Juan Francisco Reverón - Turismo Lógico

La paradoja de la vivienda vacacional

Generan crispación social y «turismofobia», su gran falacia

Juan Francisco Reverón
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Me voy a poner un poco filosófico, y es que para hablar de este asunto hay que tomárselo con mucha filosofía. La vivienda vacacional no es algo nuevo, ni novedoso, ni innovador, es una actividad que se realiza desde hace siglos, como por ejemplo en la peregrinación del Camino de Santiago.

Tres fenómenos de Silicon Valley crearon Airbnb, revolucionando la forma de comercialización y distribución del alquiler de viviendas. Durante un congreso en 2008 en California, crearon un sitio web para alojar a muchos asistentes que no tenían precisamente eso, alojamiento. Con camas inflables y desayuno incluido, ellos pudieron pagar el alquiler ese mes. A este acuerdo entre dos particulares se le llamó economía colaborativa, satisfacer dos necesidades entre iguales: alojamiento por dinero para el alquiler.

A estos «pobres» programadores ya no les hace falta alquilar colchones inflables para pagar el alquiler, son de las personas más ricas del planeta y su empresa puede llegar a tener un valor en bolsa de 50.000 millones de dólares. «Algunas paradojas son razonamientos en apariencia válidos, que parten de premisas en apariencia verdaderas, pero que conducen a contradicciones o situaciones contrarias al sentido común», según Wikipedia.

En un principio puede parecer válida la premisa de Airbnb: ayudar a subsistir a pequeños propietarios con las rentas generadas. Es una acción social muy importante y más en tiempo de crisis. Pero la realidad es muy diferente: cada vez más empresas de inversión de capital riesgo están comprando edificios enteros para obtener rendimientos altísimos, generando crispación social y «turismofobia». Ésta es la gran falacia del alquiler vacacional y la economía colaborativa.

En esta imagen vemos que la oferta vacacional es mucho mayor al número de hoteles, esto no significa que haya más camas de vivienda vacacional que en el sector hotelero (pero con mucha probabilidad podría ser). El aumento de turistas no ha significado que haya aumentado proporcionalmente la ocupación hotelera, gran parte de ese aumento ha sido absorbido por plazas de vivienda vacacional.

Lo que sí refleja esta simple imagen es el descontrol que hay. Para darse de alta y publicitar una vivienda vacacional solo hace falta una cuenta de correo y dirección de la vivienda. La oferta puede ser real o no, puede estar legalizada o no. La gran paradoja de todo esto, es que si no estás legalizado para el Estado no cuentas, no apareces en las listas de inspección, no existes fiscalmente, puedes realizar la actividad sin pagar impuestos, sin dar de alta al personal o cumplir con las innumerables normativas turísticas (contraincendios, sanitarias, prevención de riesgos laborales, etc…). No hay control en la distribución y comercialización.

Por ende, todos esos que se rajan las vestiduras exigiendo aumento de plantillas en los hoteles, que se preguntan ¿cómo es posible este paro si cada vez tenemos más turistas?, que empiecen exigiendo la legalización de todas las plazas vacacionales que están en el limbo, con sus correspondientes puestos de trabajo, y esa duda se disipará rápidamente. Lo que está claro es que no estamos jugando con las mismas reglas. No soy partidario de prohibir sino de regular, pero eso conlleva mucho o más trabajo para algunos, cosa que no les interesa por ahora.

Juan Francisco Reverón Sebares