La danza de los salvajes isleños en un baile de corte en el castillo de Reinsberg
La danza de los salvajes isleños en un baile de corte en el castillo de Reinsberg - ABC

Cuando toda Europa bailó al ritmo del Canario

Hasta los mismísimos Shakespeare y Cervantes, entre otros autores de la época, citaron este atractivo movimiento en sus obras literarias. Figura en los repertorios de los grandes intérpretes de la música y la danza antigua

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

En bastantes ocasiones usted verá en televisión o en una plaza a un grupo folclórico interpretando un sirinoque palmero, un tajaraste de Tenerife o el baile del tambor gomero. Debe saber que está presenciando la danza de los indígenas canarios que estuvo presente en los Siglos XVI, XVII y XVIII en los ambientes populares y luego en los cortesanos de España, de donde se extendió a todos los palacios de Europa.

Incluso antes de las Conquista de Canarias por Castilla, existen ya referencias de este movimiento vivo y alegre que se danzaba con gran brío y con cortos y violentos movimientos. En 1451, durante la boda de la Infanta Leonor, hermana del Rey de Portugal, con el emperador Federico III en Lisboa se reseña: «Hubo bailes y unos hombres salvajes, que viven en unas islas lejanas del mar, hicieron a su manera unos bailes muy particulares y dignos de admiración. Había hombres de ambos sexos desnudos. Y es que aquella Isla se llama Canaria».

Ya en 1552, la asombrosa danza de los primeros pobladores de estas islas era «trending topic», éxito que se extendió durante el Renacimiento. El cronista de Indias, López de Gomara afirma: «Dos cosas andan por el mundo que ennoblecen estas Islas, los pájaros canarios, tan estimados por su canto, que no hay en otra ninguna parte, y el canario, baile gentil y artificioso».

De salvaje a elegante

Esta danza alegre y viva, como de salvaje, emigró a la Península por los indígenas de las islas que fueron vendidos allí como esclavos tras la Conquista y se popularizó de forma muy rápida denominándose con el nombre de su procedencia. Además, el baile mantuvo su estructura pero evolucionó su en su paso por las de cortes europeas a una danza galante como ya apunta López de Gomara.

Hasta los mismísimos Shakespeare y Cervantes, entre otros autores de la época, citaron este atractivo movimiento en sus obras literarias, y el propio Lope de Vega lo hace aparecer al menos en tres de sus obras teatrales a bailarines que interpretan el canario.

Los tratados de danza más importantes de la Europa del Renacimiento incluyen el canario y gracias a ellos sabemos como era. En sus orígenes isleños, los danzantes se colocaban en dos finas enfrentadas y dando saltos alegres, se acercaban y alejaban entre sí. Por su parte, en las cortes europeas respetando la coreografía original, las parejas enfrentadas se unen y se separan con graciosos saltitos y taconeos.

Leyenda del Rey Sol

Los especialistas señalan que se trata de un baile de requerimiento y de rechazo de parejas en fila que tenía cierta dificultad que lo hacían muy exótico y original.

La leyenda de esta danza salvaje que enamoró al viejo continente dice que el mismísimo Luis XIV, el Rey Sol, un afamado bailarín, zapateó el canario vestido incluso con un tamarco, en una de sus famosas fiestas que daba a la corte francesa en el Palacio de Versalles.

En Canarias hasta mediados del siglo XVIII se describe el canario como vigente entre las clases populares, según recoge el comerciante inglés George Glass, por lo que se supone que pudo por haber pervivido posiblemente modificado por las formas cortesanas que venían del continente. A partir de esta referencia se pierde el nombre del canario en el Archipiélago.