Presentación de Cisneros a Isabel la Católica (Miguel de Jadraque, Diputación de Valladolid)
Presentación de Cisneros a Isabel la Católica (Miguel de Jadraque, Diputación de Valladolid)
Enrique Sánchez Lubián - Artes Letras

Cisneros, entre dos centenarios: 1917 y 2017

Exposición en la Catedral Primada de Toledo

Enrique Sánchez Lubián
TOLEDOActualizado:

«Cisneros. Arquetipo de virtudes, espejo de prelados». Bajo este título, la Catedral Primada de Toledo acoge una gran exposición conmemorativa del quinto centenario de este reconocido cardenal, cuyo protagonismo en la historia política, social y cultural española es indiscutible. Pierre Vilar dijo de él que su trayectoria vital le había convertido en un hombre moderno, «quizás –añadió- el más perspicaz y progresista de la Europa de su tiempo». A través de tres centenares de piezas –pintura, textiles, orfebrería, escultura, ornatos litúrgicos, manuscritos o documentos- se pretende acercar el alma del prelado a los visitantes, proponiendo además una loa personal a quien fuera gran estadista, pragmático economista, hábil diplomático, regente y eclesiástico transformador de la Iglesia en tiempos difíciles y cruciales.

Busto del cardenal Cisneros (Juan Alonso de Villabrille, Colección Universidad Complutense)
Busto del cardenal Cisneros (Juan Alonso de Villabrille, Colección Universidad Complutense)

Aunque parte de las piezas expuestas forman parte del patrimonio de la Catedral Primada y la diócesis toledana, el conjunto se ha enriquecido con cesiones de diferentes museos, instituciones religiosas, iglesias y colecciones privadas de toda España. Destacados son, por ejemplo, cinco valiosos misales conservados en la Biblioteca Nacional o la «Biblia Políglota Complutense» escrita en latín, hebreo, arameo y griego. Con este singular conjunto, los responsables de la muestra –Juan Pedro Sánchez Gamero, como comisario general, y Rafael García Serrano y Antonio Pareja, como responsables del guión expositivo y de la selección de obras- no solo tratan de compartir la belleza de los objetos expuestos, sino también hacer reflexionar a quienes los contemplan. «Recordar el pasado –dicen- ha de servirnos como sólido cimiento que nos permita gobernar el porvenir alentados por las enseñanzas que nos legó un hombre de la altura intelectual, eclesiástica y humana de Francisco Ximénez de Cisneros, figura clave en la formación de nuestro país y de su entrada en la modernidad». Algunas de las obras exhibidas son poco conocidas o inéditas, como una breve biografía manuscrita del prelado descubierta el pasado verano en el archivo capitular.

Tríptico de la Santa Cena (Juan de Borgoña, Catedral Primada de Toledo)
Tríptico de la Santa Cena (Juan de Borgoña, Catedral Primada de Toledo)

Esta exposición, que se mantendrá abierta hasta febrero del año próximo, es la acción más significativa de las desarrolladas hasta ahora en la capital regional por el centenario: una eucaristía memorial oficiada por el arzobispo Braulio Rodríguez, conferencias, rutas y app turística, y hasta una representación teatral, «Cisneros, la línea de tiza», en el claustro de la Primada. Unas celebraciones que hace un siglo, en 1917, también tuvieron singular realce, contando con la presencia en Toledo del ministro de Gracia y Justicia, Joaquín Fernández Prida, quien junto al cardenal Guisasola y el alcalde Filiberto Lozoya presidieron unos actos que culminaron con la dedicación de la hasta entonces conocida como calle de la Puerta Llana al cardenal franciscano.

Aquel lejano 8 de noviembre, Toledo presentaba el aspecto de los días de fiesta. En los edificios oficiales ondeaba la bandera nacional y los balcones estaban adornados con colgaduras. No hubo clases en los centros oficiales de enseñanza, las oficinas públicas estaban cerradas y los militares vestían de media gala. Pasadas las diez de la mañana, el ministro llegó a la Catedral Primada para la celebración de honras fúnebres en honor a Cisneros.

El ministro Fernández Prida, con una cruz, junto al resto de autoridades tras dar el nombre de Cardenal Cisneros a la calle de la Puerta Llana (Archivo ABC. Foto, Garcés)
El ministro Fernández Prida, con una cruz, junto al resto de autoridades tras dar el nombre de Cardenal Cisneros a la calle de la Puerta Llana (Archivo ABC. Foto, Garcés)

Concluido el oficio religioso, los asistentes se desplazaron desde el Ayuntamiento, en procesión cívica, hasta la Puerta Llana con la finalidad de descubrir la placa con la que el consistorio, según acuerdo adoptado el 19 de julio de 1916, daba el nombre de esta calle al cardenal Cisneros. Finalizados los discursos de rigor, el ministro descorrió la cortinilla que tapaba una placa cerámica, al estilo talaverano, con el nombre del prelado. Pese a que la banda de la Academia amenizaba el acto y los parlamentos eran correspondidos por aplausos, la lápida municipal, compuesta por seis azulejos, dejó perplejo a más de uno por su simpleza, considerándola poco acorde con la magnificencia del personaje a recordar e inadecuada para estar adosada en los sobrios muros catedralicios.

Retrato del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (Eugenio Cajés, Universidad Complutense)
Retrato del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (Eugenio Cajés, Universidad Complutense)

Tras el homenaje, los invitados del cardenal Guisasola disfrutaron de un banquete en el Palacio Arzobispal, el cual, a la vista del menú publicado en la prensa del día, contrastaba con la reconocida sencillez -como «eremítica», ha sido calificada por el arzobispo Rodríguez- de la que Cisneros hizo gala en toda su vida: consomé castellano, orduvres, pollo en salsa Chasseur, colifror a la parmesana, galantina de perdiz, rosca de mazapán toledano, helado mantecado de naranja, chester cake y postres variados. Tan exquisitas viandas fueron acompañadas por vinos de Manzanares, Jerez, Rioja y champán Moet. Sin apenas tiempo para la digestión, algunos comensales se desplazaron al paraninfo del Instituto Provincial para asistir a una sesión conmemorativa de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Al día siguiente se celebró un funeral en la Capilla Mozárabe, fundación de Cisneros en 1504.

Catafalco instalado en la Catedral para el funeral en honor de Cisneros en 1917, descubrimiento de lápida en la calle de la Puerta Llana y el cardenal Guisasola con los otros obispos asistentes al centenario (Archivo ABC. Fotos, Rodríguez y Garcés)
Catafalco instalado en la Catedral para el funeral en honor de Cisneros en 1917, descubrimiento de lápida en la calle de la Puerta Llana y el cardenal Guisasola con los otros obispos asistentes al centenario (Archivo ABC. Fotos, Rodríguez y Garcés)

Además de en Toledo, donde los actos tuvieron mayor realce, el centenario cisneriano se celebró también en Alcalá de Henares y en Madrid, donde se descubrió otra placa en la calle que llevaba su nombre. En la finca de «El Castañar», propiedad del conde de Finat, donde permanecían las ruinas del convento franciscano que en vida frecuentase Cisneros, se erigió un monumento en su memoria, consistente en una pirámide con un busto en bajorrelieve de cardenal, obra del escultor Roberto Rubio Rosell, numerario de la Real Academia toledana. También en la localidad toledana de Ventas de San Julián se recordó al prelado con un funeral y una conferencia pública de su secretario municipal, Antonio Lago. En 1921, el Conde de Cedillo publicó su obra «El Cardenal Cisneros, gobernador del reino: estudio histórico» en la que se incluía una detallado apéndice recogiendo cuantas iniciativas hubo con motivo del cuarto centenario, incluyendo una extensa relación de artículos y monografías publicadas durante el mismo en España y países iberoamericanos.

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN