Antonio Illán Illán - Crítica

Estreno nacional de «Faraday. El buscador» en Valdepeñas

Más allá del valor de la libertad

Antonio Illán Illán
VALDEPEÑASActualizado:

El excelente Auditorio «Francisco Nieva» de Valdepeñas ha acogido el estreno nacional de «Faraday. (El buscador)», una obra de Fernando Ramírez Baeza que nos introduce en el hiperrealimo del universo tecnológico que nos invade (con el móvil y sus múltiples aplicaciones como principal elemento), del que no tenemos conciencia crítica y que termina por anular nuestra libertad.

Hoy no somos el príncipe encadenado al que le hacen creer que la vida es sueño, somos verdaderos monigotes observados y condicionados. El libre albedrío ya no existe. Somos la creencia de que somos libres sin serlo en realidad. La tecnología nos invade, persigue, acosa, vence y esclaviza.

Pero «Faraday» va mucho más allá de hacernos ver que somos espiados y manipulados. Abre nuestros ojos para que veamos que el nuevo modelo global es el del mercado capitalista y el del control totalitario de los individuos. Nada es gratis en esta nueva era. Quien quiera derechos, que se los pague. Solo la fracción ínfima de los muy ricos puede ya pagar por los nuevos derechos privatizados. A las nuevas clases medias emergentes se les ha lanzado un señuelo impostor pero se les está desposeyendo de todo. Algunos gobiernos poderosos compiten con las empresas por ese control de los individuos. Quien quiera privacidad deberá contar con dinero y medios para construirse la jaula de Faraday que le mantenga a resguardo de los todopoderosos fisgones.

Si este es el fondo de la obra, la historia aparente, la que entretiene y mantiene la tensión y el dinamismo de enredos y de relaciones confusas entre personas que buscan su identidad, es un thriller que pone en escena los intereses de la CIA y evoca los imperios tecnológicos más potentes y sus magnates. Compiten por un invento puntero, el buscador, una herramienta que permite, a partir de una imagen, controlar y manipular todas las imágenes de los individuos que alguna vez alguien haya subido a las redes. Y es la posesión de ese potente buscador lo que provoca el desarrollo de la acción, los chantajes, violencias y engaños. También se descubren verdades que resultan sorprendentes. En el ir y venir de los hechos, de las personas/personajes, se va a descubriendo que bajo la capa de todas las verdades se está viviendo en una paradójica mentira.

«Faraday» es un thriller con reflexión para quien quiera reflexionar. Es una historia bien contada, canónica, con su presentación, su nudo, un verdadero ovillo en el que se entretejen los hilos de diversas historias cruzadas, y un desenlace sorprendente con el público siendo un personaje más.

Escrito esto, pues la obra da para ello y más, el hecho teatral en sí, sobre el escenario del «Francisco Nieva» de Valdepeñas, supuso una apuesta excelente llevada a cabo con un trabajo imaginativo y con un elenco de actores que dibujaron perfectamente a sus personajes en su actitud, sus emociones, sus razones y sus formas. El thriller y las historias entretejidas a veces nos parece la paradoja que existe entre la vida real del personaje y la que representa como lo que es. Hay muchas búsquedas en «El buscador» y a veces uno encuentra lo que no desea. En ese sentido, Paco Macià, el director, ha realizado un gran trabajo para unir las piezas de los puzles sin que se le pierda ninguna y que todas encajen. No hay pretensión alguna grandilocuente, a pesar de un tema, que, como escribí antes, tiene mucho de filosofía y reflexión, sino que resuelve el asunto desde la sencillez y la cotidianeidad de los tipos que están entregados al juego que representan y nos hace ver, sin solución de continuidad, las acciones y la emociones de unos y otros y nos va ofreciendo una verosímil realidad sin sobresaltos. La escenografía tecnológica contribuye a ello y la ruptura de la cuarta pared, en las secuencias iniciales con Matt de espaldas al público, suponen un alarde, no sin riesgo, que culmina perfectamente.

La interpretación fue magnífica en general. Pedro Miguel Martínez, que dobló papel: uno corto (Robert), el inventor del «buscador» y supuesto padre de Matt, y otro largo y denso, David, trasunto de un magnate de empresa tecnológica dispuesto a cualquier desmán para seguir aumentando su poder omnímodo de manipulación a través del chantaje a las empresas de la competencia. Y sobre esto, además, con una historia personal poco edificante. El cambio de registros para pasar de unas situaciones a otras dio cumplida muestra de su equilibrado saber y su fuerza interpretativa bien modulada. José Manuel Seda, como Jack, hizo un personaje dinámico, cuando representaba al empleado cercano a la violencia de un hampón, y otro más circunspecto cuando se trataba de sus relaciones más personales; armonizó muy bien los dos tonos y supo marcar las diferencias. Alicia Montesquiu supo ofrecer con rigor las diversas caras de Linda en una interpretación bien adaptada a los vaivenes de la obra, cambiando de plano permanentemente. Javier Collado, en el papel de Matt, es seguramente al actor al que se pide más exigencia, más diversidad, pues su vida, entre lo laboral y lo emocional y la búsqueda de su propia identidad familiar, requiere cambiar de cara, de voz, de movimiento y de actitud; todo lo hace bien y, lo que es mejor, lo transmite al público. Ana Turpin, en el papel más homogéneo de Alice, se desenvolvió con la soltura y el desparpajo de quien hace teatro desde la razón y el corazón.

En suma, «Faraday. (El buscador)» es una obra compleja, muy entendible por ser muy cercana a la experiencia vital del público. Es especial para el público joven, por la puerta que abre a ls reflexión necesaria sobre los usos tecnológicos. El espectáculo atrae y atrapa al espectador con una tensión permanente.

Hay que aplaudir el trabajo de la compañía de Salvador Collado y Subprime por esta labor tan interesante, tan cultural, tan educativa y tan actual, lo mismo que el público de Valdepeñas agradeció en pie lo que pudo ver en el estreno.

Título: Faraday (El buscador). Autor: Fernando Ramírez Baeza. Compañía: Salvador Collado y Subprime. Dirección: Paco Macià. Intérpretes: Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Montesquiu, Javier Collado y Ana Turpin. Escenografía: Ángel Haro. Iluminación: José Manuel Guerra. Realización audiovisual: Bamstudio. Espacio sonoro: Miguel Simancas.

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