Canarias

Nikola Tesla y el inventor canario de la energía infinita

Las patentes del profesor Clemente Figuera, inventor de la energía atmosférica, que Nikola Tesla quería ensayar en el Teide, acabaron en manos de bancos y perdidas

Nikola Tesla propuso experimentar con energía extraída del vacío en Canarias
Nikola Tesla propuso experimentar con energía extraída del vacío en Canarias - ABC

Clemente Figuera era funcionario del Estado en Canarias murió con 63 años de edad. Apenas seis años antes, Nikola Tesla, con 701 inventos, estaba sorprendido con este también profesor que había descubierto una fuente de energía que no precisaba combustible. Extraía energía del vacío.

Además de docente, Figuera era el responsable de poner en marcha la red eléctrica en las islas Canarias a finales del Siglo XIX y jefe del servicio Forestal de Canarias. Su preocupación por el medio ambiente le llevó a descubrir una fuente de energía que, ante el olvido y desinterés, acabó en manos de un grupo de bancos de inversión, que las dejaron morir. "Tan sencillo como el huevo de Colón", afirmaba el ingeniero y profesor canario cuando explicaba el origen de su idea.

Tesla intentó que el proyecto del maestro canario en el Colegio de San Agustín funcionara porque coincidía con una de las tantas tesis en la que el inventor estaba trabajando. Planteó la teoría de ponerla en práctica en las islas de manera experimental. Y, como espacio, el Teide.

Así, le escribió en una de sus cartas al diplomático Robert Johnson, al aque ha tenido acceso ABC, en la que dice: "A Clemente Figuera de Las Palmas, Islas Canarias, se le atribuye haber inventado un artilugio que genera electricidad sin el uso de cualquier reacción de fuerza motriz o químico intermedio, sino que simplemente recoge la fuerza de la atmósfera".

La noticia saltó a la prensa de Chicago, Nueva York, Madrid, Londres y Berlín. Llamaba la atención el trabajo y el esfuerzo en silencio del profesor canario para lograr una fórmula de generación de energía sim límites y sin combustible. Era un generador que producía y almacenaba energía eléctrica. Figuera vendió las patentes por unos 240.000 euros de la época.

La idea del profesor canario, que antes había trabajado en Málaga, era emplear esta energía para el suministro público, tranvías, trenes y casas particulares. De hecho, Telsa decía que "Figuera tiene una de sus máquinas en funcionamiento en su casa". Y es que el reducido espacio necesario para producir energía infinita y contaminar era uno de los aspectos más llamaba la atención a Tesla.

Figuera patentó el invento en España porque quería protagonizar desde las islas una revolución industrial. Hizo varias piezas por separado y algunos diseños se enviaron a París, Londres y Berlín para buscar financiación. Alguna empresa proveedora de Alemania incluso le seduce para que comparta la información, pero no logra su objetivo.

El ingeniero canario afirmaba que "lo que realmente ocurre es que las consecuencias de la invención son enormes, y producirán una enorme revolución industrial". Entre otros efectos, afirmaba que "va a resolver una parte de los problemas, incluyendo aquellos que se derivan de la navegación, porque una gran potencia puede realizarse en un espacio muy pequeño".

Tesla reiteraba su interés por el invento del ingeniero canario y, en un texto publicado en 1900 en Centuri Magazine, titulado 'El problema de aumentar la energía humana' afirma que "he encontrado una solución que he estado siguiendo desde hace mucho tiempo y que promete muy bien".

El inventor isleño asegura que "estoy contento ahora" ya que "las condiciones en el Pico de Tenerife son ideales para el éxito de tales métodos al contemplar a emplear para conseguir un suministro constante de pequeñas cantidades de energía". Las patentes fueron compradas por algunos bancos europeos. Pero en los documentos no hay mucha información. La clave era localizar financiación para desarrollar el proyecto.

Clemente Figuera impidió seguir el proyecto porque se guardó buena parte de su conociento en su cabeza. Las patentes se perdideron porque los bancos no las renovaron. Antes de morir en 1908, el ingeniero canario volvió a soprender presentando una patente nueva. Se trataba de la parte final del rompecabezas energético que había inventado. En 1914 se dejó de pagar los derechos.

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