Don Felipe quiso que José Corona le acompañara en el coche el día de su proclamación como Rey
Don Felipe quiso que José Corona le acompañara en el coche el día de su proclamación como Rey - MATÍAS NIETO

Los Reyes y Doña Sofía, en el funeral por José Corona oficiado en el Palacio de El Pardo

En la misa también se rezó por los dos pilotos del Ejército del Aire fallecidos en la última semana

MadridActualizado:

Los Reyes Don Felipe, Doña Letizia y Doña Sofía asistieron en la mañana de este miércoles al funeral por el alma del coronel de la Guardia Civil José María Corona Barriuso, jefe del Servicio de Seguridad de la Casa del Rey, que falleció el pasado martes 10 de octubre a los 64 años de edad tras cuatro de lucha contra una grave enfermedad.

Don Felipe dispuso que se oficiara el funeral en la capilla del Palacio de El Pardo, al que asistieron, además de la familia, los compañeros de Corona en la Casa del Rey, en el Ministerio del Interior y en la Guardia Civil. En la misa, que estuvo oficiada por el arzobispo castrense, Juan del Río, también se rezó por los dos pilotos del Ejército del Aire fallecidos en accidentes de aviación en los últimos días: el teniente Fernando Pérez y el capitán Borja Aybar.

Pepe Corona, como le llamaban sus amigos, fue hasta el último día de su vida el jefe del Servicio de Seguridad de la Casa del Rey. Pero para Don Felipe, este hombre empático, optimista, discreto, excelente persona, con sentido del humor y dispuesto a asumir las tareas más complejas, era mucho más. Corona se había incorporado al Palacio de La Zarzuela en 1982, cuando empezó a acompañar como escolta al entonces Príncipe, todavía un niño, y acabó compartiendo con el Rey los últimos 35 años de su vida. Muestra del afecto que Don Felipe le tenía es que Corona fue una de las dos personas a las que pidió que le acompañaran en el coche el día su proclamación como Rey. La otra fue el conductor José Ignacio Gómez Valbuena, fallecido en agosto de 2016.

De familia humilde, Corona era hijo de un cabo primero de la Guardia Civil que le dejó huérfano cuando tenía catorce años y, gracias a la ayuda de su madre y el esfuerzo de sus hermanas, logró superar este duro golpe. Su espíritu de guardia civil terminó de forjarse en el Colegio de Huérfanos del Instituto Armado «Infanta María Teresa», antes de entrar en 1973 en la Academia de la Guardia Civil y en 1976 en la Academia General Militar. A su salida, en 1981, estuvo destinado en la Comandancia de Alicante hasta que se incorporó en 1982 al Servicio de Seguridad de la Casa del Rey.

Primero como teniente y después como capitán, Corona acompañó al Príncipe como escolta en las academias militares y en la Universidad Autónoma de Madrid. Al ser ascendido a comandante se le destinó a la Intervención Central de Armas y Explosivos de la Guardia Civil, donde pasó dos años, los mismos que el Príncipe residió en EE.UU. En 1995 Corona regresó a la Casa del Rey donde permaneció hasta el último día.

Sus compañeros le recuerdan como «el jefe que cualquier profesional sueña con tener». Siempre estaba dispuesto «a predicar con el ejemplo y a asumir el mayor peso de trabajo» sin cuestionar «la complejidad o dureza de las tareas encomendadas». Corona contagiaba su espíritu a cuantos trabajaban con él: «Para él, todos éramos importantes y necesarios». Trató de dignificar el trabajo de sus subordinados y les hacía ver la importancia del trabajo en equipo». Según sus compañeros, «por encima del color verde de su uniforme, siempre estuvo el servicio a la Corona y el servicio a España». Y es que estaba convencido de que «lo mejor para la Institución era lo mejor para su querida España».

Casado y padre de dos hijos, dejó amigos por donde pasó, en Cataluña y el País Vasco, civiles y militares, sin distinción de uniformes ni apellidos ni graduación, porque su objetivo era predicar con su ejemplo al servicio de la mejor imagen de la Corona y, con ello, la mejor imagen de España.