de Foxá es poco leído «menos por el valor intrínseco de su obra que por el carácter y color de su ideología». Perteneciente a la pléyade de escritores falangistas antes de producirse la guerra civil (José María Alfaro, Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Ernesto Giménez Caballero, el propio José Antonio…), fue de los que, en unión de algunos de los citados, compusieron el himno de la Falange «Cara al sol» en el madrileño restaurante Orkompón, llevando los compases el maestro Tellería y aportando entre todos los recursos que culminarían en la celebérrima letra. De Foxá, aristócrata (conde de Foxá y marqués de Armendáriz), fue también buen poeta y un prolijo periodista (premio Mariano de Cavia); profesionalmente se dedicó a la diplomacia. Vitalista y gran bebedor, el escritor italiano Curzio Malaparte lo toma como pródigo personaje en su mayor novela, Kaputt, estando Foxá entonces destinado en la embajada finlandesa.

Madrid de corte a checa comprende tres partes. La primera abarca los últimos momentos de la monarquía, seguida del periodo republicano para finalizar con el sangriento Madrid de la guerra. Ya en las últimas páginas, Foxá describe la visita que hace Francisco Largo Caballero a Toledo para supervisar las obras de la mina en los subsuelos del Alcázar con el fin de acabar con los rebeldes allí atrincherados. Milicianos y ciudadanos lo recibieron vitoreándole al grito de «¡Viva don Paco!». Cuenta Foxá que la plaza de Zocodover estaba casi derruida, aunque subsistían los «veladores de mármol y sillas de paja en los cafés cercanos a los soportales, donde los milicianos y los vecinos tomaban mantecados con barquillos». En el texto se lee que la calle Alfileritos y la de Hombre de Palo se reconvirtieron con los nombres de Rusia y del comunista alemán Thälmann. La bajada del Arco de Palacio se llamaba calle de Carlos Marx. Dentro de la fortaleza se editaba unas hojas que serían el embrión del futuro diario nacional El Alcázar. El 18 de septiembre de 1936 las minas detonaron, abandonando los toledanos la ciudad en largas colas por la Puerta de Bisagra. La novela lo narra así: «Fue una explosión bárbara, honda, como una tormenta enterrada. La vibración rompió los cristales de colores de la catedral. Y cayó el rosetón con flores, la paloma transparente de la Trinidad y el trozo de vidrio con un jirón de manto marrón y la espada azul de San Pablo».