A la izquierda, Federico Lafuente, escritor, abogado y periodista, quien asumió la defensa de Juan Sahagún y, a la derecha, ,Emilio Menéndez Pallarés, reconocido jurisconsulto quien por motivos políticos y profesionales frecuentó la ciudad de Toledo en los primeros años del siglo XX
A la izquierda, Federico Lafuente, escritor, abogado y periodista, quien asumió la defensa de Juan Sahagún y, a la derecha, ,Emilio Menéndez Pallarés, reconocido jurisconsulto quien por motivos políticos y profesionales frecuentó la ciudad de Toledo en los primeros años del siglo XX
Esbozos para una crónica negra de antaño (XXIX)

Menéndez Pallarés en el juicio por la muerte de Águedo Ramos

El crimen referido se perpetró el 5 octubre de 1901, cuando la víctima y su agresor, Juan Sahagún Villalba, regresaban del juzgado de Quintanar de la Orden

TOLEDOActualizado:

Emilio Menéndez Pallarés fue uno de los abogados españoles más populares en el primer tercio del siglo XX. Dotado de una brillante oratoria, era doctor en Filosofía y Letras y Derecho. Entre los casos más sonados en los que intervino destacó su defensa del periodista José Nakens, quien en 1906 fue acusado de encubrir al anarquista Mateo Morral, autor del atentado perpetrado en la calle Mayor de Madrid contra el rey Alfonso XIII el día de su boda. Unos años antes, Menéndez había sido elegido diputado por la Unión Republicana, por el distrito de Valencia, en el Congreso. En 1901 los toledanos habían tenido oportunidad de disfrutar de su oratoria durante las sesiones del juicio celebrado en la Audiencia Provincial por el asesinato de Águedo Ramos, conocido propietario de la localidad de Miguel Esteban, en el que ejerció la acusación particular.

El crimen referido se perpetró un año antes, el 5 octubre de 1901, cuando la víctima y su agresor, Juan Sahagún Villalba, regresaban del juzgado de Quintanar de la Orden, donde se había celebrado la subasta de una viña. La misma había sido embargada para el pago de las costas de un interdicto sostenido entre la madre de Sahagún y Ramos, quedándose éste, como mejor postor, con la tierra.

De regreso a Miguel Esteban ambos coincidieron en el camino, trabando conversación. Sahagún le dijo a Águedo que con su actitud en la subasta le había perdido y de inmediato le asestó una puñalada en vientre. La víctima, que iba montada en un mulo, cayó al suelo y allí, su agresor le dio otras catorce puñaladas más. Culminada tal acción, el homicida regresó a Quintanar y se entregó en la cárcel del partido. Mientras tanto el herido, desangrándose, pidió auxilio a un labrador, quien como pudo lo subió a su carro, falleciendo al rato.

La enemistad entre ambos venía de largo y, como muchas veces ocurre en las zonas rurales, estaba relacionada por «cuestiones» de tierras.

La muerte de Águedo Ramos causó honda impresión en Miguel Esteban, localidad donde también residía su agresor. En la imagen, iglesia parroquial de San Andrés (Foto, Ayuntamiento de Miguel Esteban)
La muerte de Águedo Ramos causó honda impresión en Miguel Esteban, localidad donde también residía su agresor. En la imagen, iglesia parroquial de San Andrés (Foto, Ayuntamiento de Miguel Esteban)

Águedo Ramos, persona que gozaba en Miguel Esteban de amplias simpatías, era dueño de una viña en el paraje de «Carranque», que era conocida como «la viña de la cueva». Años atrás, el padre de Sahagún había concertado con Ramos labrar la tierra a sus expensas y provecho durante el plazo de cuatro años, al término de los cuales y como pago de su laboriosidad, quedaría constituido en dueño de la mitad de la finca.

Transcurrido el plazo, Águedo Ramos no respetó los acuerdos, mandando arar y podar la parte de viña que, en teoría, ya era propiedad del padre de Sahagún. A raíz del incidente se inició un litigio entre ambas partes. Estando el asunto en manos de los tribunales, falleció del reclamante de la viña. Su viuda continuó el litigio por entender que Ramos le perturbaba en su pacífica posesión de la tierra. En dos instancias diferentes sus pretensiones fueron desestimadas, siendo condenada ella al pago de las costas. Para hacer frente a las mismas, el juzgado de Quintanar sacó la viña a subasta, siendo Águedo el mejor postor. Sahagún había acudido a la licitación acompañado de Cirilo Patiño, con la pretensión de que éste pujara en la postura para intentar hacerse con la propiedad del terreno.

De regreso a Miguel Esteban, en la zona conocida como «la media legua», los tres se encontraron en el camino, produciéndose el sangriento encuentro antes relatado. Cirilo, que caminaba unos metros por delante, solo pudo ver al herido caído en el suelo al mirar hacia atrás tras escuchar los gritos de la pendencia.

La vista pública del juicio fue fijada para finales de octubre de 1901. La presencia en el mismo del «ilustrado jurisconsulto» Menéndez Pallarés fue resaltada en la prensa local desde unos días antes. Sus elocuentes intervenciones ante la sección segunda de la Audiencia Provincial no pasaron desapercibidas para el publico que abarrotaba la estancia, llegándosele a calificar como «coloso de la palabra», especialmente en cuanto dijo para desmontar las distintas circunstancias atenuantes que desde la defensa de Sahagún fueron planteándose, en aras a determinar si el homicidio fue perpetrado con premeditación o no. Desde el semanario «La Idea», afín ideológicamente el letrado, se consideraba que su intervención no defraudó las esperanzas del público, haciendo gala de dominio en el arte de la oratoria: «palabra arrebatadora, sugestiva; inflexiones y tono de voz, como quien está acostumbrado a dominarla; tropos, figuras retóricas y demás galanuras propias de la elocuencia» y capacidad para mantener a los jurados «suspensos y pendientes de su palabra».

Para su defensa, Sahagún también recurrió a un abogado bien conocido en la ciudad, Federico Lafuente, quien además de letrado era escritor y periodista, dirigiendo en esos momentos «El Heraldo Toledano». A preguntas suyas, el acusado desveló que si hirió a Ramos fue porque le había insultado varias veces y le había querido matar con un revólver, no habiéndolo logrado porque consiguió abalanzarse sobre él antes de que pudiera dispararle. Asimismo indicó que desde hacía tiempo algunos criados de su rival le perseguían y acosaban por el pueblo.

Cumplidas las sesiones de la vista oral, Juan Sahagún fue condenado a cadena perpetua, debiendo abonar, además, una indemnización de 2.000 pesetas a la familia de Águedo Ramos, así como el pago de las accesorias y las costas.

Meses después de este juicio, en abril de 1902, Menéndez Pallares regresó a Toledo para participar en un acto político organizado en el Casino de la Unión Republicana. Su parlamento volvió a entusiasmar a sus seguidores, destacándose desde el semanario «La Idea» que la impetuosidad de su palabra, unida a la galanura de su estilo y la belleza del lenguaje hizo que las «ovaciones fueran delirantes, que las manos no se dieran un momento de reposo». En diciembre de 1904 intervino en otro mitin celebrado en el Teatro de Rojas acompañando a Alejandro Lerroux, referencia imprescindible del republicanismo en aquellos años.

Ese día, los militantes toledanos de la Unión vivieron uno de sus jornadas más gloriosas, entre ellos Menéndez Pallarés, fueron recibidos en la estación del tren por un gran gentío, mientras se lanzaban salvas de cohetes. A pie subieron hasta la plaza de Zocodover, haciendo entrada en la misma a los sones de «La Marsellesa». Mientras que para unos todo esto era motivo de alegría, para otros significaba «un espectáculo que hubiera sido cómico si no hubiese sido repugnante», señalaba «El Castellano».

Tras un breve paso por el Congreso de los Diputados, a la muerte de Nicolás Salmerón, en 1908, Menéndez Pallarés abandonó la política y se volcó en su actividad profesional. Falleció en septiembre de 1927. En la noticia publicada en las páginas de «ABC» en la que se daba cuenta de su defunción se indicaba que amigos y adversarios reconocieron siempre en él «excepcionales condiciones de cultura y laboriosidad, y, sobre todo, una gran honradez y un gran corazón».

Por entonces hacía seis años que Juan Sahagún Villalba se encontraba ya en libertad. El 3 de marzo de 1921, por real decreto del Ministerio de Gracia y Justicia se le indultó de la pena de cadena perpetua, al considerarse que con la aplicación de los beneficios de los indultos generales aprobados en 1902 y 1919, con motivo de la mayoría de edad de Alfonso XIII y el fin de la Primera Guerra Mundial, respectivamente, había extinguido ya su condena.

Enrique Sánchez Lubián, periodista y escritor
Enrique Sánchez Lubián, periodista y escritor