Susana y Miguel Ángel, junto a sus dos hijos -uno de ellos de acogida- en su domicilio familiar
Susana y Miguel Ángel, junto a sus dos hijos -uno de ellos de acogida- en su domicilio familiar - ANA PÉREZ HERRERA

La tierna infancia del pequeño Mario

El programa de Acogimiento Familiar ha permitido que Susana y Miguel Ángel hayan acogido a nueve niños, a los que han devuelto la sonrisa y la alegría

ToledoActualizado:

«Venían unos príncipes, de un país lejano, porque sus padres, que los querían mucho, no los podían cuidar y eligieron a una familia de acogida para que los pudieran cuidar. Los querían mucho y ellos vieron que lo mejor era vivir con esa familia, querían para su hijo unos padres perfectos y se fue a vivir con ellos...». Este será el cuento que el pequeño Mario, de tan solo cuatro meses, se llevará bajo el brazo, junto con el álbum de fotos que sus padres de acogida -Susana (41 años) y Miguel Ángel (39 años)- le han preparado como parte del equipaje que se llevara cuando abandone su hogar.

Esta historia, con un final feliz para Mario, comenzó hace cuatro meses. Vive con Susana, Miguel Ángel y el hijo natural de éstos, de ocho años, en una vivienda unifamiliar de la localidad toledana de Olías del Rey. «Lo más importante es que se llevará un libro de su vida, de lo que ha vivido junto a nosotros. Lo que haga luego su familia, si se lo enseñarán o no, es algo que no sabemos», afirma con la voz entrecortada Susana, mientras Miguel Ángel da el chupete al pequeño Mario, que no para de sonreír.

Convertirse en familia de acogida de «urgencia» fue una decisión que adoptó toda la familia, incluido su hijo natural, que presume de cuidar a sus «hermanos». Juega con ellos y es como «su maestro», afirma Susana, mientras el niño juega con una consola de videojuegos junto a su perro. Sin embargo, no todo fue así con los primeros niños que recibieron en su domicilio, de los cuales sintió celos al ver que podía ser desplazado.

Ya han pasado cuatro años, durante los cuales han acogido a nueve niños, que han permanecido menos de un año en su hogar, dejando una huella imborrable en esta familia. «El día que se van, aguantamos la respiración hasta que se marchan. Nos hemos acostumbrado al pequeño, a verlo sonreír, a darle la comida, a cuidarlo. Es nuestro hijo. Cuando te llaman y te dicen que en una semana se irá, pues tienes que mantener el tipo. Esto es brutal... Y cuando se van, me pongo a llorar», relata Susana con la voz entrecortada.

Como madre insiste en que, tras la marcha del bebé, queda la alegría. «Los has conocido, los has querido y sabes que te han querido. En el fondo la sensación que queda (hace una nueva pausa y se emociona) es que lo has hecho bien», asegura.

«Para muchos de ellos, somos las primeras personas que les han querido. Eso es lo más maravilloso», subraya Susana, química que está actualmente en el paro. «Participar en este programa fue una decisión de adultos y si el día de mañana tengo que pedir perdón a mi hijo, pues lo pediré. Soy consciente de ello, pero nosotros hemos sido muy sinceros con él».

Susana dice que también le influyeron las vivencias de su infancia, ya que no tuvo una buena relación con su padre. «A mi hijo se lo he explicado desde ese punto de vista. Los niños tienen derecho a sentirse queridos... y si podemos colaborar y ofrecerles la atención que merecen, eso nos debe hacer sentir mucho mejor».

Esta madre considera que el acogimiento de urgencia es como cruzar un río. «Nosotros somos el puente entre su vida pasada y futura, y hay muchas formas de cruzarlo». De ahí, que insista en que la experiencia como padres es «maravillosa» y anima a las familias a que participen. «Ver que les has ayudado a recuperar la sonrisa, a caminar, a hablar con la gente...»

Por eso, es partidaria de pasar página. «Deseo que no se acuerden de nosotros. Que seamos una anécdota», dice, para reiterar que es importante romper con el pasado y que los menores encuentren su estabilidad y construyan su futuro. «En el momento que salen por la puerta, deben empezar desde cero y tener una vida plena».