Virginia Mendoza, en una visita a una aldea de Armenia, donde vivió durante años
Virginia Mendoza, en una visita a una aldea de Armenia, donde vivió durante años - Virginia Mendoza

Los supervivientes de la España vacía

Virginia Mendonza (Terrinches, Ciudad Real) homenajea a los últimos habitantes de aldeas en su libro «Quién te cerrará los ojos»

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En una cultura como la occidental, en la que se tiene tanto miedo a la muerte, llama la atención la imagen de un abuelo cavándose su propia tumba o de una abuela que le pide a su nieta que le pinte los labios cuando se muera. Estas son algunas de los recuerdos que la periodista y antropóloga Virginia Mendoza (Terrinces, Ciudad Real, 1987) narra en su libro Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural (Libros del K.O.), en el que hace un homenaje a los últimos habitantes de pequeñas aldeas y, ya de paso, a sus ancestros.

«La pérdida de mis abuelos fue la señal definitiva para sentir que todo un mundo se estaba derrumbando ante mí», cuenta a ABC Virginia Mendoza, quien destaca ese momento como un punto de inflexión en su vida que le hizo acercarse más al mundo rural. En Quién te cerrará los ojos, que es también el título de la canción en la que el cantautor José Antonio Labordeta habla de la despoblación, la joven escritora habla de las vidas de una decena de supervivientes del éxodo rural, con los que convivió durante unos días.

«Todos los protagonistas de mi libro, incluidos mis abuelos, tienen en común la necesidad de morir donde nacieron», subraya la autora, quien, en cualquier caso aclara que Terrinches no tiene un problema de despoblación extrema, ya que tiene más de 700 habitantes y cuenta con unos servicios e infraestructuras adecuados, pero alerta del éxodo rural que está minando a pueblos como el suyo.

Este interés por la muerte le viene a Virginia por su formación en antropología, ya que el tema que más ha estudiado es la construcción cultural de la muerte y el luto. «En Terrinches —bromea— tenemos una relación muy íntima con la muerte. Mi abuela tenía la mortaja en la habitación en la que yo dormía la siesta y ahora ya no tiene una, sino tres, repartidas en las casas de sus hijas, que nunca se sabe dónde te va a pillar la muerte».

Todas estas costumbres tan arraigadas son la tónica dominante en muchos puntos de la España rural, que lamentablemente se está despoblando de manera inexorable, un mundo que a la autora le comenzó a interesar desde su infancia. «Siempre me ha interesado porque me crié en mercadillos de pueblos muy pequeños de la provincia de Ciudad Real, Albacete y Jaén, pero también ayudando a mi abuelo en la huerta, en Terrinches», afirma.

Sin embargo, el tiempo que vivió en Armenia, recorriendo aldeas y conociendo a la gente que vive en ellas, despertó en ella el interés por su pasado y por el mundo rural. «Al volver, tenía la necesidad de ir a Terrinches y, aunque no lo he publicado, estuve yendo a las casas de los mayores del pueblo para que me contaran su vida y guardar lo que me dijeran», recuerda Virginia. Fue a partir de entonces cuando comenzó a interesarse por pueblos deshabitados o las antiguas ventas que veía en ruinas junto a las carreteras. Y, de igual modo, que han hecho otros antes, como el mismo Labordeta o el escritor Julio Llamazares, o ahora Sergio del Molino con La España vacía, la autora de este libro empezó un proyecto más antropológico que periodístico en el que se interesó más en reflexionar sobre la soledad y el arraigo que en la despoblación en sí.

La despoblación

Un fenómeno éste, el de la despoblación, que está últimamente en boca de todos y que preocupa ahora más que antes, sobre todo a políticos y periodistas. «Vamos dejando que las cosas ocurran hasta que saltan las alarmas y reaccionamos», asegura Virginia, quien cree que «se está dando una tendencia muy fuerte a mirar hacia el pasado».

Para luchar contra la despoblación, la antropóloga y periodista cree que aún estamos a tiempo de remediar la deriva vivida en las últimas décadas. «Hemos tardado mucho y no siempre será posible, pero confío mucho en el trabajo de tantos que he ido conociendo durante este tiempo y que de una manera u otra trabajan duro por mantener sus pueblos. Pero, esa confianza sólo tiene que ver con la gente que allí vive, no con aquellos que mediante trabas les han complicado la vida y les han hecho sentirse abandonados. Sigue siendo injustos que todo ese trabajo recaiga en ellos».

¿Y qué aconseja para cambiar esta situación? «Yo sólo he conocido casos muy concretos y me parece que es a ellos a quienes tenemos que escuchar, a la gente que sí conoce la tierra y que tiene mucho que enseñarnos», responde Virginia. Una idea que se refleja muy bien la frase lapidaria que escribe en su libro: «No sé si podré pintar los labios a mi abuela, pero he conocido a quienes le cerrarán los ojos a la tierra».