Los Reyes de España, a su llegada al aeropuerto internacional de Nueva Orleans - EFE

Los Reyes celebran la huella de España en el Sur de EE.UU.

Aterrizaron esta madrugada para un viaje en el que les acompañará el ministro Borrell

Visitarán Nueva Orleans y San Antonio, antes de reunirse con Donald Trump

Enviado especial a Nueva OrleansActualizado:

Las banderas españolas engalanan Canal Street, una de las principales arterias de Nueva Orleans, mientras los viejos tranvías vienen y van con ritmo cansino por la mediana. Es una avenida bulliciosa, que escupe turistas desde ambas aceras y marca la frontera entre el «downtown», el centro financiero y administrativo de la ciudad y el French Quarter –el «barrio francés»–, su distrito más emblemático, donde la huella de su pasado colonial sigue más fresca.

El estadounidense conecta de forma indefectible a Nueva Orleans con la herencia francesa, la presencia europea más extensa hasta la creación de EE.UU., finalizada con la venta histórica de Luisiana –un territorio entonces mucho mayor que el actual estado, una ancha franja que iba de los Grandes Lagos al Golfo de México– a la joven democracia en 1804. Pero el pasado de Nueva Orleans es más rico y complejo. Y tiene mucho de español. Para encontrarlo, apenas hace falta rascar en las calles embarradas de su distrito histórico.

La herencia española aflorará con fuerza estos días con el viaje que los Reyes hacen al sur de EE.UU. y que tiene en Nueva Orleans su primera parada. Las banderas españolas de Canal Street son un gesto temporal de bienvenida a Don Felipe y Doña Letizia, que ayer por la tarde aterrizaron en la ciudad. La herencia española, sin embargo, cala hasta los huesos a Nueva Orleans, que estuvo bajo control español cuarenta años, entre 1763 y 1803.

En ese tiempo, dos grandes incendios –en 1788 y 1794– devastaron buena parte de la ciudad. Los españoles la reconstruyeron con un código de edificación más exigente que los galos, que incluía la colocación estratégica de cortafuegos y el uso de ladrillo en lugar de madera.

La calle de Borbón

El «barrio francés» que hoy adoran los turistas es en buena parte el resultado de esa reconstrucción, con balcones ornamentados de hierro forjado y patios de estilo español por los que se cuela la naturaleza irrefrenable del delta del Misisipi. Quedan ejemplos de esa presencia en edificios gubernamentales –los Reyes harán un recorrido por ellos– y en muchos letreros de calles, elaborados con cerámica de Talavera de la Reina, que recuerdan cómo se llamaban bajo presencia española: calle de la Aduana, calle Real, calle del Arsenal de las Ursulinas…

Y la calle de Borbón, que enraíza a la ciudad con la dinastía de Don Felipe. Hoy es el lugar más famoso y, al mismo tiempo, infame de Nueva Orleans, un desfile eterno de turistas alcoholizados, entre anuncios de neón, música abrumadora y buscavidas. Muchos creen que debe el nombre al «bourbon», al whisky originario de Kentucky, que se despacha aquí con generosidad (en realidad, el licor también toma su nombre de la Casa Real de origen francés).

La visita de los Reyes se debe al 300 aniversario de la fundación de Nueva Orleans, una ocasión que Don Felipe y Doña Letizia utilizarán para reforzar las relaciones con EE.UU. y celebrar la influencia española en el sur del país. «Es un honor y un verdadero privilegio dar la bienvenida al Rey Felipe VI y a la Reina Letizia en Nueva Orleans en este momento histórico», ha asegurado la alcaldesa de la localidad, LaToya Centrell, que hoy entregará las llaves de la ciudad a los Reyes.

El gobernador de Luisiana

El acto, y un encuentro previo con el gobernador de Luisiana, John Edwards, será el punto de partida de una visita que tendrá un fuerte componente cultural. Los Reyes visitarán la exposición «Memoria recuperada: España, Nueva Orleans y el apoyo a la Revolución Americana», que acoge el Palacio del Cabildo, en su día sede del Gobierno español en la ciudad, y disfrutarán de la música de Nueva Orleans, una de las cunas del jazz y de la música afroamericana.

El viaje de los Reyes continuará con otro aniversario, el de la fundación de la ciudad tejana de San Antonio, que este año también llega a su tercer centenario. En 1718, los españoles empezaron la construcción de la ciudad, comenzada con la Misión de San Antonio de Valero. El complejo, conocido como The Alamo, fue un siglo después escenario de la batalla del mismo nombre dentro de la guerra entre México y la guerrilla tejana, un capítulo clave en la formación de Texas y de EE.UU.

Los Reyes estarán en San Antonio desde mañana por la noche hasta el lunes por la tarde, cuando partirán rumbo a la capital del país para el encuentro de mayor peso político del viaje. En su primer viaje al extranjero tras la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno de España, el martes celebrarán un encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca. La visita a Trump se produce en un momento tenso para las relaciones diplomáticas y económicas entre EE.UU. y la Unión Europea.

Trump aprobó a comienzos de mes nuevos aranceles a la importación de acero y aluminio europeos, lo que desató la tensión entre los aliados, como se vio la semana pasada en la cumbre del G-7 en Canadá, después de meses de desacuerdos en asuntos como la lucha contra el cambio climático o el acuerdo nuclear con Irán. Los Reyes irán acompañados del nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell.