Canarias

Las provocaciones del general Alonso Alvarado que cabreó a Van der Does en Canarias en 1599

El diario de uno de los mandos del almirante holandés desvela que "hubo soldados que murieron bebiendo agua". Para que esperara sentado una supuesta rendición, que no se produjo, el Ejército español envió tres terneros y 12 ovejas

Grabado de De Bry sobre el ataque holandés a Gran Canaria en 1599
Grabado de De Bry sobre el ataque holandés a Gran Canaria en 1599 - ABC

Si hay algo que los canarios guardan en su corazón es la defensa que el Ejército español con Alonso Alvarado al frente en las islas hizo de la ciudad de Las Palmas ante la poderosa armada holandesa que atacó entre finales de junio y principios de julio Canarias en 1599. 74 embarcaciones y 12.000 hombres. Los holandeses pensaban que venir a Canarias y hacerse con las islas era soplar y hacer botellas. Una inferioridad de efectivos que fue controlada por la sabiduría y valentía de las milicias canarias en el interior de la isla.

Fueron frenados por varias razones: la inteligencia militar, la colaboración de los canarios y la pasión por defender a las islas. Uno de los tenientes de Van der Does era Johann von Leubelfirig lo tiene escrito en su diario. En 1612 el editor Johann Fleissnlr publicó el diario del militar, al que ha tenido acceso ABC, que formaba parte del cuadro de mando del almirante holandés. De las 74 embarcaciones, salieron de Canarias con 37.

De entrada, el diario sugiere que en Gran Canaria se tomaron a risa la presencia de los holandeses en el mar. Tras pasar por Finisterre, "del que nos alejamos con un frío que se dejaba sentir", afirma Von Leubelfirig, llegaron a Canarias tras pasar por Lanzarote y Fuerteventura. En el mar, Van der Does presidió un consejo de guerra en su buque para planificar el ataque a la capital grancanaria.

Relata en su diario Johann von Leubelfirig, texto que ha sido traducido por Lothar Siemens, premio Canarias de Patrimonio Histórico, que el 26 de junio de 1599 "con la aurora, nos situamos con toda nuestra armada delante del castillo de Canaria" y "los españoles del castillo, cuando nos vieron, nos saludaron bravamente, dándonos la bienvenida".

En la ciudad de Las Palmas ya se sabía que se iba a atacar a isla por información procedente de Amberes desde hacía meses. Era lógico que fuese en verano. "Dispararon sobre varios" y "cuando nos dimos cuenta de que disparaban valerosamente sobre nuestros barcos, les contestamos de igual manera y disparamos sobre el castillo de tal forma que se derrumbó el parapeto, lo cual no les permitió asomarse más".

Los holandeses llegaban a la isla cabreados porque pensaban que todo iba a ser más fácil. Así, agrega que los cañones holandeses "disparaban con sus cañones sobre la gente de tierra". Eran isleños que fueron a defender de forma voluntaria la isla "y los españoles se adentraron corriendo en el mar, de forma que con sus manos rechazaron nuestras chalupas, obligándonos así a saltar".

Entre los que saltaron al mar, Van der Does "fue uno de los primeros, y fue herido dos veces en el costado izquierdo, con una media lanza de desgarrar, por un indígena". Esas caídas al agua provocó la inutilidad de los fusiles y el oleaje les cogía de espaldas. Los holandeses entraron, pero no les fue fácil. Quien hirió a Van der Does fue el capitán de la compañía la Vega de Santa Brígida, Cipriano de Torres.

Y, ante este panorama, la ciudad de Las Palmas quedó "vacía" y los holandeses bajaron. Las autoridades canarias de la época, días después, mandaron a dos emisarios a hablar con Van der Does "para parlamentar y llegar a un acuerdo sobre el pago de contribución de guerra (que nosotros exigíamos bajo amenaza de prenderle fuego a la ciudad)", dice el diario; "pero no volvieron más". El 2 de julio, dice el diario de Von Leubelfirig, "enviaron para honrar a nuestro general tres terneros y 12 ovejas, con el anuncio de que sobre el mediodía, o a más tardar al atardecer, volverían para llegar a un acuerdo; pero no vinieron".

Por ello, Van der Does se cabreó y picó el anzuelo. El 3 de julio ordenó enviar "a las montañas" nada menos que 12 compañías, recurriendo incluso a marineros, para perseguir al enemigo, "pero lograron poco debido al fuerte calor". Aquello fue una masacre que minó la moral del amirante holandés. Las fuerzas españolas llenaron de trampas el camino. Colocaban dinero para que los soldados y en realidad eran minas.

Los soldados "se consumieron por el calor y la sed" y "otros que llegaron al agua bebieron con tanta ansiedad por estar tan acalorados y sedientos, que cayeron muertos allí mismo". "El enemigo colocó en sitios donde presumía que llegaríamos varias minas y explosivos,poniendo encima de los mismos dinero: cuando los soldados trataban de cogerlo se incendiaban los explosivos, con lo cual muchos fueron engañados".

En resumen: "nuestra gente regresó esa noche otra vez a la ciudad sin haber logrado nada" y "los rezagados que no pudieron seguirlos fueron matados, entre los cuales también fue muerto un capitán de barco llamado Max Jacques deRotterdam".

Producto de las muertes, y que era imposible acabar con aquella vaiente gente en Canarias, el 3 de julio de "se llevaron a los barcos las piezas que había en los dos pequeños castillos, con el azúcar, el aceite vegetal, el vino español, las campanas y todos los bienes que se encontraron en la ciudad".

El 4 de julio por la mañana temprano empezó a arder "el interior de la gran Iglesia", y luego "los soldados incendiaron toda la ciudad de Las Palmas". Cuando el 5 de julio Van der Does intentaba salir de Las Palmas, sin obtener la rendición, uno de sus capitales tuvo que abandonar su navío porque se había encallado y robaron un bergantín italiano que estaba en el Puerto de Las Palmas.

Después de Gran Canaria, pasaron cerca de Tenerife y se quedaron unos días en La Gomera. Intentaron saquear la isla pero ya los gomeros les habían visto. No quedaba nadie en la capital de la isla y no había nada que robar. Murieron algunos holandeses en el interior de la isla. El 21 de julio "nos despedimos de los barcos que retornaban a Holanda y pusimos rumbo al Sur". Por entonces, "todavía" la armada de Van der Does la formaba "un conjunto de 37 barcos, grandes y pequeños", que debían hacer "el largo viaje" a Cabo Verde.

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