«Jabatillo» fue lidiado por Castella el 27 de mayo de 2015, el torero cortó las dos orejas y el toro fue premiado con la vuelta al ruedo y como el mejor de San Isidro
«Jabatillo» fue lidiado por Castella el 27 de mayo de 2015, el torero cortó las dos orejas y el toro fue premiado con la vuelta al ruedo y como el mejor de San Isidro - IGNACIO GIL
Toros

Alcurrucén, la ganadería de las Puertas Grandes

Los toros que crían los hermanos Lozano en Urda han posibilitado diez salidas a hombros de la madrileña plaza de Las Ventas, un éxito sin igual

TOLEDOActualizado:

En el imaginario del aficionado a los toros hay nombres que no se olvidan por más que pasen los años. «Cañego», «Corchito», el novillo «Afanes», «Tamborilero», «Afectuoso», «Guitarra», «Musiquero», «Afanes», «Amable», «Jabatillo», «Malagueño», «Barberillo», «Licenciado» y «Bocineto».

Todos ellos posibilitaron el sueño por el que un torero se sacrifica desde pequeño: salir a hombros de la madrileña plaza de Las Ventas, la primera del mundo. Todos ellos se criaron en «El Cortijillo», la finca que los hermanos Lozano tienen en Urda (Toledo).

Todos ellos eran, claro, de Alcurrucén, la ganadería del campo bravo español que más éxitos ha propiciado en los últimos 20 años. Las diez puertas grandes en Madrid de toreros que se anunciaron con este hierro es una cifra que solo aguanta comparación con la ganadería de Victoriano del Río.

Los triunfos se han acrecentado en las tres últimas ferias de San Isidro, donde cuatro matadores han salido a hombros gracias a Alcurrucén: Sebastián Castella, que en 2015 cortó las dos orejas a «Jabatillo»; David Mora, que el año pasado desorejó a «Malagueño»; y Ginés Marín y Juan del Álamo hace unas semanas, logrando cuatro apéndices de «Barberillo», «Licenciado» y «Bocineto».

Los responsables de criar estos toros son los hermanos Lozano. Eduardo, Pablo y José Luis. Nacidos en Alameda de la Sagra (Toledo), son una de las familias más importantes en el mundo del toro de los últimos 50 años por sus múltiples facetas: empresarios, apoderados y ganaderos.

Núñez por Galache

A finales de los años sesenta, los Lozano compraron la ganadería a una de las hijas de Francisco Ramírez Bernaldo de Quirós y la aumentaron con reses de Eusebia Galache. La anunciaron con el nombre de La Jarilla. «Nos gustaba mucho lo de Galache, pero tenía muchos problemas de consanguinidad y tuvimos que dejarlo», cuenta a ABC José Luis Lozano.

Así que hicieron borrón y cuenta nueva. Eliminaron todo lo de Galache y a finales de los años setenta compraron a la familia de Carlos Núñez «la primera punta de vacas, unas 140 ó 150, con una camada de utreros y erales para empezar a lidiar pronto y sacar simiente. Nos dejaron dos toros estrella: 'Alcaparrosa' y 'Bocineto'. Sacamos simiente muy rápido y tuvimos dos toros que fueron definitivos: 'Manchoso' y 'Cigarrero'». También cambiaron el nombre de La Jarilla por el de Alcurrucén.

Lo de Núñez es un encaste en sí mismo. José Luis explica el porqué se decidieron por él: «A nosotros nos gustaba mucho la estampa. Un toro chico, con mucho trapío. Tiene una forma de embestir de menos a más, luego humilla mucho, coloca bien la cara, tiene transmisión, mucha codicia y, sobre todo, un gran recorrido».

En 1989 tomaron antigüedad en la plaza de Las Ventas y cinco años después, en 1994, llegó el primer gran éxito: en su confirmación de alternativa, Julio Aparicio cortó las dos orejas a «Cañego» y salió a hombros. La primera Puerta Grande de los Alcurrucén. En 1997 José Tomás hizo lo propio con «Corchito». Un año después, El Juli se despidió como novillero de Madrid matando seis ejemplares de seis ganaderías y el único que embistió fue «Afanes», de Alcurrucén, al que desorejó.

Después llegaron las puertas grandes de César Rincón en 2005, El Cid en 2006 y Rubén Pinar en 2009, antes de las ya mencionadas cuatro en los últimos tres San Isidro para sumar un total de diez. Además de propiciar las salidas a hombros, un toro de Alcurrucén ha sido cuatro veces el mejor de la feria madrileña: «Gaitero», lidiado por El Litri la tarde de la Puerta Grande de José Tomás (1997); «Arrestado», al que toreó Castella (2011) y los ya dichos Jabatillo (2015) y Malagueño (2016).

Ha mejorado la regularidad

«Sencillamente creo que hemos mejorado, sobre todo en la regularidad, ahora salen muchísimos toros buenos. Pero sin salirnos de la personalidad que tiene este encaste», dice con franqueza José Luis Lozano, que si tiene que elegir un toro en la historia de Alcurrucén se queda con Jabatillo.

«Desde niño he visto muchos toros en Las Ventas y habré visto un toro igual, pero no mejor. He repasado el vídeo varias veces a ver si le veía algún defecto y no se le he visto. ¿Si era de indulto? Nosotros no hubiéramos dudado en echarlo a las vacas. Por hechuras, por el comportamiento, por reata, por todo».