Este proyecto transfronterizo pasó de largo en la reunión que mantuvieron Rajoy y Lambán esta semana
Este proyecto transfronterizo pasó de largo en la reunión que mantuvieron Rajoy y Lambán esta semana - Ignacio Gil
Política

España entierra el gran proyecto de la Travesía Central del Pirineo

Este eje transfronterizo, que un día fue prioritario para la UE, fue atacado duramente por el nacionalismo catalán

ZaragozaActualizado:

La Travesía Central del Pirineo (TCP), el proyecto para conectar la Península con el resto de Europa mediante un gran corredor ferroviario a través de Aragón, permanece enterrado y sumido en el olvido. Es el más ambicioso proyecto de comunicaciones internacionales al que se asomaría Aragón, pero el Gobierno autónomo PSOE-Chunta -respaldado parlamentariamente por Podemos- acaba de certificar que no está en su agenda. El presidente aragonés, el socialista Javier Lambán, ni siquiera lo ha reivindicado durante la reunión que mantuvo este miércoles con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. El Ejecutivo central, por otra parte, hace tiempo que tampoco abandera la TCP como proyecto de Estado.

Que este gran proyecto pasara de largo en la reunión entre Rajoy y Lambán es algo que se daba por descontado. Fuentes de la Presidencia del Gobierno aragonés confirmaron a ABC, horas antes de ese encuentro, que la TCP no iba a ser planteada por el jefe del Ejecutivo regional. La explicación oficial: que es un proyecto que no se ve factible a medio plazo y que prefieren dar prioridad a la reapertura del túnel transfronterizo de Canfranc. Ahora bien, el Canfranc es de una dimensión limitada, con unas posibilidades técnicas de mucho menor calibre para el tránsito internacional y, por tanto, de un impacto socioeconómico escaso en comparación con el que tendría la TCP.

La realidad apunta a un trasfondo mucho más amplio en realidad. Hubo un tiempo en el que el España abanderó este proyecto ante la Unión Europea. Pero de eso hace ya más de 15 años. Paradógicamente, la TCP es el ejemplo de cómo un gran proyecto puede hundirse políticamente tras haber llegado a la cima. Fue durante la etapa de gobierno de José María Aznar cuando la presión ejercida en Bruselas logró que, al final, en 2003 la Travesía Central del Pirineo fuera incluida en la selecta lista de infraestructuras prioritarias de la UE, las considerados de máximo interés estratégico para la Unión.

Tumbada tras la presión independentista

Aquello, sin embargo, dio un brusco giro pocos años después, con el socialista Rodríguez Zapatero en La Moncoa. El nacionalismo catalán desplegó una soterrada campaña de presión contra la TCP. Y las estraegias partidistas pusieron el resto. El Gobierno de Zapatero dejó sacrificar la Travesía Central del Pirineo en la UE, la desbancó en beneficio del Corredor Mediterráneo, que beneficia al Levante pero que refuerza especialmente a Cataluña en ese monopolio del transporte transfronterizo que comparte con el País Vasco.

Descabalgada de la lista de prioridades de la Unión Europea en aquel momento, la TCP ha quedado desde entonces relegada al olvido. Durante la anterior legislatura, el Gobierno aragonés PP-PAR que presidía Luisa Fernanda Rudi insistió en acciones de promoción en defensa de este gran proyecto, trabó una alianza autonómica junto a los gobiernos de la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura. Pero aquello también ha quedado olvidado.

Olvidada en Aragón y como proyecto de Estado

La llegada del PSOE al Gobierno aragonés en sociedad con la Chunta y con el apoyo parlamentario de Podemos e IU, ha aparcado este proyecto que, a la par, hace tiempo que quedó fuera de la agenda del Gobierno español en sus cumbres y relaciones bilaterales con el Ejecutivo francés, la otra pieza fundamental para reactivar la TCP.

Este miércoles, Rajoy recibió en La Moncloa a Javier Lambán. En el comunicado posterior en el que se dio cuenta de lo que se había tratado en ese encuentro, no hubo ni mención a la Travesía Central del Pirineo.

Olvidado ha quedado incluso uno de los argumentos con los que se defendió en el pasado: la TCP era una pieza de seguridad para las comunicaciones transfronterizas y para la geopolítica, al constituir también un antídoto frente a los nacionalismosy al actual monopolio de País Vasco y de Cataluña en las redes de transporte entre la Península y el resto de Europa.

Y olvidados han quedado también los informes que avalaban el positivo impacto económico que tendría abrir a España -y Portugal- al resto de Europa a través de un paso ferroviario central por el Pirineo: estudios oficiales encargados por el Gobierno aragonés calcularon en 1.200 millones de euros anuales lo que ganaría la economía española con la TCP, por las ventajas competitivas que aportaría en términos de actividad económica.