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La lucha contra la violencia de género choca con el islam en Mauritania

Fija en 18 años la edad legal para casarse y castiga con la cárcel al tutor que dé su hija menor de esa edad en matrimonio, cuando la 'sharía' no fija ningún límite de edad

Mujeres en Mauritania cocinando en el desierto
Mujeres en Mauritania cocinando en el desierto - ABC

Una ley contra la violencia de género inédita en Mauritania no consigue ver la luz tras largas negociaciones entre los grupos parlamentarios por su supuesta contradicción con la ley islámica y la feroz oposición de los ulemas del país.

La Asamblea Nacional ha terminado por retrasar sine die la votación en plenario del proyecto de ley presentado por el Gobierno ante la casi segura derrota por los argumentos religiosos, ante los que la sociedad mauritana es muy sensible.

En las múltiples reuniones de la Comisión Parlamentaria de Justicia, sus miembros han mostrado su hostilidad abierta a un proyecto de ley porque en su opinión violan la 'sharía' y la propia constitución de un país, que en su preámbulo dice que la ley islámica es "primera fuente de legislación".

El 100% de la población mauritana es musulmana, no existen minorías religiosas como en otras naciones del Magreb, y el país lleva por nombre República Islámica de Mauritania.

El controvertido proyecto de ley establece las categorías de violencia a que están expuestas las mujeres y define las sanciones en cada caso, algunas muy duras.

El teólogo Abdellahi uld Cheij Ahmed explica a Efe que la ley contiene efectivamente artículos contrarios al islam, y citó el artículo 12, que prevé ejecutar al adúltero "con disparos de bala", cuando según él la "sharía" aplica la muerte por lapidación.

Además, fija en 18 años la edad legal para casarse y castiga con la cárcel al tutor que dé su hija menor de esa edad en matrimonio, cuando la 'sharía' no fija ningún límite de edad para el matrimonio de una mujer, añade, haciéndose eco de una polémica ya clásica en todo el mundo musulmán.

Además, el teólogo condena la utilización del término "género" a lo largo de todo el texto legal, pues según él esto lleva al reconocimiento de la homosexualidad y las categorías "transgénero", categóricamente rechazadas por el islam.

Ha sido precisamente la noción misma de "género" la más criticada por los diputados durante sus discusiones, pues la han tachado de "un calco ciego de los valores occidentales".

Todas estas críticas han sido expresadas más o menos del mismo modo por todas las instancias religiosas, y a su cabeza el imán de la Gran Mezquita de Nuakchot, máxima autoridad oficiosa del islam en el país.

Como era de esperar, el imán se refirió en un discurso a la polémica, y fue muy claro: "Ciertas partes del texto son contrarias a las disposiciones de la 'sharía'", dijo Ahmed uld Lemrabott.

La pelota está ahora en el tejado del Gobierno, que según los observadores rehusará oponerse a las élites religiosas y hará además lo posible por satisfacer a una opinión pública muy conservadora cuando se trata del islam.

Una opinión ya muy sensibilizada ante la cuestión religiosa desde el caso del joven bloguero mauritano que escribió un artículo considerado blasfemo y terminó siendo condenado a muerte, tras semanas de movilizaciones populares en la calle (muy raras en Mauritania) para pedir mano dura contra él.

La condena a muerte al bloguero fue más tarde confirmada en apelación, y el Tribunal Supremo (última instancia) está retrasando su veredicto definitivo, presionado por una opinión pública que pide la ejecución del joven, cuyos padres se han exiliado en Francia.

También en el caso del bloguero, los ulemas mauritanos se han puesto sistemáticamente de parte de las masas, declarando sin excepción que la "sharía" prevé la pena de muerte a los autores de insultos al profeta Mahoma, sin lugar para la conmutación de la pena ni el indulto.

En lo referente a la violencia de género, la cuestión ahora es saber cómo el Gobierno encontrará el modo de respetar el derecho internacional sin que nadie le pueda acusar de violar la 'sharía'.

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