Eva Jiménez

El amianto en el Polígono: la historia interminable

La historia de los vertidos de restos de amianto en el arroyo Ramabujas es antigua

Eva Jiménez
ToledoActualizado:

La historia de los vertidos de restos de amianto en el arroyo Ramabujas es antigua. Ya en el año 2004 la Confederación Hidrográfica del Tajo impuso una multa al Ayuntamiento de Toledo al que atribuyó responsabilidad por un vertido «industrial» en ese cauce. La multa ascendió a mil euros y dio lugar a un debate en Pleno en el que el concejal de Izquierda Unida, José Esteban Chozas, exigió explicaciones al gobierno municipal del PP.

El Ayuntamiento, por lo tanto, conoce este problema al menos desde esa fecha, hace ya doce años, pero más allá de pagar la multa no se ha tomado ninguna iniciativa para dar solución definitiva al problema y por eso hoy seguimos en este punto.

Conviene tener memoria y hacer un pequeño ejercicio para refrescarla: entre los años 2008 y 2010 el concejal presidente de la Junta de Distrito del Polígono, por aquel entonces Aurelio San Emeterio de Izquierda Unida, haciéndose eco de la preocupación vecinal, envió numerosas comunicaciones a la Consejería de Medio Ambiente y a la Confederación Hidrográfica del Tajo, en ellas solicitó una solución al problema. Solo después de esas reiteradas peticiones la Junta de Comunidades se decidió a realizar los primeros informes de medición de amianto en los residuos.

Los informes no ofrecían duda sobre lo que teníamos delante de nuestras narices, se trataba de fibras de amianto en cantidades variables, de diferentes tipos, los porcentajes oscilaban entre el 30 y el 60 % de Crisotilo y porcentajes más bajos entre el 2 y el 5% de Amosita, además en al menos dos de los focos se detectó incluso crocidolita. Cierto es que no se trataba de mediciones en el aire pero se evidenciaba que los vertidos contenían importantes cantidades de amianto.

Toda esa información se traslada en ese momento a la Concejalía de medio ambiente del Ayuntamiento para que, independientemente de las acciones que la Junta llevara a cabo en materia de declaración de suelos contaminados, se informase a los propietarios de las parcelas afectadas, ya que, según lo dispuesto en la Ley 10/98 de Residuos (vigente en ese momento), son ellos los responsables de llevar a cabo las tareas de saneamiento necesarias, con las precauciones oportunas, para evitar riesgos sobre la salud y el medio ambiente dada la peligrosidad de los materiales.

A partir de ahí, la situación se instaló en un permanente compás de espera; nunca parecía grave y siempre se estaban empezando a tomar medidas, salvo los últimos cuatro años que ni siquiera se admitía el problema desde la Junta… Así nos encontramos a día de hoy, doce años después, con el vertido exactamente en el mismo lugar, a 300 metros de la zona residencial del Polígono, y en la misma situación, suponiendo un riesgo latente para el medio ambiente y para la salud pública. Quizás en todo este asunto lo más alarmante y grave sea el que no se tomasen medidas en su día.

Estoy de acuerdo en que no se debe generar alarma en la ciudadanía, pero tampoco debemos hacer todo lo contrario. Trivializar el problema no nos ha ayudado nunca a solucionar la situación como lo demuestra el devenir de los acontecimientos. De modo que si trivializar y no alarmar ha servido para perpetuar la situación entonces quizás sea preferible una cierta dosis de alarma para ver si somos capaces de acometer, ahora sí, una solución definitiva al problema por parte del Ayuntamiento, la Junta, la Confederación Hidrográfica del Tajo y por supuesto los propietarios de los terrenos e incluso por los responsables (la empresa Ibertubo) de que los vertidos estén hoy donde están y no en un vertedero adecuado.

Una vez más debemos tirar de memoria: En el año 2014, y ante tanta inacción, Izquierda Unida se ve obligada a presentar una denuncia a la Fiscalía junto con otras organizaciones ciudadanas como la Asociación de Vecinos el Tajo, Ecologistas en Acción y la Plataforma de Toledo en Defensa del Tajo. Posteriormente en el 2015, como consecuencia de las denuncias se nos permite participar en una reunión con la Confederación Hidrográfica del Tajo, pero el encuentro resulta decepcionante, no se nos ofrecen soluciones, solo se nos plantea por parte de la Junta la existencia de un nuevo informe que no hace más que volver a cuantificar el riesgo y reconocer, eso sí, que al tratarse de una sustancia cancerígena es imprescindible adoptar soluciones.

Desde el punto de vista técnico los valores límites de exposición al amianto están establecidos por el Valor Límite Ambiental del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) y datos sobre su toxicidad y riesgos los leemos en las Fichas Internacionales de Seguridad Química (FISQ), a los que a menudo se recurre para “tranquilizarnos”. Pero hay que dejar bien claro que esos índices de exposición son para exposiciones laborales y están “calibradas” para varones de 70 kg de peso. Por tanto trasladar ese patrón a la población general y afirmar con rotundidad la “seguridad” de los índices medidos es cuanto menos cuestionable técnicamente. Cuando nos referimos a población general la casuística es muy compleja ya que nos encontraremos hombres, mujeres, niños y ancianos con circunstancias de salud y hábitos de vida diversos.

Pero además, con independencia de cantidades e índices, estamos hablando de un potente cancerígeno y la exposición a toda sustancia cancerígena, en cualquier concentración, debería ser evitada ya que incrementa la probabilidad de desencadenar un cáncer, algo que no depende solo de la cantidad que se respire sino de múltiples factores de los individuos que nos pueden hacer a unos más susceptibles que a otros de desarrollar la enfermedad.

Por esta razón en el último Consejo Municipal de Medio Ambiente, en el que participé como representación de Ganemos Toledo, sostuve que se trata de un problema de Salud Pública, ya que la mera existencia de fibras cancerígenas en el ambiente, independientemente de la cantidad, es un riesgo para la salud.

De modo que alarma no, pero preocupación mucha y exigencia toda. Después de esta larga historia de más de doce años esperando una solución definitiva, nos tenemos que mostrar preocupados y exigentes.

Eva Jiménez

Ingeniera química

Concejal de Ganemos Toledo

Eva Jiménez