José L. Jiménez - Ángulo Insular

Procusto, Carmen y Marta

No es un asunto de matemáticas parlamentarias por la TV Canaria. Es violencia de género

José L. Jiménez
Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

En la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía su negocio en las colinas de Ática. Cuando un viajero solitario se quedaba allí, lo que ahora es un nómada digital, Procusto entraba en su habitación por la noche y le ataba las extremidades a las esquinas de la cama. Si el viajero era más grande que la cama, Procusto cortaba las extremidades que sobresalían, es decir, pies, brazos y cabeza para que se «ajustara» exactamente en la cama. Si, por otro lado, era más pequeño, lo «estiraba» hasta que se destartalaba para que se adaptara a la medida. Nadie se adaptó inicialmente a la medida porque, al parecer, Procusto tenía dos camas para esta tarea, una grande y otra pequeña, y asignaba una u otra habitación según la altura del visitante. Se llama «síndrome de Procusto» a aquellos que tienen la incapacidad de reconocer ideas válidas de los demás, el temor a ser superado profesionalmente por un subordinado o la envidia que puede llevar a algunos altos cargos, siempre mediocres, a evitar su principal responsabilidad: tomar las decisiones más adecuadas y dedicarse a cerrar las iniciativas. Es decir: contribuciones e ideas de otros que pueden dejarlos en evidencia. En el Parlamento de Canarias, esta semana, ha quedado de relieve que hay una tonga de sujetos que padecen el «síndrome de Procusto». Han dejado colgadas a las candidatas al consejo que regula el control de la TV Canaria (Forta), a Marta Cantero y Carmen Zamora, respectivamente, propuestas, que no militantes, de CC y PSOE, por una cuestión sectaria. Y para repetir la votación en marzo a costa del escarnio de las candidatas. Llevan con esta humillación desde noviembre. Le llaman matemáticas parlamentarias y coste de oportunidad política. Pero es violencia de género. Porque son unos tarados, como Procusto.

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