Las auroras boreales de Canarias en el Siglo XVII

Este maravilloso fenómeno llegó a generar pánico entre los isleños

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Se supone que en las islas Canarias hay temperaturas privaverales todo el año, de noche y de día, pero hubo una época que en el archipiélago se presentaban casos de auroras boreales.

Es cierto que, desde los centros astronómicos de las islas, con telescopios especializados como los del IAC se pueden ver todos las noches cuando surgen, pero lo que no es normal es que en el Siglo XVII se contaran casos de hasta de pánico colectivo por su presencia en las islas. Los canarios consideraban que formaba parte de una señal enviada por Dios para aplicarles algún correctivo.

Este maravilloso espectáculo celeste se produce cuando partículas muy energéticas originadas en el Sol, viento solar, alcanzan la atmósfera terrestre. La entrada de estas partículas está regida por el campo magnético terrestre y, por esta razón, sólo pueden penetrar por el polo Norte (Auroras Boreales) y el Sur (Auroras Australes).

En 1880

La emisión de luz se produce en alta atmósfera, entre 100 y 400 kilómetros y se debe a los choques del viento solar con átomos de oxígeno (tonos verdosos) o moléculas de nitrógeno (tonos rojizos). Este fenómeno aparece en zonas geográficas muy distintas a las de Canarias y a temperaturas que oscilan hasta 43 grados bajo cero. Entre 1716 y 1792 habría presencia de este tipo de fluctuaciones del denominado óvalo auroral, observadas con telescopios desde la Península.

¿Te imaginas estar en Agaete y ver cómo una inmensa cortinas luminosa, rápidamente cambiantes y de varias tonalidades, rodea Tenerife? Viera y Clavijo constató uno de esos fenómenos en 1880 cuando esta en La Laguna (Tenerife). O en Gran Canaria dormían temprano los cronistas u optaron por silenciar este fenómeno para evitar líos.

Era tan llamativo que el erudito canario escribió la denominada «Carta filosófica sobre la Aurora Boreal observada en la ciudad de La Laguna de Tenerife en la noche del 18 de enero de 1770» y que se conserva en el Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria. Y el genio de Guerra Peña también hizo un gran seguimiento a este impresionante fenómeno. En 2010, los expertos Enric Aragonès Valls y Jorge Ordaz Gargallo documentaron los casos de auroras boreales observadas en Canarias durante el Siglo XVIII.

Alucinantes

Así, el 18 de enero de 1770 Viera y Clavijo detalla un caso de aurora boreal que se pudo ver en La Laguna y que era «espectacular y notable, pues fue vista a latitudes insólitamente bajas». «Algo más de una hora después del crepúsculo, se extendió por la ciudad el rumor de que los montes Taganana quizás estuvieran ardiendo, dado que aquella parte del cielo parecía ser un resplandor rojo encendido bañado en una vívida incandescencia».

Viera y Clavijo detalla: «Salí a observar el fuego, pero para mi sorpresa me encontré ante una verdadera aurora boreal» ya que «la noche era fría pero calma; las nubes, bastante dispersas, no impedían la observación de las regiones superiores del aire, y la aparición en forma de llama de color rojo sangre se extendía por todo el norte desde el este hasta unos pocos grados más allá del oeste, con una luz muy brillante, pero en absoluto turbulenta, agitada o vacilante [...] Debo añadir que la opacidad de las nubes duplicó la iluminación celeste, que empezó a decaer en algunos puntos a las 11 y se extinguió completamente a medianoche».

¿Incendio forestal?

Por su parte, Guerra Peña, relata: «No dejó no obstante de causar un extraordinario temor en algunas poblaciones de la isla, en unas por considerar haberse prendido algún fuego en sus inmediaciones, para cuya extinción salieron exploradores, y en otras por considerar era fuego del cielo fulminado por nuestras culpas».