Paisaje nevado en Llanos del Hospital (Pirineo aragonés)
Paisaje nevado en Llanos del Hospital (Pirineo aragonés) - Fabián Simón
Sociedad

El Pirineo amenaza con un deshielo histórico en plena sequía

La enorme cantidad de nieve que acumula el lado español de la cordillera echará al Ebro un billón y medio de litros

ZaragozaActualizado:

Más de 2.600 hectómetros cúbicos de agua en forma de nieve. Es la enorme reserva que acumula en estos momentos la vertiente española de los Pirineos, una cifra que hace muchos años que no se recordaba y que supone, al mismo tiempo, una buena noticia y un motivo de inquietud. Buena noticia, porque es una suerte de gran embalse helado que garantizará caudales con los que nutrir ríos y embalses en la margen derecha del Ebro. Pero inquietud, porque si ese deshielo se produce de forma acelerada -como ha ocurrido en otras ocasiones-, el efecto puede ser devastador en forma de riadas.

La peor combinación posible, la que más se teme en estos casos, es un episodio combinado de subida de temperaturas y lluvias. Eso acelera el deshielo. Los pueblos aragoneses ribereños del Ebro conocen bien este riesgo y los efectos (¿Por qué el Ebro parece el Nilo?). La clave, indican expertos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), está en que la meteorología permita que el deshielo sea progresivo. Eso garantizará sacarle el máximo partido a los caudales que genere, y evitar bruscas crecidas.

En cualquier caso, sea más o menos acelerado el deshielo de las cumbres del Pirineo, lo que ya es seguro es la enorme cantidad de agua que dejará este año: más de un billón y medio de litros de agua. Para hacerse una idea de lo que eso significa, es más de toda el agua que puede albergar el mayor embalse de la cuenca del Ebro y uno de los mayores de España, el de Mequinenza, el conocido popularmente como Mar de Aragón.

Este gran deshielo que se producirá en las próximas semanas y meses, con la llegada de la primavera, resulta paradójico porque tendrá lugar mientras la sequía sigue azotando a gran parte de España, y también a no pocas zonas de la propia cuenca del Ebro. El problema es que, por elemental cuestión de geografía, el enorme volumen de agua que irá soltando el Pirineo con el deshielo no lo podrán aprovechar las zonas más afectadas por la sequía, que son las situadas en la margen izquierda del Ebro -las tierras regadas por los Pirineos son las de la margen izquierda-.

Según los últimos datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro, la vertiente española de esta cordillera acumula en estos momentos 2.617 hectómetros cúbicos de agua en forma de nieve. Hace un año había 1.724, y el promedio del último quinquenio en estas fechas del año es de 1.623 hectómetros cúbicos. Los expertos indican que, con el deshielo, en torno al 60% de esa nieve que guarda el Pirineo acaba convertida en agua que llega a los ríos que vierten al Ebro.

Además, en la margen derecha solo podrá embalsarse una pequeña porción del agua procedente del deshielo, tanto por la limitada cobertura territorial que tiene la red de pantanos operativos en ríos que se nutren del Pirineo, como por el espacio libre que les queda a esos embalses.

El deshielo acostumbra a comenzar a lo largo del mes de marzo, pero el grueso suele producirse en abril y mayo.